
Diego Nahuel Quintanilla cayó este martes por la tarde tras semanas de moverse y huir. Desgastado por la presión luego de que Infobae publicara su imagen, escapó de su barrio en Moreno y se refugió en la Villa 31, donde la división Delitos Tecnológicos de la Policía Federal le seguía el rastro. Poco antes de las 18, Quintanilla, según fuentes del caso, se presentó en la ex Comisaría N° 45 cercana al asentamiento de Retiro para ser esposado. Temiendo ser linchado, finalmente se rindió.
La historia que la Justicia le cuelga en su espalda es aberrante.
El 9 de abril pasado, según la acusación en su contra, ingresó al departamento en la calle Austria de una mujer de 36 años con un avanzado retraso madurativo, luego de semanas de chatear con ella tras conocerla en la red social Badoo. Le había mentido. Quintanilla dijo llamarse “Matías”, le aseguró que hasta habían sido compañeros en la misma escuela especial. Hizo berrinches, le reprochó a la mujer que “no lo amaba”, que “no lo quería ver”. Así, logró convencerla. Acordaron verse para un almuerzo en el departamento de Recoleta, bajo la supervisión de la madre de la mujer, que también tiene una discapacidad mental, más leve que la de su hija. Para la visita, pidió como condición que “Matías” sea acompañado por su propia madre.
Prepararon la mesa. Hasta compraron helado para el postre. “Matías” llegó con otro hombre y una mujer de 41 años, que dijo ser efectivamente su mamá. Tras el helado, la mujer en la cocina fue reducida por la madre del invitado y el otro hombre, atada a una silla, humillada con violencia. En la otra habitación, el hombre de Moreno se abalanzaba sobre J. para violarla y golpearla. La ató del cuello con una sábana, que luego amarró a los barrotes de la cama.
Después, los tres huyeron con un bolso tras robar varias pertenencias, entre ellas el celular Samsung de J. y las zapatillas de la madre; cámaras de seguridad los filmaron en el camino. Los vecinos de J. acudieron al oír los gritos. La denuncia fue realizada a la Policía de la Ciudad poco después, con la fiscal Mónica Cuñarro, que subroga la Fiscalía N° 7, a cargo de llevar adelante el expediente. La víctima fue analizada en el Hospital Fernández: las médicas del lugar encontraron más de una decena de lesiones en diferentes partes de su cuerpo.
La división Delitos Tecnológicos y la Dirección de Lucha Contra el Cibercrimen de la Policía Federal comenzaron un trabajo exhaustivo y altamente técnico. Se hizo un seguimiento de todas las cámaras del Gobierno porteño desde la calle Austria hasta la estación Palermo del tren San Martín: el violador y sus cómplices se habían fugado a pie. Quintanilla fue identificado por un error muy simple. Le robó el celular a su víctima y luego comenzó a usarlo, con su cuenta de WhatsApp incluida.
Quienes tenían agendada a J. vieron la cara de un desconocido junto al teléfono de la mujer de Recoleta: puso su foto descaradamente en el perfil, ni siquiera había cambiado el número, su propia víctima lo reconoció. Deberían haber encontrado a Quintanilla de inmediato, pero el presunto violador tomaba una precaución que impidió triangular las antenas de celulares y dar con su ubicación exacta: empleaba el teléfono por pocos minutos a la vez, siempre conectado por wi-fi. Así, lograba eludirse por poco.
El domingo pasado, su hermano Lorenzo y Cinthia Cabral, madre de dos hijos, su cuñada, fueron arrestados por la PFA en Moreno, acusados de ser los cómplices en el almuerzo que terminó en violación y robo. Les incautaron ocho celulares que podrán ser peritados.
Infobae también accedió a su historia en el delito registrada en los tribunales porteños y bonaerenses. Tiene tres condenas en su prontuario: la violencia contra las mujeres parece ser su marca.

El 24 de noviembre de 2016, Quintanilla, oriundo del barrio Mitre de San Miguel, comenzó a discutir con su pareja mientras caminaban por Costanera Sur, sobre la avenida España. Frente a un policía, Quintanilla la abofeteó y luego comenzó a golpearla a patadas en la pierna izquierda. El policía presente allí lo arrestó de inmediato. Ya reducido, el hoy acusado de violación le gritó: “Mirá lo que me hiciste. Cuando salga te voy a matar”.
El caso luego fue elevado a juicio en 2017, con Quintanilla representado por un defensor público ante el tribunal integrado por la jueza Patricia Cusmanich. El acusado aceptó su culpa, con una firma de un juicio abreviado para una pena de nueve meses de cárcel en suspenso. Sin embargo, el prontuario le jugó en contra. La condena firmada 23 de agosto de 2017 revela un cómputo total: recibió dos años y cinco meses de cumplimiento efectivo.
El Juzgado Correccional N° 1 de San Martín ya lo había sentenciado el 13 de noviembre de 2013 a un mes de prisión de ejecución condicional por un intento de robo simple. Dos años más tarde, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de la misma jurisdicción le dio un año y seis meses, también en suspenso, por otro intento de robo, un escruche en una casa. Los registros indican que había recuperado la libertad meses antes del ataque en Recoleta, tras pasar gran parte de 2020 en un penal federal.
Así, tras su nueva caída, se espera que Diego Quintanilla sea trasladado a una celda de la PFA, para luego comparecer ante el juez del caso, Edmundo Rabbione.
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