No es fácil desmantelar el templo del culto a la plata fácil: el Telar de la Abundancia caló hondo en muchos sectores de la clase media argentina. Hay quienes todavía aseguran que no es una estafa, a pesar de las declaraciones de la actriz Jazmín Stuart difundidas esta semana, a pesar de tres años de advertencias hechas desde el Estado por la PROCELAC, el área de la Procuración dedicada a combatir delitos económicos, a pesar del caso de Julieta Magalí Ruiz en Chamical, La Rioja, que terminó presa en su casa, amenazada por vecinos, con una causa por un engaño que alcanzó a 1500 personas desde sus propios familiares a vecinos de otros pueblos en un daño de 7 millones de pesos.
No es muy difícil encontrar al Telar si uno lo busca, no es un misterio o un secreto a voces. Hay un grupo abierto en Facebook de casi 4500 seguidores donde las ofertas de todo el país son frenéticas, algunas con discurso feminista, otras con discurso mágico, todas con discurso de lucrar. Solo hace falta creerle a un completo desconocido en un chat de WhatsApp y girarle dinero por Mercado Pago sin siquiera recibir un recibo o constancia alguna con la promesa de recibir hasta ocho veces lo que uno aporta.
Hay para cualquier bolsillo: Telares de 50 pesos a 1440 dólares o más. También hay Telares en Colombia, en Ecuador, que usan otra estética de captación, fotos de Kim Kardashian en vez de buenas vibras.
Funciona de manera sencilla. Tiene cuatro niveles con los nombres elementos, fuego, viento, tierra y agua. Una misma persona pasa a través de estos niveles desde el pago inicial hasta el cobro. Una persona fuego aporta el dinero, al convertirse en viento deberá reclutar otras dos personas más que traerán dinero que alimentará al Telar. Al otros hacer lo mismo, el dinero se multiplica ocho veces en el modelo más común del Telar. Tierra es una etapa intermedia, donde uno funciona de apoyo al resto del grupo, aunque sin poner un peso. En la etapa agua llega finalmente el cobro: el dinero de otros termina en el bolsillo de uno. En un mundo ideal, todos los que pusieron deberían cobrar la ganancia prometida, solo se trata de traer cada vez más gente al esquema.
De cara a la falta de denuncias penales -ingresaron unas pocas en los últimos días en la base de datos de la PROCELAC, muchos no denuncian por miedo, ignorancia o vergüenza- las y los defensores dicen que a ellos le funciona, que ellos creen, que solo hace falta jugar el juego, reclutar los aportantes que sostendrán el ciclo de cobros en la rueda mágica, los vientos que atraen a los nuevos fuegos, la plata ajena además de la plata propia.
Para eso, para que el Telar funciona, básicamente hace falta plata infinita, más y más personas que entreguen su dinero. Y ahí está el problema.
Marcelo Ruiz, doctor en ciencias matemáticas, no cree en el Telar. No cree que pueda funcionar. Tiene, dice Ruiz, una falla inherente que es propia del mundo real.

Oriundo de Vicuña Mackenna, provincia de Córdoba, Ruiz es profesor asociado de la Universidad Nacional de Río Cuarto y su ex rector, con un mandato a mediados de la década. Ya había expuesto las fallas del Telar en 2016, cuando era la Flor de la Abundancia, exactamente lo mismo con otro nombre. Con la nueva popularidad del esquema, el matemático advierte otra vez.
"Hay varios tipos de Flor", explica a Infobae, "y hay uno bien simple que responde a la siguiente dinámica".
"Funciona así: Una primera persona pone mil pesos. Tiene que conseguir ocho personas y cuando consiga ocho personas va a recuperar ocho mil pesos. Entonces la flor funciona a través de una multiplicación de ocho por ocho, de manera sucesiva. Comienza con una etapa cero, una persona que pone mil pesos", asegura Ruiz,
Y sigue: "En la segunda etapa tenés ocho personas, cada una pone mil pesos.. Luego tenés ocho por ocho, 64, luego ocho por ocho por ocho y así sucesivamente. Entonces, llegaste a la etapa quinta. Solamente con cinco rondas tenés más de 35 mil personas. Esa es la cantidad de jugadores que se necesitan para que la mecánica funcione. Cuando se obtura, cuando alguien no paga, tenés perdedores".
"¿Cuántos ganaron?", afirma el matemático: "4 mil".
"¿Cuántos perdieron?", continúa: "32 mil aproximadamente si no se completa la quinta ronda. La probabilidad de perder es de 7 octavos, una posibilidad gigantesca".
Ruiz resume: "El juego puede funcionar si la población es infinita y el dinero es infinito. Si el dinero es finito y el tiempo es finito, el juego es de suma cero. Vas a tener siempre perdedores y ganadores. Esto es importante: la probabilidad de perder es más alta que la de ganar".

-Entonces, ¿por dónde se corta el hilo si el flujo de pagos comienza a fallar? Los Telares tienen una lógica de circulo interno.
-Si una financiera se pone en el centro sus posibilidades de ganar son altas. Cuando más lejos estés del centro de la flor siempre tenés más chances de perder. Como la tasa de crecimiento de los ganadores es exponencial rápidamente se va a producir un fraude. En un esquema real, el Telar no puede ocurrir, solo puede funcionar con dinero infinito y repetición infinita de la mecánica del juego. La arquitectura propia del Telar está diseñada para crear una gran cantidad de perdedores.
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