
En medio de la consolidación de la inteligencia artificial en el día a día, surge una preocupación que va más allá de los beneficios evidentes que estas innovaciones aportan a la sociedad: la generación masiva de residuos electrónicos.
Aunque la IA es vista por muchos como una solución para diversos problemas, lo que no siempre se menciona es el impacto ambiental que su desarrollo y mantenimiento pueden tener.
Un estudio publicado en Nature Computational Science reveló que la IA generativa, aquella capaz de crear contenido nuevo a partir de datos entrenados, podría producir hasta 2,3 millones de toneladas de residuos electrónicos para el año 2030.
Esta cifra equivale al desecho de unos 13,3 mil millones de teléfonos iPhone 15 Pro, una comparación que ilustra la magnitud del problema. Según Asaf Tzachor, coautor del estudio y académico en la Universidad Reichman de Israel, los resultados de la investigación fueron sorprendentes.

“A nuestro mejor entender, este es el primer estudio integral que cuantifica y proyecta los desechos electrónicos generados específicamente por las tecnologías de IA generativa”, aseguró.
Por qué la IA genera tanta basura electrónica
El desarrollo de modelos de IA generativa como ChatGPT requiere una infraestructura informática masiva. Las empresas tecnológicas han incrementado el uso de grandes cantidades de componentes informáticos para construir y mantener centros de datos cada vez más grandes, esenciales para entrenar modelos avanzados de IA.
Esta necesidad lleva a un ritmo acelerado de renovación tecnológica, ya que los avances en la capacidad de procesamiento hacen que el hardware se vuelva obsoleto en un promedio de tres años.
El reemplazo constante de servidores, unidades de procesamiento gráfico (GPUs) y otros componentes resulta en una creciente acumulación de desechos electrónicos. En 2023, la IA generativa ya produjo unas 2.400 toneladas de e-waste, y este número solo aumentará a medida que más centros de datos entren en funcionamiento y se actualicen los existentes.

En ese mismo año, la inversión global en infraestructura de IA superó los 36.000 millones de dólares, reflejando la rápida expansión de este sector.
Los desechos electrónicos no solo se generan, sino que además se distribuyen de manera desigual en todo el mundo. Los centros de datos están principalmente concentrados en Europa, América del Norte y Asia Oriental, regiones que lideran en infraestructura tecnológica. No obstante, gran parte de estos desechos termina en países en desarrollo, como Kenia, donde llegan a vertederos y afectan tanto al medio ambiente como a la salud pública.
El tipo de residuos que genera la IA incluye servidores enteros, GPUs, circuitos integrados y componentes de alto valor como el cobre y el oro. Estos materiales, aunque valiosos, terminan en vertederos debido a la falta de prácticas adecuadas de reciclaje y reutilización.
Nvidia, una de las empresas líderes en tecnología para IA, lanzó recientemente su plataforma Blackwell para centros de datos, que pesa aproximadamente 1,2 toneladas. La constante actualización de estas plataformas contribuye significativamente al aumento de residuos.

Posibles soluciones a la inminente contaminación causada por la IA
A pesar de este panorama, existen estrategias para mitigar el impacto. Los autores del estudio proponen la extensión de la vida útil de los componentes informáticos, así como la implementación de prácticas de reciclaje más eficientes.
Por ejemplo, prolongar el uso del hardware por un año podría reducir los residuos hasta en un 86 %. Otra solución es la reutilización de partes obsoletas para tareas menos intensivas, lo que podría disminuir la generación de basura electrónica en un 42 %.
Sin embargo, estas medidas enfrentan obstáculos como las preocupaciones de seguridad de datos y la necesidad de hardware de alto rendimiento. Además, restricciones como las impuestas por Estados Unidos a la venta de GPUs avanzadas a países como China también complican la adopción de estas soluciones, ya que obligan a usar modelos de servidores antiguos y aumentan los residuos en un 14 % solo por la demora de un año en la obtención de chips nuevos.

Según Damien Giurco del Instituto de Futuros Sostenibles de la Universidad de Tecnología de Sídney, es necesaria una mayor responsabilidad de los productores y un enfoque de “custodia de productos”. “Si estás poniendo equipos en el mercado, necesitas asegurarte de que haya un camino para la reutilización de materiales y reciclaje”, señala Giurco.
En Australia, un grupo asesor ministerial ha sugerido establecer objetivos nacionales y sectoriales para la economía circular, así como requisitos específicos para productos. La Circular Australia, liderada por Lisa McLean, defiende que las empresas tecnológicas asuman la responsabilidad de sus residuos, recordando que “hay más oro y plata en una tonelada de iPhones que en una tonelada de mineral de una mina de oro o plata”.
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