
Es muy poco lo que se sabe del crimen de Gabriel Ortíz Vílchez, el hombre de 30 años que fue asesinado por delincuentes que le robaron la bicicleta y un morral en Las Heras, provincia de Mendoza. El crimen fue salvaje. A Vílchez, padre de tres hijos, lo abordaron minutos después de salir de su casa, lo golpearon con un objeto -que aún no se determinó cuál era- en la cabeza y lo dejaron tirado. La víctima fue internada y murió este domingo último, tras seis días de agonía.
El hecho ocurrió el 19 de febrero pasado alrededor de las 6 de la mañana, cuando la víctima se dirigía al parque Industrial de Las Heras, cercano a la capital provincial, para ir a su trabajo en una empresa de piletas. Vílchez circulaba por la calle Lisandro Moyano cuando dos delincuentes supuestamente lo interceptaron y lo golpearon para robarlo. En el morral llevaba documentación suya y de su familia, ya que luego de terminar la jornada laboral debía completar algunos trámites. Los ladrones huyeron y todavía no se sabe nada de ellos.
Luego del ataque, un vecino lo encontró tirado en el piso y llamó al 911. Primero lo llevaron a un hospital público, a donde entró como NN, ya que los delincuentes se habían llevado todas sus pertenencias. Fue gracias al logo de la empresa de piscinas de su remera que los médicos pudieron comenzar a saber de quién se trataba. Finalmente, Vílchez murió tras seis días de agonía.
Infobae dialogó con Leonardo, hermano mayor de Gabriel, quien contó detalles de la vida de la víctima y cómo fueron los últimos días de internación, en los que los médicos trataron por todos los medios de salvarle la vida.
El primer parte médico -dijo el hermano- indicó que el cuadro era grave y su pronóstico reservado. Por su ART, fue trasladado al Hospital Italiano, donde tuvieron que intervenirlo porque su cerebro comenzó a inflamarse. “Le sacaron la tapa del cráneo porque no podía contenerlo por la inflamación”, dijo Leonardo. Sin embargo, su cuadro empeoró.

La operación no causó el efecto que esperaban y el cerebro de Gabriel dejó de responder a cualquier estímulo. Los médicos declararon la muerte cerebral y finalmente su corazón dejó de latir el domingo. “Mi hermano era donante de órganos y hasta no completar ese trámite, y que hicieran la autopsia, no nos dieron los restos para despedirlo”, contó el familiar en su diálogo con este medio, en medio del velatorio de la víctima, que se realizaba hoy a la mañana.
La causa está en manos de la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, quien ahora está abocada a la recolección de testigos para saber quién mató a Ortíz Vílchez.
Una vida dedicada a Dios, la música y su familia
La familia está segura que Gabriel no opuso resistencia a los asaltantes. Según su hermano, era una persona muy pacífica que de ninguna manera hubiese reaccionado de manera violenta contra los ladrones. La explicación: el hombre de 30 años hacía concurría asiduamente a una iglesia evangélica y dedicaba parte de su tiempo a la vida espiritual.
“Era muy creyente. Su vida era de su casa, al trabajo, del trabajo la iglesia y luego con su familia. De hecho, tocaba la batería en la banda de música de la iglesia”, reveló Leonardo. Sus hijos tienen diez, cinco y dos años respectivamente.

“El mayor es el que nos reconforta. Nos dijo que su papá ahora está feliz. Lo hace para que estemos todos felices. Su mujer, en cambio, está pasando el momento como puede. Es contenida por un equipo de profesionales. Es muy duro”, agregó.
Gabriel además de su vida religiosa y familiar, era fanático de River y desde hace cinco años trabajaba en la empresa de piscinas, donde su objetivo era crecer todavía más y obtener un ascenso. Incluso -dijo el familiar- trabajó en varios sectores de la compañía.
Además de Leonardo, su familia la conforman su otro hermano Fernando -el segundo- y su hermana melliza Estefanía. Son una familia numerosa, que junto a amigos y conocidos se movilizaron ayer en reclamo de justicia. “Quiero justicia. Por favor los que sepan algo que aporten un dato, lo que sea, se los pido como mamá, lo pido a cualquier madre que le puede pasar lo mismo e incluso las madres de estos sinvergüenzas que quizás ni saben que sus hijos le arrebataron la vida al mío”, declaró la mamá ayer a medios locales.
“Mi madre dentro de todo está con una fortaleza increíble. Pero bueno, la verdad es que está destrozada. Intenta ser fuerte, pero le arrebataron a su hijo”, continuó Leonardo en su relato, que advirtió que los hechos de inseguridad en su zona se repiten.
“No se puede vivir más así”, concluyó.
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