
Ayer, Infobae reveló el inquietante caso de Iris Alba Bianchi, apodada “Mimi”, una jubilada de Caballito, que se quitó la vida el 1° de octubre de 2021, tras la muerte de su hermana. Divorciada, sin hijos, había firmado un testamento en 2020. Los beneficiarios, aquella vez, fueron su portero en el edificio donde vivía sobre la avenida Díaz Vélez, así como la esposa del encargado. En 2021, ese testamento fue revocado. Los nuevos beneficiarios fueron su reciente psiquiatra, y su paseador de perros.
Entonces, tras el suicidio de Iris Alba, ambos bandos se enfrentaron en Tribunales. El expediente por la sucesión, iniciado por el abogado del portero en el Juzgado Civil N°67, quedó frenado; los abogados del portero denunciaron penalmente al psiquiatra y al paseador, junto a los testigos del testamento, por aprovecharse del supuesto frágil estado mental de Iris para quedarse con su herencia, que incluía el departamento en la calle Díaz Vélez, otro en la calle Honorio Pueyrredón, así como los contenidos de una caja de seguridad en el Banco Ciudad.
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Sin embargo, una junta de expertos convocada por la jueza Paula Petazzi, que incluyó al Cuerpo Médico Forense, descartó que no estuviera en sus cabales al momento de firmar ambos testamentos. Todos los acusados fueron sobreseídos en primera instancia por la jueza en noviembre de 2025, a pedido de la fiscal. El miércoles 2 de este mes, la sala en turno de la Cámara Nacional de Casación confirmó la decisión.
Así, el caso terminó sin acusados ni culpables. El abogado del psiquiatra pidió la semana pasada que se reanude la sucesión. Una prueba clave en la causa fue la nota del suicidio de Iris Alba, donde el portero era explícitamente mencionado.
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La carta final
“Para la policía. Hola soy Iris Bianchi. Quiero quitar toda responsabilidad del Dr., es porque él me quiso internar y yo no quise. Quiso llamar a otro médico psiquiatra de urgencia para que me evalúe y no quise. Me dio un tratamiento domiciliario y que esté siempre acompañada, le dije que sí pero no lo hice”.
“El que me hizo mucho daño con su actitud fue el encargado con su aptitud y su deseo de quedarse con lo mío, cuando a los dos días de morir mi hermana me llevó a firmar un testamento a favor de él y yo ni siquiera pude poner testigos”, continuó.
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“En el día de la fecha me devuelve las llaves de mi casa y me dijo que me bloqueaba el teléfono, para que no le pida más ayuda. Esto último me hizo tomar esta decisión. Yo no culpo a nadie, soy yo que está mal y muy sola”.
Luego, Iris firmó su carta. Horas más tarde, sería hallada sin vida por una de sus cuidadoras. En el expediente por la supuesta manipulación, el portero se presentó como querellante. El delito en la carátula fue el de defraudación a un incapaz.

La paradoja y el problema
Allí, el portero dijo que “comenzó una relación de amistad” con “Mimí”, “a quien frecuentaba casi todos los días para charlar y ayudarla en lo que necesitara”. En un mensaje de WhatsApp, aseguro el portero, Iris le había expresado su decisión de convertirlo en su heredero.
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“Desde el momento en que falleció su hermana Lidia, Iris entró en una debacle de depresión y angustia, hasta el punto que llamé a OSDE para solicitar un médico para que la revisara, pero cuando ella se enteró de ese pedido, llamó a OSDE y anuló el pedido de médico, porque se negaba a reconocer su depresión y que alguien la ayudara médicamente”, siguió.
El psiquiatra, según el portero, ya había tratado a la hermana fallecida. Incluso, el encargado de la calle Díaz Vélez afirmó poseer un audio del psiquiatra, donde afirmaba que Iris tiene problemas mentales, que le está agregando una medicación nueva, y que hay que buscar un abogado que la asista legalmente porque tiene propiedades a su nombre, y que habría que hacer una tutela".
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Iris dijo en su última carta: “Soy yo que está mal y muy sola”. La palabra “sola” es clave. ¿Cuántas Iris Alba Bianchi hay allá afuera, personas jubiladas, sin hijos ni herederos, con propiedades a su nombre, a simple vista vulnerables? La maniobra clásica en un barrio es usurpar la casa del jubilado tras la muerte, un delito. Pero, con papeles, con un escribano, con un testamento, no es delito.
Una testigo que declaró en la causa afirmó que “la jubilada le comentó que quería ceder sus bienes porque era una mujer que vivía sola, sin familia”. Este relato se choca de frente con el relato de una de las cuidadoras de la jubilada.
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Esta testigo declaró bajo juramento que “la propia Bianchi le comentó que se encontraba acongojada porque el querellante (nota: el portero) y su esposa la llevaron a que firmara un testamento, de cuyo acto se arrepentía. Que, por lo tanto, la tranquilizó con que el acto se podía revertir y que, pasados unos días, Bianchi efectivamente revocó el testamento instituido en favor del encargado del edificio y su esposa”.

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