
El análisis minucioso a los teléfonos secuestrados al neurocirujano Leopoldo Luque y a la psiquiatra Agustina Cosachov, en el marco de la causa que investiga la muerte de Diego Maradona por un posible homicidio culposo a causa de negligencias u omisiones en su tratamiento, comenzó unos 20 días después del 25 de noviembre del 2020 cuando el astro del futbol mundial falleció. Los investigadores dividieron tareas por la gran cantidad de conversaciones y audios que surgieron del peritaje en turnos diarios de 14 horas.
Las revelaciones fueron muchas: las conversaciones de Luque con Cosachov y otros en los minutos previos a la muerte, con frases de total desparpajo y mezquindad, ciertamente sorprendieron. A los pocos días se produjo un hallazgo en un chat de WhatsApp de Luque que llamó la atención y que fue rápidamente incorporado al expediente y chequeado por la Justicia con médicos, una posible alerta en la salud de Diego que fue ignorada sin un tratamiento siete días antes de su fallecimiento.
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El 18 de noviembre, seis días después de la salida de Diego de la clínica Olivos y a siete del día de la muerte se da una conversación entre Luque y un integrante del staff médico que había pasado a ver a Diego. Allí, el neurocirujano le pregunta si había podido ver al astro y su interlocutor le responde: “Hola Leo. Para atrás. En la cama hace 48 horas, ánimo ultra irritable. Domingo había estado impecable, era el Diego del 86. Agus (Cosachov, la psiquiatra) va a meterle más medicación para una bipolaridad, por lo visto viene por ahí… ciclador rápido”.
Esta misma persona continúa el diálogo con un mensaje que en cualquier caso, menos en este, hubiese sido motivo de alarma: “También está muy hinchado”.
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Según cuatro fuentes médicas consultadas por este medio, en un paciente con los antecedentes cardíacos de Maradona -muerto finalmente por una insuficiencia en su corazón, con el órgano lesionado por varios microinfartos a lo largo del tiempo, incluso días antes de su fallecimiento- el hecho de que esté edematizado, es decir hinchado, debería ser motivo suficiente para llamar la atención de quienes lo debían asistir.
Luque responde: “Está hinchado porque está en decúbito (acostado). No le enviaría un médico. Necesita espacio”. Luego cambian de tema de conversación y la advertencia queda en la nada. La escena no parece ser nueva: Dalma y Gianinna declararon en la Justicia luego de la muerte de su padre que lo habían notado con los párpados hinchados.
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“En cualquier caso de un paciente con antecedentes cardíacos, y más uno que salió de una internación hace tan poco, que esté hinchado debería ser motivo de alarma y de que lo vea un clínico para poder determinar entre otras cosas los signos vitales, el ingreso y egreso de líquidos, auscultarle el corazón y demás”, dice una fuente médica.
Según lo que surge en la conversación, y por lo que tiene comprobado la Justicia, no se habría realizado nada de eso.
Para empezar, no había ni siquiera un cardiólogo en el plantel de especialistas que controlaban a Maradona: la fiscalía general de San Isidro cuenta con información que indica que la psiquiatra Cosachov le habría recetado el antidepresivo venlafaxina, presente en la orina al momento de la autopsia y contraindicado para sus históricas patologías cardíacas. Por otra parte, la actitud de Luque al desatender la hinchazón de Diego una semana antes de su fallecimiento era parte de un cuadro mayor.
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En paralelo, Jana, hija de Diego con Valeria Sabalaín, presionaba para que su padre fuera a un hospital. El neurocirujano, que aseguró en una carta a la Justicia de Miami ser el responsable integral de la salud del ídolo, claramente no tenía esa idea.

El 9 de noviembre se produjo otro diálogo entre Luque y un miembro del círculo íntimo de Maradona en el que el neurocirujano le contaba las alternativas de una reunión en la que la familia, los médicos personales del Diez y los especialistas de la clínica decidían si lo mejor era una internación domiciliaria o una en un nosocomio especializado.
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La posición de Jana era la de internar a su padre en un instituto especializado y eso a Luque, al parecer, lo enojaba: “Jana es una pelotuda de mierda. Así nomás te lo digo. Quiere internarlo”.

“¿Y las otras qué dicen?”, pregunta el interlocutor. A lo que Luque responde que están también de acuerdo con la internación en un hospital. “Diego los va a mandar a cagar a todos”, cierra el neurocirujano.
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Finalmente, prevaleció la opinión de Luque y Maradona fue al country y no a un sanatorio. El final es conocido por todos. Para los fiscales, lo que pasaba en el country San Andrés era efectivamente una internación domiciliaria, una sumamente defectuosa, sin un llamador de cama a la vista, un desfibrilador, ni siquiera un tanque de oxígeno o suero. Por lo pronto, se espera que se defina la fecha del evento que será clave para determinar la imputación de homicidio culposo: la junta médica, a cargo de especialistas de la Asesoría Pericial de la Procuración, que serán los encargados de definir, junto a posibles peritos aportados por las partes, si Maradona sufrió efectivamente una mala praxis.
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