
Así como las extensiones en los navegadores web dan beneficios, también representan un riesgo para la seguridad y privacidad de los usuarios. Instalar un servicio de estos y que contenga malware puede generar una fuga de datos o el espionaje a las páginas que estamos accediendo.
Una de las razones por las que estas plataformas pueden convertirse en un peligro es la cantidad de permisos que exigen para funcionar, como puede ser acceso al micrófono, cámara, datos de navegación, cookies o lectura de los contenidos que escribimos.
Esto no quiere decir que todas las extensiones sean maliciosas y un riesgo, pero así como sucede con las aplicaciones de celulares, hay algunas que están diseñadas para actuar de manera maliciosa y hay que tener ciertos cuidados para saber cuáles instalar y qué permisos otorgarles.
Un riesgo a la privacidad
Las extensiones son el producto del trabajo de un equipo de desarrollo, por lo que es evidente que necesitan monetizarlas de alguna manera. Pero a diferencia de las aplicaciones de celular, estas plataformas pocas veces cuentan con sistemas de pago internos y en ocasiones ofrecen suscripciones que dan beneficios adicionales a quienes pagan.
Sin embargo, en la mayoría de casos son servicios gratuitos y la manera en la que pueden obtener ganancias sus creadores es a través de la venta de publicidad, esto lo hacen vendiendo la información del usuario a la que tiene acceso o mostrando anuncios en alguna parte del navegador. Es decir, los desarrolladores monetizan su trabajo gracias a nuestra información, a la que tienen acceso a través de los permisos que les damos al momento de instalar la extensión.

Oleg Anashkin, desarrollador de la extensión Hover Zoom+, dio a conocer un listado de solicitudes que recibió para adquirir los datos de su servicio, las ofertas buscan insertar enlaces de afiliados en las páginas o recopilar datos del usuario.
Para evitar poner en riesgo constante a los usuarios, Google tiene políticas para limitar estas prácticas. Por ejemplo, las extensiones con anuncios no pueden imitar las ventanas emergentes y deben información de dónde proviene la publicidad y aquellas que recopilan datos deben seguir la Política de Privacidad para explicar qué datos obtienen de los usuarios y a quiénes se los comparten.
Así mismo, los desarrolladores tienen que dejar claro por qué motivo están solicitando determinado permiso para que su aplicación sea publicada en Chrome Web Store, que es la tienda digital para descargar estas plataformas en el navegador de Google.
Cómo evitar este tipo de peligros
Las extensiones hacen más eficiente la navegación y por su naturaleza es imposible no darles acceso a nuestros datos de navegación, porque es así como funcionan. Pero eso no quiere decir que tengamos que usarlas sin seguir ciertos cuidados e instalarlas sin exigir mayor control.

Una de las soluciones es solo dar permisos de acceso a nuestros datos de navegación a una sola pestaña o página. Por ejemplo, la extensión Keepa agrega gráficos de historial de precios y botones adicionales a las páginas de productos de Amazon, pero solo lo hace en ese comercio y sus funciones no se expanden a otras páginas. De esta forma evitamos que tengan información innecesaria.
Otra forma de protegernos es instalando solo aplicaciones necesarias y tener control sobre ellas, ya que al tener un número amplio de extensiones seguramente no vamos a saber qué permisos tienen. Por ejemplo, si queremos un servicio que nos ayude a corregir nuestra ortografía, quizás la mejor solución sea usar una página web solo para eso copiando y pegando el texto, en caso de no tener que redactar contenido constantemente.
Finalmente, utilizar un segundo navegador puede ser útil, es decir, tener una plataforma como la principal para acceder a internet y en otra para tareas específicas de extensiones, como por ejemplo, descargar videos o música, de esta forma los datos a los que tendrá acceso no serán de mayor relevancia.
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