
Hasta hace menos de una semana la investigación por el crimen de Lola Chomnalez, la adolescente argentina de 15 años que fue asesinada en diciembre de 2014 mientras veraneaba en la playa uruguaya de Barra de Valizas, parecía estancada. Sin embargo, lo que casi nadie sabía era que una mujer estaba decidida a que el crimen no quedara impune. Y al parecer, encontró el camino. Se trata de Natalia Sandberg, una médica genetista que hace dos años ideó una estrategia de cotejo de ADN que permitió que la Policía del Departamento de Rocha detuviera a Leonardo David Sena (39), el presunto femicida.
En conferencia de prensa, Sandberg brindó sus sensaciones luego del hallazgo e indicó que su principal motor fue la darle respuestas a la familia de la víctima. Dijo que se trató de una investigación compleja que terminó de manera exitosa, y que “siente orgullo” por el trabajo realizado. Además, reveló algunos detalles de su tarea y que su método es inédito.
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“Fue muy emocionante. Lo dejamos todo. Mi sueño siempre fue mirar a la cara a los padres y decirles que lo dejamos todo. Hablé con ellos”, reveló la médica.
Sandberg es encargada desde hace 15 años del Registro Nacional de Huellas Genéticas de la Dirección Nacional de Policía Científica del Ministerio del Interior de Uruguay. Según su perfil de LinkedIn, es magíster en Ciencias Biológicas y está cursando otra maestría en Neurofisiología. Durante su tiempo como funcionaria fue capacitada por el FBI en Estados Unidos y participó en la elaboración del proyecto para la creación de una base de datos genética de la población criminal de su país.
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Además, trabajó como analista en el campo de la genética en otras instituciones médicas y laboratorios.
“Hubo un hermetismo total porque fue un trabajo muy delicado. La idea era no estar avivando a nadie de que esto se estaba llevando a cabo. Mi motivación fue la familia. Ver el caso me conmovió muchísimo”, resaltó. En ese sentido, reiteró que el expediente la movilizó desde el punto de vista sentimental y de buscar “todas las maneras habidas y por haber” que estuvieran a su alcance para aportar en el caso.
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“Nuestro trabajo es hacer búsquedas puntuales, confrontaciones puntuales entre criminales y hechos de casos sin resolver. Lo inédito fue tratar de maximizar ese software que tenemos y buscarle otras patas a la investigación con búsquedas de familiaridad, parentesco y genealogía forense. No me basé en nadie para empezar a gestionar esto”, indicó.
“Cuando me surgió esta idea, la comenté con colegas que tenía en otras partes del mundo y me apoyaron. Para ellos tampoco tenía precedentes. Me apoyaron y me dieron la confianza científica para poder hacer estos hallazgos”, agregó.
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Cuál fue la idea de Sandberg
Durante la investigación del crimen de Lola se encontró en la mochila y en el DNI de la adolescente un perfil de ADN que correspondía a un hombre. En primera instancia, Sandberg cotejó la muestra con el banco de datos del Registro Nacional de Huellas Genéticas, donde está la información de todas las personas que tienen antecedentes penales, pero el resultado fue negativo.
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Fue algo que la funcionaria repitió recurrentemente todos estos años, ya que el banco de datos se actualiza a diario. Pero hasta hace no mucho fue casi inútil.

Y fue en ese contexto que a la profesional se le ocurrió una idea que destrabaría la causa: hacer un análisis de ese ADN por separado. Es decir, discriminar la línea paterna de la materna de su composición.
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Así, cuando cotejó la muestra con la línea paterna el resultado otra vez no fue el esperado. Todo parecía estancarse nuevamente. Pero, la genetista no se rindió: propuso avanzar por el lado materno y descubrió, luego de compararlo con todo el banco de datos, que el ADN del supuesto agresor de Lola coincidía con el de un hombre que estaba preso por otra causa pero sólo tenía vínculo por su madre.
De acuerdo con lo que explicaron las autoriadades, el detenido tenía un “mapa genético” muy parecido al encontrado en las pertenencias de Chomnalez.
A partir de allí se abrió un nuevo camino. Con ese hallazgo, la Policía Científica logró ubicar a la mamá de ese recluso. La Justicia autorizó la extracción de una muestra de la mujer y descubrieron así que aquel preso era medio hermano del hombre que había manipulado la mochila y el DNI de la adolescente argentina de 15 años en el 2014. Además, ese rastro aportado por la mujer coincidió con la muestra hallada hace varios años en las pertenencias de la víctima.
