
La confrontación entre tecnologías contemporáneas e innovaciones del pasado ha marcado la producción de The Brutalist, el ambicioso filme dirigido por Brady Corbet, que cuenta con 10 nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor película y Mejor fotografía.
Con una duración de tres horas y treinta y cuatro minutos, esta obra ha llamado la atención por sus decisiones técnicas y narrativas, así como por su uso de inteligencia artificial (IA) en aspectos clave de la producción. A su vez, el proyecto ha revitalizado un formato cinematográfico casi olvidado: el VistaVision, que tuvo su auge en la década de 1950.
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El regreso del VistaVision
El director de fotografía Lol Crawley y Corbet optaron por rodar The Brutalist en VistaVision, un formato introducido por Paramount Pictures en 1954 como respuesta a la creciente popularidad de la televisión en ese momento.
Este formato panorámico no anamórfico (que no deforma la imagen), que se había utilizado por última vez como fuente principal de captura en 1961, ofrecía una mayor resolución y un campo de visión único. En contraste con el 35mm tradicional, el VistaVision utiliza una película de 8 perforaciones que se desplaza horizontalmente, lo que genera un fotograma más grande y detallado de 38mm por 25mm.
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Esta decisión técnica respondió tanto a consideraciones estéticas como narrativas. La película transcurre mayoritariamente en el periodo en que el VistaVision estaba en su auge, con producciones icónicas como Vértigo de Alfred Hitchcock y Los diez mandamientos. Además, el formato permitió capturar la monumental arquitectura brutalista —un elemento central de la narrativa— con una fidelidad visual que hubiera sido inalcanzable mediante el 35mm tradicional.
Para filmar edificios completos con lentes de 50mm, asociadas con la visión humana y la fotografía de rostros, el equipo evitó las distorsiones propias de los lentes angulares. Este nivel de detalle, vital para reflejar las estructuras brutalistas sin alteraciones, habría sido imposible con los sistemas modernos de captura digital o de 35mm. La elección del VistaVision no solo conectó visualmente al filme con su época, sino que también otorgó un nivel de realismo acorde con la temática arquitectónica.
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La proyección en 70mm
La experiencia final del espectador también estuvo cuidadosamente diseñada. Para algunas proyecciones, el metraje filmado en VistaVision fue transferido a 70mm, un formato que amplifica la resolución y los detalles visuales.

Corbet defendió esta decisión al subrayar la diferencia entre proyectar la película en 70mm y en formatos digitales “es la diferencia entre ver la Mona Lisa en persona o en una litografía”, explicó el director.
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La inteligencia artificial en la producción
Mientras que el VistaVision resucitó el pasado, la IA aportó una perspectiva futurista al proyecto. Uno de los usos más destacados fue la utilización de Respeecher, un software de IA diseñado para modificar la voz sin comprometer la interpretación original.
Esta herramienta permitió que los actores Adrien Brody y Felicity Jones pronunciaran sus diálogos en húngaro con una autenticidad que hubiera sido inalcanzable sin asistencia tecnológica. “Si no hubiera utilizado esta tecnología, me habría enfrentado a una controversia diferente: mis actores habrían hablado húngaro con acento estadounidense o inglés”, explicó Corbet a The Hollywood Reporter.
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Además, según el editor de la película, Dávid Jancsó, la IA también se empleó para generar imágenes en las escenas finales del filme, como dibujos y estructuras creadas mediante herramientas de generación visual.
Esta decisión fue motivada tanto por limitaciones de presupuesto como por la necesidad de optimizar tiempos sin comprometer la calidad visual. Jancsó señaló que la IA no sustituye el trabajo humano, sino que lo complementa: “Es una herramienta que permite agilizar el proceso”, afirmó en una entrevista con RedShark News.
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Corbet aclaró que el uso de IA fue selectivo y manual. La tecnología no intervino en los diálogos en inglés ni en aspectos narrativos, limitándose a mejorar detalles específicos en las voces en húngaro y a crear elementos visuales puntuales en la posproducción.
La producción de The Brutalist ilustra un punto de encuentro entre lo analógico y lo digital, entre formatos físicos y herramientas de vanguardia. El regreso del VistaVision y el uso de IA destacan por su complementariedad: mientras uno aportó un marco histórico y visual coherente con la narrativa, el otro resolvió desafíos técnicos y de producción.
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