
El 31 de diciembre pasado, tras una exhaustiva investigación de la fiscal Mónica Cuñarro, el juez Martín Del Viso procesó con prisión preventiva a tres hombres de la Villa 31 acusados de una serie de ocho violentos robos en el asentamiento de Retiro. Desde julio a noviembre de 2024, según la imputación, asaltaron a víctimas que atraían mediante el mismo señuelo: una falsa publicación en Facebook Marketplace donde se ofrecía una camioneta Ford Ecosport negra a un precio interesante.
La banda tenía dos cerebros, considerados organizadores de la asociación ilícita por Cuñarro y Del Viso. Miguel Ángel Areco, ex empleado de empresas de limpieza, que realizaba los posteos. Luego, estaba Víctor Samuel Quispe, “El Samu”, un ex diariero. Quispe, supuestamente, se dedicaba a la contratación, a rastrear la mano de obra, con jóvenes pistoleros como Kevin Plasencia, el tercer detenido en la causa. El colombiano Walter Parra, hoy prófugo y declarado rebelde, era su presunto chofer de fuga.
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El asalto del 18 de septiembre de aquel año terminó en sangre. No para la víctima del robo, sino para los victimarios. Luis Osvaldo Acuña, un gasista de 45 años oriundo de González Catán, había acudido a bordo de un Peugeot junto a un amigo a la calle Puma del Barrio Padre Mugica del asentamiento en busca de la Ecosport. Quispe y Areco ya lo habían entregado a sus pistoleros, que llegaron con un revólver calibre .22. Acuña fue con más que un amigo: llevaba un calibre .38.
Ya en el lugar, el gasista vio a dos jóvenes encapuchados caminar en torno a él, para dar la vuelta y regresar. Intuyó que le robarían. Según su relato, lo encararon para amenazarlo. Entonces, disparó. Plasencia y su cómplice terminaron en el hospital Rivadavia, trasladados por Parra. Plasencia vivió a pesar del tiro que recibió por la espalda. Su compañero terminó muerto. Una bala le atravesó los pulmones. Tenía 16 años.
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Así, Acuña terminó detenido, capturado por la División Homicidios de la PFA, procesado y con prisión preventiva por un delito peor que el de conformar una asociación ilícita de pistoleros: homicidio y tentativa de homicidio.
Para la fiscal, así como para el juez, no hubo legítima defensa.

En su indagatoria, Acuña aseguró que la Ecosport era su proyecto de vida, que deseaba comprarla con sus ahorros para convertirse en remisero. En medio del asalto, “al advertir una distracción de quien lo apuntaba, forcejeó y se produjo un primer disparo accidental, aunque pudo tomar el arma que cayó al suelo para repeler la agresión con disparos sin advertir que hubiere herido alguno", asevera un racconto judicial de su testimonio.
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Los ladrones huyeron. Acuña “dijo haber descartado el arma en el lugar y se retiró. Y en cuanto a la denuncia, agregó que por consejo de un amigo policía no la hizo”. En una posterior ampliación, afirmó que tiró al sentir que su vida corría peligro.
Una cámara de seguridad que filmó la secuencia con audio incluído lo desmiente. “Vení, hijo de puta”, se le escucha decir a un hampón. El informe de la Unidad Criminalística de Alta Complejidad de la Policía porteña no marcó el hallazgo de balas o rastros compatibles con el arma de Plasencia y su cómplice menor de edad.
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“De modo que ha quedado definido que los disparos provinieron de una sola arma, la de Acuña“, concluyó el juez: ”Ello descarta un intercambio de disparos, lo que demuestra, consecuentemente, la intención homicida con la que Acuña utilizara el arma cuando los imputados emprendieron la fuga".
Según el informe, el gasista tiró seis veces, en una esquina concurrida, a las 12:22 del mediodía.
Luego, están los chats en los teléfonos de los acusados.

“Uno seguro con efectivo”
La conversación había comenzado ese día a las 9 entre Quispe y Areco. “Ahí te estoy encuadrando uno seguro con efectivo”, comenzó. “Hermano, viaja ahora. “tiene todo en efectivo” “viaja con plata”, “se ve que es de barrio, igual lo como”, aseveraron entre sí: “A este se lo pongo en la cabeza... Luis se llama el chabón”. En sus mensajes, Areco le envió una captura del perfil de Facebook de Acuña.
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A las 12:12, Areco le aseguró: “Está afuera, mano”. Una serie de vigías que reportaban a Quispe se encontraban en la escena.
Nueve minutos más tarde, Quispe le aseguraba a Areco: “Nos lastimaron, nos lastimaron compa, perdí a los guachos. Siete tiros nos dio. El conductor ‘taba enfierrado”.
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- “Si lo maté, lo maté, qué sé yo”
De inmediato, “Samu” le pidió a su cómplice que le entregue la información de Acuña con el posible objeto de rastrearlo y vengarse. Poco después, el chico de 16 moría en el Hospital Rivadavia. Acuña no lo sabía.
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Al día siguiente, el gasista le reconocía a un contacto: “Bueno, ya está, gracias a Dios estoy acá y bien, gracias a Dios pude ganarle de mano y nada, todo eso gracias a Dios, ¿no? Quedaron ellos heridos, yo no. Por eso se le agradece a Dios y listo, si lo maté, lo maté, qué sé yo, que se vayan a la concha de su madre“.
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