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Otro dato no menor: la madre del sospechoso también declaró ante la Policía que había tenido 11 hijos, y entre ellos aportó el nombre de Leonardo David Sena. Dijo que desde chico él vivió con una familia en la zona de La Paloma o Rocha, porque lo había dado en adopción. Ya con una identidad y un lugar algo delimitado, el cerco comenzó a hacerse más pequeño.
Sin embargo, no podían dar con él. De hecho no tenían la certeza de que fuera la persona que estaba buscando porque de los 11 hijos, ocho son hombres. De esos, sabían que tres tenían antecedentes penales pero también contaban con la certeza de que no habían matado a Lola porque sus ADN estaban en el registro y no coincidían con los rastros de la mochila y el DNI de Chomnalez.
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El objetivo entonces se centró en cinco personas pero los investigadores se enfocaron en uno solo. El de Sena, ya que tenía antecedentes por violación y violencia. El motivo de que su huella genética no haya sido encontrada en el banco de datos de Policía Científica es porque este registro se creó en 2012, y los delitos los había cometido en 2003 y 2009.
Hasta ese momento no sabían dónde estaba el sospechos. Sin embargo, surgió otro giro inesperado. Irónicamente, Sena denunció la semana pasada haber sido víctima de un robo en la ciudad de Chuy, en la frontera con Brasil, lo que permitió ubicarlo: brindó todos sus datos personales.
Con esa información, la Justicia ordenó el allanamiento de su vivienda. El sospechoso dijo no saber por qué lo buscaban y se negó a realizar la prueba de ADN. Fue por eso que, con la orden del juez, los policías se llevaron un cepillo de dientes y así lo cotejaron con las muestras genéticas del crimen de Lola. El resultado coincidió con los rastros hallados en las pertenencia de la adolescente y finalmente quedó detenido por el delito de homicidio muy especialmente agravado. Podría enfrentar una pena de entre 15 y 30 años de prisión.
“Lo que varió fue las configuraciones de búsqueda que se le imponen al software. La versión que tenemos nosotros del FBI no está hecha para hacer este tipo de búsquedas de familiaridad ni parentesco, por lo que fue encontrarle la vuelta al software, y desafiarlo para poder llegar a los resultados como los que hoy tuvimos”, remarcó la genetista.
Sandberg dijo que la base de datos de Policía Científica cuenta con “más de 80.000 perfiles genéticos de criminales”, que fueron necesarios para establecer “familias de criminales” y, posteriormente, “poder convertirlo en un hallazgo genético”.
Finalmente, la científica aseguró que otro de los motores fue buscar la forma de modificar el software de cotejo de datos, ya que el nombre de la persona que buscaban nunca iba a aparecer si seguían haciendo lo mismo. “Ojalá se me hubiera ocurrido antes pero fue hace dos años que me surgió la idea”, concluyó.
El crimen de Lola
El sábado 27 de diciembre de 2014, Lola Chomnalez viajó a Uruguay y se alojó en la casa de su madrina, Claudia Fernández. Al día siguiente, la adolescente salió a caminar por la playa y desde allí no se supo de ella. De inmediato, su familia radicó la denuncia e inició una intensa búsqueda. 48 horas después, su cuerpo fue encontrado en una zona de médanos ubicada a 4 kilómetros de la vivienda de su familia.
A partir de la autopsia, los peritos determinaron que la joven tenía varios cortes en su cuerpo, los cuales fueron realizados con un arma blanca. Además, se constató que murió por asfixia por sofocación. Para la fiscalía, al ser atacada la adolescente intentó escapar corriendo pero fue alcanzada y no solo la hirieron con un arma blanca sino que la golpearon en la cabeza. Al intentar pedir auxilio, los atacantes le apretaron la cara contra la arena y murió asfixiada.
En el marco de la investigación por el asesinato de Lola ya había un detenido, acusado de “encubrimiento”, Ariel Moreira, un cuidacoches apodado “El Cachila”, para quien la fiscal Pereira solicitó el mes pasado una condena a 10 años de prisión.

Tras su detención, “El Cachila” reconoció que se había cruzado con la víctima pero negó el crimen. Si bien su ADN no fue encontrado en las pertenencias de la adolescente, la fiscalía convalidó las pruebas psicológicas, psiquiátricas y semiológicas que determinaron que tenía una personalidad con tendencia “a la mitomanía”, a “irritarse fácilmente y perder el control de sus impulsos”. Sumado a dichos rasgos, se identificó un patrón de “desprecio y violación de los derechos de los demás”.
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