
En los últimos años, usuarios de internet comenzaron a manifestar un creciente hartazgo hacia las redes sociales más grandes como Facebook, Instagram o TikTok. Lo que dio espacio a la nostalgia y al regreso de plataformas MySpace, que eran las más populares en los 2000.
El descontento surge de la uniformidad y pérdida de control, un fenómeno identificado como la “enshittification” de internet, en el que los algoritmos, la estandarización y la explotación de datos personales erosionaron la experiencia individual.
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Esta atmósfera hostil motivó a comunidades en línea, integradas principalmente por jóvenes y nostálgicos, a explorar alternativas menos convencionales y más personalizables.
La internet de principios de los 2000 era impredecible, colorida y multiforme. Los usuarios solían elaborar sus propios espacios en sitios como GeoCities, MySpace o LiveJournal, donde podían experimentar sin temor a equivocarse ni a ser analizados por algoritmos. El perfil era una extensión auténtica del usuario, sin los artificios ni la obsesión por “engagement” de las redes actuales.

Cómo está regresando MySpace en la actualidad
SpaceHey se convirtió en el refugio preferido para quienes desean evadir el ambiente controlado y predictible de las redes sociales masivas. Lanzada en 2020 por el joven alemán Anton Röhm, conocido como “An”, esta plataforma está abiertamente inspirada en el MySpace de mediados de los 2000.
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Al ingresar, los usuarios encuentran una interfaz retro —con la clásica barra azul celeste y las icónicas fotografías cuadradas de perfil— y pueden navegar por diferentes secciones casi como si retrocedieran veinte años. El proceso de registro prioriza la personalización: cada miembro elige su propio “Nickname”, comparte sus intereses, estado de ánimo y puede editar una descripción personal en pocas palabras.
A diferencia de la rigidez visual de Facebook o Instagram, aquí la personalización alcanza un nivel profundo. SpaceHey permite incorporar código HTML y CSS en los perfiles, lo que concede libertad total para diseñar páginas únicas y a menudo estridentes. Estos detalles técnicos remiten a la época en la que manejar HTML era una habilidad artesanal y el error formaba parte del juego.
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El usuario decide cómo mostrar sus libros favoritos, su música, la sección de “héroes”, e incluso tiene la posibilidad de escribir entradas de blog personales.

Una característica distintiva es el apartado de comentarios: igual que en MySpace, los visitantes pueden dejar mensajes públicos en los perfiles de sus amigos. Si bien la plataforma todavía no soporta música automática, una función muy recordada del sitio original, su creador informó que planea habilitar la opción de agregar vídeos e imágenes próximamente, renovando así el carácter multimedia de la experiencia.
El parecido no solo es visual o funcional. SpaceHey reproduce hasta los pequeños rituales de MySpace. Por ejemplo, al crear una cuenta, An aparece automáticamente entre los “amigos”, tal como Tom Anderson figuraba en los inicios de su red social.
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Hoy, la comunidad ronda los dos millones de usuarios, una cifra modesta en comparación con los cien millones que alcanzó MySpace entre 2005 y 2009, pero basta para articular una cultura alternativa que desafía la corriente principal de la internet contemporánea.
Por qué los usuarios regresan a MySpace
El atractivo de este hipotético regreso a MySpace va mucho más allá de la nostalgia. Quienes migran a SpaceHey buscan algo más profundo: “No puedo soportar las redes sociales actuales. Apenas hay personalización; todo es gris y simplificado”, confesó un usuario identificado como Blue_Bi0hazard en el subreddit r/Millenials.

Menciona que su perfil refleja mejor su personalidad en SpaceHey y valora que “el feed es cronológico, en lugar de lo que Facebook o Twitter creen que deberías ver, además de los anuncios”.
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Ahí está parte del reclamo generacional hacia las grandes plataformas. El algoritmo, que promete eficiencia a costa de homogeneidad, terminó por alienar a quienes buscan singularidad y libertad. Ya no se curiosea, ni se explora. Ahora se consume lo que el algoritmo decide, y el usuario pasó de ser protagonista a convertirse en target, simple dato o recurso monetizable.
El concepto de “enshittification” —acuñado por Cory Doctorow— ilustra esta degradación progresiva. Doctorow explica: “Al principio son fantásticas para los usuarios. Luego encuentran la forma de retenerlos y, cuando ya están atrapados, la empresa empeora el producto para obtener más valor”. Es un ciclo que afecta tanto a usuarios como a anunciantes y que genera un desgaste generalizado.
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