
TikTok se ha destacado por su propuesta de videos cortos y altamente personalizados que captan la atención de millones de usuarios en todo el mundo. Sin embargo, detrás del entretenimiento que entrega, existe un profundo impacto en el cerebro de adultos y niños.
Marian Rojas Estapé, psiquiatra española, habló sobre este tema en el podcast Conocer, comprender y aliviar, tomando como punto de partida la historia de uno de sus pacientes, quien le consultó que estaba preocupado por el alto consumo que estaba teniendo de esta red social y cómo estaba dejando de lado otros gustos como la lectura.
Una situación que quizás muchos han vivido, dándole un lugar importante a las redes sociales en su día a día por el efecto placebo que produce al disfrutar de contenido corto y personalizado que se va enlazando y no da tiempo para salir por la forma en que atrapa.
“Esto está diseñado para ser adictivo. Lo que hoy en día mueve el mundo es la capacidad de retener la atención del usuario la mayor cantidad de tiempo posible delante de una pantalla. Eso es lo que le interesa a las compañías hoy y no la salud mental”, asegura la psiquiatra.

Qué produce TikTok en nuestro cerebro
Rojas asegura que la clave para que la red social sea altamente adictiva se da gracias a su algoritmo inteligente, que ofrece una experiencia personalizada a cada usuario. El cerebro humano está cableado para buscar gratificación y placer, y esta aplicación ha aprovechado hábilmente este hecho liberando la hormona del placer, la dopamina, cada vez que vemos un video.
La psiquiatra menciona que Sean Parker, cofundador de Facebook, reconoció en el pasado cómo las imágenes y los likes generan un impacto directo en nuestro cerebro, y que TikTok ha perfeccionado esta técnica.
Para explicar este efecto desde el campo de la salud, ella habla de la corteza prefrontal del cerebro que se encarga de la voluntad y de la recompensa, una zona que es muy inmadura cuando se es niño, por eso ellos deben a prender a manejar su atención, concentración y control de impulsos.
Al exponerlos a estos contenidos, ya sean en TikTok, YouTube o cualquier otra plataforma de video, no se les está promoviendo un desarrollo en el manejo de sus emociones y atención, por eso al quitarles el contenido no saben gestionar el estrés, la frustración y la impulsividad.
Una situación que escala a otras edades, porque los jóvenes y luego adultos tienen problemas en la gestión de recompensas. El consumo de estos formatos en redes genera un agotamiento de la fuerza de voluntad y a una mayor dificultad para concentrarnos en tareas importantes fuera de la aplicación.
“El sistema de recompensa es cómo yo me propongo mis metas y las voy logrando. Pero si yo tengo un sistema de recompensa débil, yo necesito constantemente sentir y tener una emoción, me convierto en dependiente de la emoción. Y cuando no sucede esto se frustra con facilidad”, cuenta Rojas.

La hiperestimulación constante que ofrece TikTok también tiene efectos negativos en la creatividad y la capacidad de reflexión. Los momentos de pausa y aburrimiento son cruciales para que el cerebro genere nuevas ideas e innovaciones. Sin embargo, cuando los niños y adultos están constantemente enganchados a la aplicación, se les priva de estos momentos de reflexión y se reduce su capacidad de pensar de manera profunda y creativa.
La falta de pausas entre videos también es un problema, porque esto impide que los usuarios reflexionen y procesen la información que están consumiendo. Un breve descanso entre videos permitiría una gestión más saludable de la información y reduciría la hiperestimulación constante.
Al final, Marian Rojas Estapé llama la atención para que TikTok y otras redes sociales sean abordadas con mayor conciencia y responsabilidad. Pero al mismo tiempo, considera que importante que los padres y educadores se involucren en la educación de los niños sobre el uso saludable de las redes sociales y fomenten la importancia de la tolerancia a la frustración y la reflexión.
También da una serie de tips para evitar todas estas consecuencias negativas, cómo ser consciente de que una red social genera adicción y que al ingresar allí vamos a encontrar contenido que responda al estímulo que estamos buscando, pensar en cuáles son los momentos en los que nos conectamos y por qué lo hacemos, saber que el tiempo que se está invirtiendo en ver videos son minutos que quizás se pierden en hacer algo productivo y, finalmente, entender el efecto qué está causando en nuestra vida y relaciones.
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