
A pocos días de que se cumpla un mes del triple femicidio ocurrido en Florencio Varela, este lunes se conocerán más detalles de la noche en la que asesinaron brutalmente a Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, a partir de la ampliación declaratoria de Víctor Sotacuro —el remisero y ahora señalado como jefe de “Pequeño J”— y su sobrina Florencia Ibáñez. Ambos se encuentran detenidos en el marco de la causa que investiga la participación de al menos nueve personas en el sangriento crimen, que dejó al descubierto la existencia de una banda narcocriminal que no estaba en los radares de las autoridades.
La semana pasada Ibáñez precisó que la noche del 19 de septiembre —cuando ocurrieron los crímenes— se digirió junto a otro hombre a la zona sur de Buenos Aires a buscar a un pasajero de Sotacuro que no apareció. Se trataba de David “El Loco” Manzur, ahora buscado por la Justicia.
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Compartieron cervezas y cenaron una parrilla. Más tarde, Sotacuro regresó con su sobrina y con un hombre llamado Diego —un ciudadano peruano conocido como Alex y amante de Ibáñez, de acuerdo con su indicación— a sus domicilios en el Bajo Flores de la ciudad de Buenos Aires. “Mi tío trabaja con su auto, el VW Fox, y también tiene un Renault 19. Yo siempre uso el VW Fox, lo usamos los tres, Alex, mi tío y yo. Mi tío lo alquila -al VW FOX- constantemente a otras personas. Tengo el peaje a nombre mío”, aclaró la mujer. “Estuve en el auto, pero yo fui a acompañar a mi tío. Iba alguien más: Alex, no sé el apellido, es mi amante, tengo una relación con él”, explicó Ibáñez respecto al recorrido que hicieron esa noche cerca de las 21 horas.

Sus palabras coinciden con las de su tío, quien también hablará hoy para brindar más detalles. En aquella indagatoria aclaró que lo que compraron fue cerveza en un kiosco, mientras esperaban al pasajero que nunca llegó. Durante su declaración indagatoria de la semana anterior, a la que accedió Infobae, el acusado aseguró que su participación se limitó a realizar un traslado en remis solicitado por “El Loco”.
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Según la versión del imputado, el regreso desde Florencio Varela implicó llevar a “El Loco David” y a otros dos hombres, cuyos nombres desconoce, hasta la Villa 1-11-14, todos con la ropa embarrada y sin intercambiar palabras. Relató que tras ese viaje comenzó a recibir amenazas de muerte y, días después, dos personas lo abordaron al ingresar a su vivienda, le robaron el celular y lo intimidaron. Por este motivo decidió huir a Bolivia, en donde fue detenido. “Te voy a matar, más te vale que te tomes el palo”, le habrían dicho las personas que lo abordaron.

Pero la situación del remisero cambió de manera rotunda con la declaración de Magalí Celeste González Guerrero, la inquilina de la casa donde ocurrieron los homicidios. Su testimonio ubicó a Sotacuro junto a “Pequeño J” y un tercer hombre, bajando de la Chevrolet tracker con las tres víctimas, a quienes mantuvieron engañadas hasta llegar al lugar. “Bajaron sonrientes, se las veía como engañadas que venían a una fiesta”, lanzó. Minutos antes de ingresar, Tony Janzen Valverde Victoriano le pidió a Guerrero que le abriera la puerta del garaje a donde posteriormente entraría el vehículo.
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Desde entonces, Sotacuro pasó de ser un simple remisero a convertirse en uno de los eslabones más altos de la banda criminal, pero la defensa del hombre desmintió sus palabras: “Creo que se confundió Celeste (Guerrero), me queda duda si mintió o no”, opinó. La testigo arrepentida relató que esa noche observó en el patio de la vivienda que alquilaba a Matías Agustín Ozorio, junto a personas apodadas “Nero” y “Paco”, excavando lo que describió como un pozo. Según su declaración, vio tierra removida, a Matías sin remera sosteniendo una pala y a Paco y Nero ubicados frente a él.
Sobre estos dos eslabones superiores, la detenida aseguró que nunca conoció sus identidades reales, ya que “solo se movían en los escalones más altos, lejos del contacto habitual con los miembros de la base”.
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El cargo que le sigue a esos dos es el del “tío”. Ese rol lo ocupada por Víctor Sotacuro Lázaro, apodado “Duro”, quien ejercía el liderazgo sobre la operación local. Era quien gestionaba la relación directa con los encargados intermedios y disponía la distribución de tareas.
“Duro” recibía instrucciones de “Papá” y estaba a cargo de la logística de acopio, reparto y comercialización en la zona. Pero también tenía una responsabilidad clave para la investigación: era quien decidía castigos y autorizaba movimientos sensibles y organizados de la banda. “Todo lo importante debía pasar primero por las manos de ‘Duro’. Nadie podía actuar por fuera sin su visto bueno”, manifestó la detenida.
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Después de abuelo, papá y tío vienen los “pequeños”, la siguiente jerarquía. Este era el rol que ocupaba “Pequeño J”, mencionado por Celeste en su declaración como Julio.
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