
Emilio Tisera, alias “Emi Trix”, ciertamente la vivía. “Antes me jodía para tener lo que ahora ya ni me preocupa”, decía en su cuenta de Instagram.
Organizador de eventos según él mismo, Tisera era parte de la federalización de la escena de fiestas electrónicas en la Argentina, un fenómeno que creció en la última década tras la desaparición de megaeventos porteños como la Creamfields. Así, DJs de renombre mundial comenzaron a visitar Rosario y Córdoba, atrayendo a un público de todo el interior del país, porteños inclusive. Entonces, se generó un mercado que “Trix” supo aprovechar. Se mostraba a bordo de su BMW blanco junto a su novia manicurista, Julieta Valenzuela, casi una influencer que tenía 13 mil seguidores en Instagram, con historias de paseos en jet ski por el río Paraná, siempre en fiestas, al amanecer, al atardecer o de after, con el sol del mediodía sobre su cabezas.
Poco después, un buchón lo entregó, lo que generó un expediente a manos del fiscal federal Javier Arzubi Calvo. El cuento del delator a las autoridades aseguró que Tisera vivía en un lujoso condominio de la zona del Alto de Rosario junto a Valenzuela. El delator fue sumamente específico para incendiar a Tisera. Dijo que el hombre de 34 años, ex empleado de una droguería, viajaba a CABA cada 15 o 20 días para traer “pastillas de éxtasis y otras drogas o el polvo, ya que tendría una máquina para la fabricación de comprimidos a la que cambia de lugar cada tanto en departamentos que alquila en Funes o Roldan”.
El buchón no solo describió sus movimientos y su estilo de vida. También, detalló sus lazos con dos policías de la fuerza provincial. Uno era Nicolás Balzi, el otro, Leandro Miranda.
En las semanas siguientes, a mediados de julio de 2022, todos ellos -Tisera, su novia, los dos policías- fueron detenidos por la División Antidrogas Rosario de la PFA. Siguen presos hasta hoy: “Emi Trix” espera en una celda del penal de Marcos Paz, no muy lejos de “Guille” Cantero, capo máximo de Los Monos.
Hoy jueves, el fiscal Arzubi Calvo cerró la causa en su contra y pidió su elevación a juicio al juez Carlos Vera Barros por el delito de narcotráfico a Tisera, Valenzuela, Miranda y dos presuntos revendedores más. Balzi ya había sido elevado a juicio en mayo.

Nicolás Gabriel Balzi era lo que se dice un policía con onda. De 25 años, suboficial de la seccional 2° de Cañada de Gómez de la fuerza provincial de Santa Fe, ubicado a 70 kilómetros de Rosario, se mostraba en Instagram en torneos de fisicoculturismo hasta que perdió el tono muscular. Luego, comenzó a mostrarse en fiestas electrónicas junto a un séquito de chicas, tal vez alguna foto de uniforme.
Arzubi Calvo ordenó intervenir su teléfono tras la presentación del buche. Un alto detective vinculado al caso aseguraba en julio de 2022: “El zarpado vendía de uniforme”.
La División Antidrogas Rosario de la Federal lo allanó en un domicilio de la calle Congreso en Rosario. Le encontraron su pistola Bersa reglamentaria, su juego de esposas, su credencial de la fuerza y 32 mil pesos, además de treinta pastillas de éxtasis, cuarenta gramos de cogollos de porro, 18 gramos de cristal de MDMA, dos plantas de marihuana y dos planchas de 25 troqueles cada una de LSD. Tenía sobres con los que diferenciaba sus pastillas, con formas del logo de una popular marca de chombas o la cara de Homero Simpson. Podía vender, según la acusación en su contra, un gramo de cristal de MDMA a 20 mil pesos, ciertamente caro, o pastillas a dos mil, precios totalmente desactualizados.
De acuerdo al delator, Balzi era un dealer de las pastillas de Tisera en fiestas electrónicas, también operaba como delivery.

Leandro Walter Miranda, efectivo de la PDI de Santa Fe, empleado del Ministerio de Seguridad provincial desde 2012, es hijo de Walter Rubén Miranda, ex jefe de la Policía santafesina, a la que encabezó diez años atrás. Miranda habría sido directamente, el custodio de Tisera. No solo eso: se habría encargado de los repartos narco y de hasta apretar a quienes le debían dinero al hombre del BMW. Hasta dijo que Miranda hijo manejaba una cocina de droga en la zona de Roldán.
Los seguimientos de la Federal complican particularmente a Miranda. El 1° de abril de 2022, Tisera lo pasó a buscar en su BMW por la calle Vélez Sarsfield. Luego, juntos, le entregaron un sobre a otro hombre que luego fue imputado como uno de los dealers de la banda. El 4 de junio, la PFA lo siguió hasta un country en la zona de Funes donde también estaba el jefe “Trix”. La droga hallada en su domicilio terminó de cerrar la historia en su contra.
Tanto para Balzi como para Miranda, la imputación en su contra se agrava por el hecho de ser funcionarios públicos.

Tisera no estaba solo en el juego rosarino de las pastillas. En diciembre de 2022, el fiscal Claudio Kishimoto ordenó arrestar a Alejo Marbán López, alias “Che Rolita”, con base en el ostentoso barrio de Puerto Norte.
A “Che Rolita”, la Prefectura le incautó su stock: 2.860 pastillas de éxtasis, un bidón de ketamina de cinco litros, ocho frascos de 10 mililitros de popper, 104 gramos de tusi –conocida mediáticamente como “cocaína rosa”–, tres teléfonos, 1.120 dólares y 1.800.000 pesos. Se encontró más droga y más plata en otros domicilios, para una cuenta final de 20 mil dólares y 4 mil comprimidos.
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