
Hasta el cierre de esta nota, poco después de las 15 horas, la Policía Bonaerense y la UFI N° 10 a cargo de la fiscal Mariana Suárez no sabían de quién es el cadáver que el escribano y abogado Ricardo Baladía había descuartizado y lanzado en partes al agua del río Luján, a escasa distancia de la célebre catedral del municipio. Todavía ni siquiera se pudo identificar con exactitud científica el género del cuerpo, ya que no habían sido encontrados los órganos genitales.
El escribano, al ser sorprendido por los efectivos de la Comisaría 1° de la zona, primero dijo que no sabía qué pasaba, que estaba perdido, desorientado, bajo tratamiento psiquiátrico. Luego de que lo detuvieran, Baladía, de 56 años, contó una historia: ya encerrado en la comisaría dijo que el desmembrado había entrado a robarle a su oficina en Morón, que lo mató a tiros y luego cortó el cuerpo en partes.
La oficina fue allanada a las 3 de la mañana: el test de luminol reveló gran cantidad de sangre en piso y paredes, lavada con una hidrolavadora. Se cree que Baladía comenzó a desmembrar el cuerpo en su propio estudio para continuar frente al río Luján. Una gran cantidad de fragmentos de vísceras fue hallada en un contrapiso de cemento a la vera del río.
La autopsia en la morgue de Chivilcoy había comenzado con un rompecabezas incompleto: Policía Científica recuperó en un primer momento el torso del cadáver que flotaba en el agua cerca de la orilla, una pierna que fue encontrada en el BMW modelo 98 de Baladía, estacionado a pocos metros de donde lo encontraron en la zona de Recreo Colonial, donde las familias van a pasar los domingos a la tarde, un lugar densamente oscuro por la noche, sin luz artificial. El resto fue encontrado durante el día.
El río Luján actualmente tiene poco caudal, poca agua, pero gran cantidad de sedimento. Los policías entraron al agua con postes, intentando ver a ciegas qué había en el limo. La cabeza fue encontrada a mediados de la mañana de hoy, cercenada en dos, a 50 centímetros de profundidad. El rastreo del cuerpo estaba casi completo para comienzos de la tarde: solo faltaba un antebrazo, los genitales. El desmembramiento, parte por parte, articulación por articulación, había sido casi total.
Dentro del BMW, además de sangre y restos humanos, había un DNI tarjeta, número 29 millones. Le correspondía a Miguel Alejandro Pereyra, un hombre de Castelar de 42 años, vecino de la casa familiar de los Baladía: su domicilio queda a apenas 14 cuadras de distancia.
“Es mi jardinero”, dijo Baladía después de la detención, en medio de su monólogo. Pereyra, de acuerdo a registros previsionales, no tuvo ningún empleo en blanco en la última década. La UFI N° 10 logró contactar a su familia, que viajaba a Luján a mediados de la tarde para declarar e intentar reconocer el cuerpo. Ellos podrán decir si efectivamente Miguel Alejandro es la víctima, y qué lo unía al escribano, más allá de cortarle el pasto.
Por otra parte, el monólogo en el calabozo es difícil de creer. “¿Por qué la perversidad de un desmembramiento de estas características?”, se preguntan los investigadores. Podría haber alegado una legítima defensa, en vez de descuartizar un cuerpo y viajar más de 50 kilómetros para descartarlo. La familia de Baladía, su padre, asegura que el escribano era un legítimo usuario de armas de fuego, que le habían entrado a robar al estudio a comienzos de este año. “Ese robo ocurrió, pero no tiene relación con el caso", dice una fuente clave en el expediente.
Baladía será indagado hoy. Los resultados de la autopsia todavía se esperan.
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