
Una bolsa negra, un cráneo, huesos y vísceras. Esos fueron los primeros restos que la Policía de Chaco encontró durante un rastrillaje motivado por la desaparición de Johana Elizabeth González, una mujer de 30 años que había sido reportada como desaparecida el pasado 21 de mayo. Varios días después del terrible hallazgo, la madre de la víctima, Delia Beatriz Segovia, organizó una despedida para su hija en el lugar donde fue encontrada. “Tengo que tener fuerzas”, manifestó con un dejo de desolación.
En medio del dolor por la pérdida y tener que convertirse en la responsable de cuidar al hijo de 9 años de Johana, la mujer instaló una cruz en homenaje a su hija en los alrededores de la laguna de Villa Seitor. La conmemoración se realizó el miércoles pasado cerca de las 17:30 horas, en donde la madre de la víctima, su hijo y un sobrino depositaron algunas flores.
“Tengo que tener fuerzas”, reconoció Segovia al desmentir que había pedido colaboraciones de dinero y alimentos por las redes sociales. “Yo lo único que pedí es justicia por mi niña, porque para mí siempre va a ser mi niña”, remarcó al apuntar que espera que el responsable de haberla asesinado cumpla una condena perpetua.
Según las declaraciones recopiladas por Diario Chaco, la madre de Johana pidió a la Justicia “que nunca más salga ese señor porque me arrancó el alma”. Además, sostuvo la esperanza de obtener justicia por su hija al expresar: “Confío en mí abogado y confío en la Justicia, porque no estoy sola”.

El principal acusado de haber asesinado a Johana fue identificado como Mario Rafael Barrientos, un hombre de 42 años que fue detenido en Corrientes el pasado 2 de junio luego de haberse dado a la fuga. Días antes, el sospechoso se había presentado a derecho ante la fiscal de Investigación Penal N°5, Nelia Velázquez, para declarar que había sido la última persona que la vio con vida.
De acuerdo a la primera versión que ofreció a la Justicia, se acercó a la Fiscalía después de que “la madre de ella se acercó hasta su casa” porque la estaba buscando. Así fue como reconoció que la conocía desde hace cinco meses porque ella “ofrecía sus servicios sexuales a cambio de dinero” en el cruce de calle 14 y Av. 25 de Mayo y que la había visitado en ese punto cerca de las 18:00 horas.
En ese encuentro, contó que le había aconsejado que dejara de drogarse, ya que notó que la mujer se encontraba “bajo los efectos de algún tipo de estupefacientes”. Además, detalló que estaba abrigada, que vestía un jean de color oscuro, un gorro de hilo y que se movilizaba a pie porque su motocicleta 110 cc.
La orden de captura no fue tramitada hasta que no se encontraron los restos el pasado 1 de junio. Luego de que se confirmara que el cráneo, los huesos frescos y vísceras pertenecían a Johana, la fiscal ordenó la detención de Barrientos, quien fue señalado como el principal sospechoso por haber tenido el último contacto registrado por los investigadores.

“No había indicio alguno para proceder de otra manera, y al momento de tener más indicios, dispuse la inmediata aprehensión y se activó con la Policía”, explicó Velázquez. Las acusaciones en contra del hombre aumentaron luego de que los agentes fueron a detenerlo a su domicilio y no lo encontraran.
Un día después, el acusado se puso a disposición en una comisaría de Corrientes, en donde notaron que tenía cortes en las muñecas, debido a que habría intentado quitarse la vida. Sobre la actitud que tomó el detenido, las fuentes analizaron que Barrientos “se vio cercado por allanamientos realizados en conjunto de las policías de Chaco y Corrientes” luego de que el Ministerio de Seguridad aportara los recursos humanos y tecnológicos necesarios para atraparlo.
El arresto de Barrientos llevó a la fiscal a pedir una orden de exhorto, con el objetivo de que el hombre continúe detenido en territorio chaqueño. Al mismo tiempo, confirmaron el hallazgo de una pierna y otros restos humanos en la misma área en la que fue encontrada la primera bolsa negra.
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