
El miércoles último por la mañana, el iPad que fue encontrado entre las pertenencias de Natacha Jaitt cuando fue hallada muerta sobre el colchón king size del salón de bailes Xanadú, el 23 de febrero de 2019, entró a un laboratorio pericial otra vez. Tras el intento fallido de la semana pasada, especialistas de la Policía Bonaerense en La Plata intentaron desbloquearlo para ver sus contenidos y crear una copia forense para el análisis de la Justicia: no pudieron hacerlo nuevamente. El sistema operativo del iPad, viejo, desactualizado, fue el desafío tecnológico que impidió que la tablet Apple encienda. Alejandro Cipolla, el abogado que representa a la familia Jaitt constituída como particular damnificada en el expediente que investiga su muerte, incluyó entre sus cálculos citar a la Policía Federal para que aplique la misma tecnología que se usó para abrir los dispositivos Apple de los rugbiers acusados de matar a golpes a Fernando Báez Sosa.
Si todo falla, Cipolla medita presentar una denuncia por el presunto delito de incumplimiento de deberes de funcionario público. Para él, no puede ser que ese iPad no encienda. Finalmente, fuentes de la causa apuntaron: “Se va a hacer con el software UFED, todavía no hay fecha".
Pero lo cierto es que, del lado de la investigación, no se espera encontrar ninguna prueba concluyente.
Para empezar, confirman fuentes del caso a Infobae, el dispositivo no contiene un chip que le permita emplear aplicaciones de chat como Telegram o WhatsApp: las únicas conversaciones que podría mantener con ese iPad serían a través de redes sociales.
Por otra parte, Natacha tenía un celular, un Samsung, que tiene una historia curiosa: el productor Raúl Velaztiqui Duarte, presente en el Xanadú en la noche de la muerte, terminó acusado de mentir en sus declaraciones cuando reconoció que había tomado el teléfono “para resguardarlo”, mientras le decía todo lo contrario a los investigadores de la causa. El fiscal Sebastián Fitipaldi, uno de los tres que intervienen en la causa, encontró el Samsung escondido en la camioneta Ford Adventure Roja del productor, estacionada en el parking del salón.
La inspección de las 11 cámaras de seguridad del salón hizo el resto. Una de ellas lo mostró a Velaztiqui entrando a su camioneta para luego volver al Xanadú. El tiempo de esa imagen es un poco inquietante. Para ese entonces, los paramédicos que intentaron revivir a Natacha ya estaban en el lugar. Velaztiqui fue aprehendido e indagado.
Ese Samsung fue abierto con éxito tres semanas después. Ulises, hermano de Jaitt, relataba cómo se habían extraído aproximadamente 8 mil videos, 10 mil imágenes y 300 conversaciones. Ese material consta en la causa y fue analizado. Cerca del expediente reconocen: “No se encontró absolutamente nada llamativo, nada que abone una hipótesis de un crimen, ningún contenido que muestre a personalidades reconocidas en situaciones comprometedoras”.
Cerca de la familia Jaitt, una voz clave coincide: “No hay nada relevante”.

Los últimos chats de Natacha encontrados en el teléfono, aseguran estas fuentes, detallan el arreglo para ir al salón Xanadú esa noche a discutir una oferta de trabajo para hacer comedia stand up. “No se habló de otra cosa”, asegura alguien que leyó las conversaciones. Ni siquiera hay discrepancias con las declaraciones testimoniales, por otra parte.
Los fiscales del caso trazaron una red de llamados y dichos de los involucrados en la fiesta como Gonzalo Rigoni, dueño del Xanadú: lo que se encontró en los teléfonos se condice con lo que declararon en las testimoniales.
Así, la apertura del iPad se convirtió para la causa en una suerte de última formalidad. Hace tiempo que los investigadores se preparan para pedir el archivo final del expediente y cerrarlo por lo que es, al menos para ellos, la trágica muerte accidental de una mujer afligida por el consumo de drogas.
La falta total de pruebas no es el único factor. Con respecto a la muerte de Jaitt, la autopsia es la clave. El reporte escrito en la Morgue de San Fernando apuntó un daño extenso a sus órganos. No murió solo por una falla cardiorrespiratoria. Eso fue solo la síntesis, el fenómeno final.
Natacha tampoco perdió la vida por la cocaína que encontraron en su nariz, sino por una acumulación de muchas cosas. Tenía 41 años. Sin embargo, su cuerpo deteriorado colapsó por dentro.

Los forenses en la morgue de San Fernando se sorprendieron por el color de su corazón. Acostumbrados a órganos rojizos, notaron que el de Jaitt se veía blanquecino debido a trazos de grasa. La autopsia reveló una isquemia, una obstrucción arterial que puede ser fatal. No fue lo único: un análisis de sus trompas de Falopio reveló una hemorragia interna que, afirma un investigador, “debería haberle causado un dolor enorme”.
Las pericias toxicológicas a la sangre extraída del cuerpo, así como a restos de orina y muestras recolectadas mediante hisopados, descartaron la presencia de ADN de terceros. Encontraron también rastros de cocaína metabolizados que indicaban un consumo de larga data.
Para la familia Jaitt, las sospechas de un juego sucio para matar a Natacha fueron permanentes a lo largo del último año. “Rigoni asesino”, decía una pancarta en una marcha en Villa Urquiza. El abogado Cipolla, por su parte, plantea más pericias como un análisis al cabello de Jaitt.
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