
Tras la trágica muerte del subteniente Matías Chirino, durante un rito de “bienvenida” en Paso de Los Libres, el Ejército argentino decidió tomar la determinación de prohibir el consumo de alcohol dentro de los cuarteles de la fuerza, incluidos los casinos de oficiales o suboficiales y los quinchos o cantinas.
Según indica el comunicado oficial, el jefe de Estado Mayor del Ejército, general de División Guillermo Pereda, ordenó “la prohibición de ingesta de bebidas alcohólicas por parte de los integrantes de la fuerza en actividades del servicio o fuera del servicio, en el ámbito de las jurisdicciones militares (incluye casinos, clubes, quinchos, etcétera)”. También dispuso la “elaboración de una norma particular que regule la organización y desarrollo de actividades sociales en el ámbito de la fuerza”.
Además, tal como continúa el comunicado, esta norma deberá incluir expresamente “las instrucciones en relación con bienvenidas o despedidas de socios, como así también la finalización de cursos, las cuales deberán contar con la expresa autorización del titular del organismo que se trate y, además, ser presididas por el titular del mismo”.

El texto de la fuerza enumera además un “mensaje con una exhortación, reflexiones y órdenes particulares del jefe del Ejército para ser leído por el titular de cada organismo a los oficiales y suboficiales”.
La medida se da a raíz del trágico hecho sucedido el 19 de junio pasado, cuando el subteniente Chirino, de 22 años, participó de un rito de ‘bienvenida’ en el que habría sido forzado o instigado a beber alcohol en la guarnición militar de la localidad fronteriza de Paso de los Libres, a 370 kilómetros de la Capital provincial.
La autopsia realizada al cuerpo del joven de 22 años, oriundo de la ciudad de Río Cuarto, determinó que el deceso se produjo por broncoaspiración. La víctima, había egresado del Colegio Militar de El Palomar después de estudiar durante cuatro años. Había sido trasladado hace unos pocos días al Grupo de Artillería Nº 3 de Paso de los Libres, en Corrientes, para completar su instrucción como oficial de la fuerza. Su objetivo era instalarse en ese cuartel durante los próximos seis meses.

“A él lo mataron, tienen que ir presos, fue abuso de autoridad. Voy a hacer todo lo posible para que se haga Justicia”, había afirmado Ezequiel Chirino, el padre del subteniente fallecido.
A su vez, el hombre sostuvo: “Le dijeron que tenían que hacer la bienvenida y le exigen a él y a dos más, comprar bebidas en exceso, carne, cigarrillos, whisky, postre y llevárselo a sus superiores”. Y agregó: “A la noche comienza el protocolo, comer y exigirle a mi hijo que tome, porque en el Ejército eso es una tradición, cualquiera lo sabe”.
Según explicó el padre, en diálogo con Radio Dos, el ritual aún tenía una segunda parte: “A cierta hora de la noche los hacen tirar a una piscina, con el frío que hacía en Paso de los Libres, y después los mandaron a seguir comiendo y tomando. Ellos le exigían tomar, lo obligaron y pasó lo que pasó, se ahogó y le dio un paro”.
Representantes de la querella en la causa que investiga la muerte de Chirino requirieron una segunda autopsia y que los oficiales participantes del denominado “ritual de iniciación” sean imputados por homicidio, según uno de los abogados de la familia de la víctima.
A raíz de esto, el Ejército radicó una denuncia en la justicia por “abuso de autoridad” y suspendió en sus funciones a dos oficiales y 13 suboficiales. Además se inició un proceso “de revisión de medidas y regulaciones” que derivaron en la prohibición de ingesta de bebidas alcohólicas en los cuarteles, “con el objetivo de desterrar prácticas” como las que causaron la muerte del joven subteniente.
“El uso del poder que realiza un superior, investido de la autoridad legal que le otorgan las leyes y reglamentos militares, no puede afectar, en ningún caso, la dignidad del subalterno, ni producirle algún tipo de daño o menoscabo material o moral”, puntualiza la fuerza en un comunicado.
Casi un mes después, el cabo Michael Natanel Verón tuvo que ser intervenido quirúrgicamente como consecuencia de lesiones en la columna vertebral en el sanatorio Boratti, ubicado en la capital de la provincia de Misiones. Las heridas que padeció Verón también surgieron durante un festejo de características similares. Horas después, las autoridades repudiaron el hecho.
La Secretaría General del Ejército Argentino repudió en aquella oportunidad el ataque que sufrió por parte de sus compañeros Michael Natanael Verón, el cabo de 26 años, quien terminó internado y luchando por su vida debido a las graves lesiones en la columna vertebral que sufrió, al resultar herido con múltiples golpes tras un almuerzo de “iniciación” a la fuerza en la localidad de Apóstoles, provincia de Misiones.

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