
Liudmila Avdiukhina no se veía muy feliz cuando los efectivos del Departamento Interpol de la Policía Federal que la arrestaron hoy martes por la mañana la subieron a un vehículo para trasladarla a una celda en la central de la calle Cavia. El truco se había terminado. Liudmila, oriunda de Moscú, nacida en 1986, había vivido en Buenos Aires durante el último año junto a su marido y su hija, cambiando de domicilio cada dos meses. Los detectives que la seguían lograron encontrar su última residencia en la calle San José de Calasanz, zona de Caballito.
Allí, la esposaron finalmente, con una causa por extradición a cargo del juez Julián Ercolini.
Su ingreso al país fue registrado el 1° de enero de 2023, según datos de Migraciones. La circular roja de Interpol en su contra emitida por la Justicia rusa llegó tiempo después, bajo el número A-3551/4-2023. El delito del que se la acusa no es algo menor: una estafa inmobiliaria de 150 millones de rublos, más de dos millones de dólares.
Desde septiembre a diciembre de 2022, como directora de la firma inmobiliaria Zhilfond Barnaul, Avdiukhina habría elaborado un plan fraudulento para quedarse con la plata de clientes. Así, tomó una serie de préstamos que no pensaba devolver. Luego, tomó robó el dinero recibido y abandonó la Federación Rusa.
En Buenos Aires, Liudmila estuvo lejos de quedarse quieta. Los investigadores que la apresaron creen que usaba un local de comidas como frente para sus movimientos y que además habría comprado propiedades en el mercado local con varios testaferros.
Al final, cometió un desliz en Internet, lo que llevó a su captura. Fue encontrada luego de un cruce con distintos sistemas informáticos de la Policía Federal Argentina y la la base de datos con la que cuenta la Organización Internacional de Policía Criminal, junto a la búsqueda en redes sociales y fuentes abiertas.
Su caso remite a un expediente mucho más caliente: el de Iuliia Gilfanova, la mujer rusa detenida en Mar del Plata a comienzos de 2020 por supuestamente financiar al Estado Islámico. Tuvo un bebé en el país y pidió asilo político.
Una alerta de difusión de Interpol pesaba sobre su cabeza por dos delitos gravísimos: dos actos de financiación del terrorismo que datan desde octubre de 2014 hasta marzo de 2016, enmarcados en el artículo 205 del Código Penal ruso que establece una pena de hasta diez años de prisión.
Gilfanova, según registros a los que accedió Infobae, accedió a un número de DNI argentino, con su correspondiente CUIT. Antes de pasar por Mar del Plata, registró un domicilio fiscal en un departamento de la zona de Ramos Mejía.
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