
Alejandro Miguel Ochoa, el motochorro de 55 años detenido anoche, acusado del robo y asesinato de la psicóloga María Rosa Daglio en Ramos Mejía, se sentó este mediodía frente al fiscal del caso, Federico Medone, titular de la UFI Temática Homicidios de La Matanza, y tras negarse a declarar por el delito de homicidio en ocasión de robo comenzó a llorar: “Me voy a morir en la cárcel”, soltó mientras caían lágrimas de sus ojos, según aseguraron las fuentes a Infobae. Ochoa, quien debería haber estado encerrado en un calabozo por el largo prontuario que carga, pero fue beneficiado por prisión domiciliaria en medio de la pandemia del coronavirus, fue arrestado anoche por la Policía Bonaerense en su domicilio de la localidad de Castelar, tras una meticulosa investigación llevada a cabo por el fiscal Medone.
En el operativo realizado ayer a última hora participó la Policía Bonaerense con efectivos de la DDI local, el área de Narcotráfico de la jurisdicción y la Comisaría 2° de Ramos Mejía. En su domicilio se encontraron las ropas que habría vestido al momento del ataque a la psicóloga, y en otra casa cercana fue hallado el casco que utilizó en el robo.
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Mientras tanto, la autopsia realizada al cuerpo de la víctima lo incrimina severamente. María Rosa Daglio golpeó duramente su cabeza contra la vereda cuando intentó retener sus pertenencias. Fue trasladada de urgencia al Hospital Haedo donde luego de unas horas se confirmaría su muerte. En la autopsia realizada en la Morgue Judicial de Morón se reveló que la psicóloga murió a causa de los golpes recibidos. En efecto, se trató de un paro cardiorrespiratorio de naturaleza traumática. La autopsia indicó la existencia de costillas rotas y lesiones en el bazo. De esta forma, el motochorro fue imputado por el delito de homicidio en ocasión de robo y este mediodía se negó a declarar.

Por otro lado, según reveló Infobae, Ochoa era un viejo conocido para la Justicia. El hombre había sido uno de los delincuentes beneficiados para dejar la cárcel bajo la excusa de la pandemia a mediados del año pasado. El 29 de abril de 2020, luego de recibir la prisión domiciliaria con una decisión de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata firmada por el juez Marcelo Riquert, juró que se quedaría en su casa de Castelar junto a su mamá, su hermano discapacitado y su hijo pero en lugar de eso salió a robar. También prometió que cada 15 días pasaría por un juzgado a notificarse pero nunca lo hizo.
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La Justicia tardó seis meses en darse cuenta y ordenar que vuelva a la cárcel pero nunca lo fueron a buscar. Recién se interesaron cuando en todos los medios se difundió el video del violento robo a Daglio y se conoció que había muerto a raíz de los golpes en su cabeza. No solo eso: según registros consultados por el fiscal Medone, fue detenido en 2020 tras su salida por supuestamente cometer un robo en Morón.
El 17 de febrero de 2016, Ochoa, de acuerdo a la condena, salió con su moto a robar por la calle Pellegrini en Mar del Plata. Primero le quitó la cartera a una mujer mayor y luego, en su raid delictivo, intentó arrebatarle la mochila a una chica. En el segundo caso la situación se complicó porque el brazo de la víctima quedó enganchado y fue arrastrada por la moto. La situación terminó con Ochoa detenido y la chica en el hospital con su brazo derecho fracturado en tres partes distintas.
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Por este delito Ochoa fue condenado a 8 años y 4 meses de prisión acusado de robo agravado y lesiones graves. Debía permanecer en la cárcel de Batán hasta el año 2024 pero algo interrumpió su estadía en ese penal: la pandemia del COVID-19.
Con la llegada de la pandemia, su abogada defensora, Fabiana Andrea Danti, le solicitó al Juez de Garantías N°1 Ricardo Perdichizzi, que se le otorgue prisión domiciliaria porque, según su escrito, sus patologías previas como el EPOC y una infección urinaria podrían exponerlo por demás al virus.
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“Esta parte requirió la inclusión del encartado en un régimen de prisión domiciliaria debido a que el mismo, por su estado de salud y teniendo en cuenta la gravísima situación de hacinamiento en la que se encuentran las cárceles bonaerenses, requiere una protección individualizada por considerarse población de mayor riesgo ante el COVID-19”, expresó la letrada en un documento al que tuvo acceso Infobae.
Luego agregó: “De los informes obrantes en autos, así como las numerosas resoluciones que se refieren al estado de salud de mi defendido, surge que Ochoa en reiteradas oportunidades demandó que se le brinde la atención médica pertinente en relación a los problemas urológicos que lo aquejan y aun así no recibió la asistencia profesional pertinente”.
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En una primera instancia el juez Perdichizzi le negó a Ochoa ese beneficio a pesar de que regía en los juzgados de garantías bonaerenses el habeas corpus aceptado por el juez de Casación Víctor Violini donde se fijaban ciertos parámetros para enviar a domiciliaria a detenidos que cumplieran ciertos parámetros en el marco de la pandemia.

En su resolución el magistrado aclaró: “El causante (Ochoa) no cuenta con 65 años de edad (factor determinante en relación al riesgo de vida en caso de contraer infección por COVID-19) ni surge de la pericia realizada que, más allá de su patología denunciada (EPOC) la misma no pueda ser tratada en el medio de encierro (Batán). En consecuencia, no advierto que se dé a su respecto la manda del art. 10 CP, siquiera dentro del marco de análisis específico que la pandemia de COVID-19 impone en el resguardo de la vida de los detenidos a disposición de este Juzgado”. Sin embargo, no conformes con esta resolución, el acusado y su defensora apelaron la medida y llegaron hasta la Cámara de Apelaciones donde las cosas les resultaron mucho más favorables.
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En un fallo del 29 de abril del 2020 al que accedió Infobae, el juez Marcelo Alfredo Riquert revirtió la decisión y ordenó que Alejandro Miguel Ochoa saliera de la cárcel y fuera directamente a su casa en el oeste del conurbano bonaerense, en Castelar, junto a su familia. El juez hasta valoró como positivo que Ochoa haya realizado talleres de yoga, teatro y ajedrez.
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