
El fiscal Pablo Masferre recibió el informe preliminar de la autopsia realizada al cuerpo de Esteban Fabián Freire, el panadero de 43 años asesinado el domingo por la madrugada en su casa de Morón. Al comerciante lo mataron al menos tres ladrones que ingresaron a la propiedad a través de una vivienda lindera y con la ayuda de una escalera, indicaron fuentes del caso a Infobae.
De acuerdo a la médica forense a cargo de la autopsia, el comerciante murió a causa de una hemorragia interna provocada por un hemopericardio traumático, producto de un proyectil de arma de fuego.
De esta manera, se descarta la posibilidad de que un golpe en la cabeza haya sido el causante del deceso, tal como se estimó al inicio del caso, debido al castigo al que fue sometido el panadero y su esposa, Soledad Portillo, quien se encuentra internada en un hospital de la zona. Un orificio que le encontraron a la víctima fatal en el sector del pecho hablaba de la posibilidad del disparo.
En tanto, los agentes de la Policía bonaerense abocados al esclarecimiento del crimen ejecutaron una serie de allanamientos en los que se detuvo a un segundo sospechoso. Se trata de Luciano José Íbalo, dueño de verdulerías en la zona.
De acuerdo a la investigación, el verdulero habría sido uno de los tres delincuentes que entraron al departamento de tres ambientes ubicado sobre la panadería de Freire, en la calle Juan A. Manza.
Al mismo tiempo, secuestraron la camioneta Volkswagen Amarok que fue captada junto a otros dos vehículos por las cámaras de seguridad. Las fuentes detallaron que las imágenes muestran a Íbalo al volante de ese vehículo.
Antes, había sido detenido Luciano David Catanzaro, empleado de una pollería ubicada a unos 50 metros de la panadería. En el caso de Catanzaro lo complica una caja de seguridad azul hallada en el interior de su vehículo, un Ford Focus blanco.
Las fuentes detallaron que las cintas de seguridad muestran escapar a los asesinos del comerciante de 43 años por los techos. Uno de ellos lleva la caja de seguridad que pertenecía al matrimonio. Adentro estaba la recaudación de dos semanas de trabajo. Ese dinero estaba destinado a la compra de harina.
En tanto, Portillo declaró en el hospital donde permanece internada fuera de peligro, pese a la fuerte paliza a la que fue sometida y que presenciaron sus dos hijos adolescentes.
La mujer, también comerciante, contó que el día del hecho la despertó el sonido de una explosión, cuando dormía en la habitación matrimonial. Alarmada, salió del cuarto, pero la golpearon tres veces en la cabeza. De un empujón, la tiraron al piso.
No pudo ver cómo se movían los tres hombres que habían entrado a su casa, porque las luces estaban apagadas, pero escuchó que uno de ellos le pidió a sus cómplices que vayan por la caja fuerte.
Se arrastró, entonces, a la habitación de su hijo menor y le pidió que llamara a una ambulancia. Luego, se dirigió al baño. Era el único lugar de la casa con la luz encendida. En ese momento, lo vio a su esposo desmayado en el suelo.
Los investigadores aún buscan al tercer delincuente que ingresó a la propiedad.
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