
Blanca Liria Ferreyra, de 88 años, murió tras ser brutalmente golpeada en el cráneo en la cocina de su casa de la pequeña localidad de Nueva Atlantis, cercana a Mar de Ajó en el Partido de la Costa. Su hija fue quien descubrió su cadáver: el análisis médico-legal reveló una fractura en su cabeza, además de un dedo quebrado en una de sus manos, heridas claramente defensivas en sus brazos. La entrada no había sido forzada, la casa no estaba revuelta. Solo faltaban 100 mil pesos, que Blanca solía ocultar en una cajita de metal en su casa de la calle Olmos. Su marido, postrado en una cama, anciano, con un impedimento del habla, había salido ileso.
La hija de Blanca, al declarar como testigo ante la Sub DDI de la Costa de la DDI de Dolores, había hablado de un hombre al que habían echado por husmear en las cosas de la casa, un enfermero de Mar de Ajó que apenas había trabajado unos meses para Blanca. Sin embargo, el enfermero quedó rápidamente descartado.
En el charco de sangre alrededor del cadáver de la víctima había una pisada clara de una zapatilla que hasta ahora no fue encontrada. Sin embargo, la pisada tenía un talle claramente discernible, el mismo de Blanca P., vecina de Blanca Liria, de 71 años.
Blanca P. declaró como testigo al comienzo de la causa a cargo del fiscal Martín Prieto. Hoy, esa declaración ya es inválida. Blanca fue detenida poco después del crimen: hoy, es la única imputada del brutal crimen. El presunto móvil: matar por plata, los 100 mil pesos en la latita.
Una fuente del caso asegura a Infobae: “Su relato fue contradictorio, dijo mentiras, que no conocía a la víctima, mintió su descripción de dónde se encontraba al momento del hecho. Sus dichos fueron desvirtuados por otras pruebas”.

Los policías que le tomaron su declaración inicial sospecharon rápidamente. En principio, Blanca le había dicho a la Bonaerense que tenía una amistad con la victima y que Blanca Liria le había prestado diez mil pesos, pero “en su declaración formal se desdijo de todo y cambió rotundamente su testimonio, negó tener una amistad con la victima y que solo le había prestado una suma menor de plata”, asegura otra fuente.
No solo hay testigos que la ubican en la casa de la víctima: se detectaron manchas de sangre en el picaporte de la puerta de entrada de su casa y la reja que podrán ser peritadas. Luego se allanó una casa vinculada a Blanca P., hoy deshabitada. La presunta arma homicida, un palo de amasar, fue encontrada quemada en el fondo. Había más manchas rojas en un trapo de piso, en una tira de cortina, en un billete de $200. Había plata: 46.500 pesos, que fueron incautados, junto con un celular y un cuaderno con anotaciones. Testimonios recibidos por la Justicia señalan que la mujer aseguraba no tener dinero y que solía pedir prestado.
Como imputada, Blanca se negó a declarar. El Juzgado de Garantías N°4 de Dolores firmó su detención. La calificación en su contra es la de robo agravado por el uso de arma impropia en concurso real con homicidio.
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