
En el mediodía de ayer lunes, la fiscal Marcela Juan recibió el llamado del forense que había practicado la autopsia al cuerpo de Ana Patiño Fabro, la bebé asesinada el sábado en un inquilinato de VIlla Albertina, zona de Ingeniero Budge, supuestamente estrangulada por su abuela, abandonada por su madre adolescente. Ambas mujeres ya habían sido detenidas. La abuela, Bettina, había sido arrestada el homicidio agravado por vínculo de la bebé tras llevarla ya sin vida a la salita sanitaria del barrio. V., la madre, de 17 años, que fue linchada a golpes por sus vecinos, por abandonarla y golpearla.
El estudio no solo confirmó la sospecha inicial del caso, que Ana, de apenas tres meses, había muerto estrangulada, con lesiones en el cuello obvias a simple vista que fueron certificadas por un médico legista. Ana también había sido atormentada durante semanas antes del crimen. En su cuerpo había rastros de hematomas provocados por golpes, heridas de diversa data, algunas antiguas, otras recientes. El cadáver de Lucio Dupuy, asesinado en La Pampa, supuestamente por su madre y su madrastra, tuvo el mismo diagnóstico en su autopsia que reveló que fue golpeado una y otra vez, quemado con cigarrillos.
Poco después, Bettina Fabro, la abuela, se negaba a declarar. En la Comisaría 10° de Budge había contado una historia inverosímil cuando la llevaron detenida, un cuento que nadie podría creer de cara a las fotos del cuerpo de su nieta. Aseguró, verborrágica, que nunca había visto las lesiones en el cuello de la bebé, que “ya estaba así” cuando la llevó a la sala médica Finochietto a tres cuadras de su casa.

Hoy, madre e hija siguen detenidas. Bettina, dada la imputación en su contra, tuvo que ser alojada en un celda de otra jurisdicción, tal como la madre y madrastra de Lucio Dupuy: las internas en las comisarías de Lomas de Zamora le juraron la muerte si se la cruzaban. V., la madre de Ana, qure enfrenta una adicción a las drogas, también parece una pieza en la trama de la muerte. Solía dejar su casa durante varios días, con denuncias por averiguación de paradero y fugas de hogar desde sus 14 años. En diciembre pasado, se ausentó durante más de una semana para luego volver.
También es madre de otra nena, de un año y medio. Cuando se iba, las dos menores quedaban con su madre. Así, se configuró la imputación en su contra por abandono de personas. Pedro, la ex pareja de Bettina y padre de V., declaró ayer en el expediente. Aseguró que Bettina y su hija tenían una relación conflictiva, marcada por agresiones constantes.
En el medio de todo, la fiscal Juan se encontró con un testimonio inquietante que podría esclarecer lo que pasaba en esa casa: el del padre de la hija mayor de V., la bebé sobreviviente, un chico del barrio, un adolescente.

La investigadora lo conoció el sábado, cuando llegó a la escena del hecho. Aseguró que había peleado durante meses para darle el apellido a la nena, que V. se lo había negado y que hasta habría existido una orden de restitución de un juez de familia, algo que la fiscalía deberá corroborar. Luego, le contó una historia cruel. Aseguró que en diciembre, V. se apareció en su casa con una fuerte herida en la cabeza, abierta e infectada. Mientras la atendían y la curaban, la menor aseguraba que su propia madre la había golpeado, que estaba harta que su propia madre la golpeara a ella y a sus hijas.
Poco después, la fiscal dispuso un reconocimiento médico para la bebé sobreviviente, con la intervención del Servicio local. La hija mayor de V. ya está al cuidado de su familia paterna. En los tribunales, sin embargo, nadie se presentó por la familia paterna de la bebé asesinada en los tribunales de Lomas de Zamora. El padre de la bebé muerta, según versiones en el barrio, sería un trapito, un cuidacoches con quien V. no tendría mayor relación.
Con todo este mapa, la fiscal Juan hoy investiga la ruta de violencia que llevó a la muerte de Ana en registros médicos de salas y hospitales de la zona, así como en el Servicio local, para saber si efectivamente existen en el sistema indicios previos de lo que pasaba en esa casa. Fuentes cercanas a la familia aseguraron que el propio abuelo Pedro supuestamente llevó a Ana a la sala médica del barrio por un corte en una oreja semanas antes del crimen. Sin embargo, Pedro no mencionó esto en su declaración testimonial.
Hay, sin embargo, otra visita de la bebé a una guardia. Ocurrió en diciembre último en el hospital Alende, también en Ingeniero Budge. Allí, fue llevada por su V., su mamá. Ana presentaba signos de deshidratación y desnutrición, pero no constan indicios de golpes. El dato aún no fue incorporado de manera formal a la causa.
Mientras tanto, se esperan otras medidas de prueba. La fiscal Juan baraja la chance de pedir en los próximos días un informe psiquiátrico completo para Bettina. El rol de V., si es víctima ella misma de una historia de violencia en su propia casa o una partícipe necesaria en el crimen de su hija, queda por verse. La línea, por lo pronto, parece delgada.
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