
Luego de que los cuerpos de Junior Riquelme (18) y Nicolás Piovesán (16) fueran encontrados con heridas de bala en el barrio Nehuen Che, ubicado en Cultral Co, provincia de Neuquén, la Justicia determinó que los dos acusados de haberles disparado durante la madrugada del 26 de agosto continúen detenidos.
La decisión estuvo a cargo de un tribunal revisor, que hizo lugar al pedido de la Fiscalía realizado la semana pasada. En consecuencia, convalidaron la medida que había sido impuesta por el juez de garantías Ignacio Pombo, tras el pedido de los fiscales Gastón Liotard y Federico Cuneo.
De esta manera, C. A. V. (22) y J. J. C. (23) permanecerán arrestados durante un plazo de dos meses, puesto que la Justicia de Neuquén consideró que realizaron maniobras para obstaculizar la investigación antes de ser atrapados.
Según lo expuesto por el Ministerio Público Fiscal (MPF), los imputados ocultaron tanto el vehículo como las armas utilizadas. Por este motivo, esta actitud constituiría, a su entender, en un intento deliberado de obstaculizar la labor investigativa.
Asimismo, subrayaron que la detención buscaría asegurar la realización del juicio y proteger la integridad de las declaraciones de los testigos, de acuerdo con la información publicada por LM Neuquén.

Hasta el momento, la investigación determinó que el doble homicidio se produjo en el contexto de un enfrentamiento entre bandas rivales. Aparentemente, el conflicto se originó a partir de incidentes previos entre dos grupos de jóvenes que frecuentaban distintas viviendas del barrio Nehuen Che.
De hecho, reconstruyeron que el 23 de agosto, J. J. C. se desplazó en un automóvil dorado hasta la casa de la banda a la que pertenecían las víctimas y disparó un arma de fuego, pero no hubo heridos. Acto seguido, los atacados replicaron la acción, también sin causar lesiones.
Sin embargo, tres días después los rivales de los jóvenes volvieron con su acometida. Momentos antes de ser asesinados, Riquelme y Piovesán fueron perseguidos por un automóvil negro manejado por C. A. V., en el que también viajaba J. J. C. Luego, comenzaron a disparar contra ellos.
Como producto del ataque a tiros, uno recibió tres impactos de bala en la espalda que afectaron órganos vitales y otro sufrió dos heridas de arma de fuego, una de ellas en el cuello, que resultó letal. Tras esto, los acusados huyeron y ocultaron pruebas clave.

La captura de los sospechosos se produjo días después. J. J. C. fue detenido por la Policía del Neuquén al poco tiempo de cometer el crimen, mientras que C. A. V. se entregó voluntariamente en la Comisaría 15 del barrio Pampa, luego de ser intensamente buscado por las fuerzas de seguridad provinciales.
En la audiencia de formulación de cargos, la Fiscalía imputó a los acusados por homicidio doblemente agravado: por alevosía y por el uso de armas de fuego, en calidad de coautores. Inicialmente, se había solicitado también el agravante de concurso premeditado de dos o más personas, pero el juez Pombo consideró que no se logró acreditar la premeditación y aclaró que el mismo requiere la participación de más de dos personas, por lo que no lo incluyó en la calificación.
Durante la misma audiencia, los fiscales sumaron una acusación adicional contra C. A. V. por un homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, en calidad de autor. El hecho ocurrió el 17 de agosto, cuando la víctima se encontraba en la vereda de su casa consumiendo bebidas alcohólicas.
Tal como reconstruyeron las autoridades, el acusado se aproximó a esta persona y le disparó entre cinco y seis veces. Como resultado de la balacera, fue alcanza por tres de los disparos y tuvo que ser hospitalizada por la gravedad de las lesiones. Poco después, el personal médico confirmó su muerte.
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