El domingo 29 de octubre Karina Roncati salió de San Justo junto con sus dos hijas rumbo a la Basílica de Luján. Pero al poco tiempo de haber llegado a ese lugar, el llamado de un vecino cambió repentinamente los planes de la familia. Le dijo que las puertas de su casa estaban abiertas, que habían entrado a robar y no quedó otra alternativa más que volver urgente a Buenos Aires. Sin embargo, admite Karina en diálogo con Infobae, en ningún momento del viaje imaginó con lo que iba a encontrarse: además de dinero y electrodomésticos, los delincuentes se llevaron la urna con las cenizas de Tomás, su hijo de 13 años, que falleció a raíz de una leucemia en 2009.

Tomás Prodromidis tenía 13 años cuando en abril del año 2009 le detectaron leucemia. Comenzó entonces un tratamiento, pero la enfermedad que avanza con violencia en los más jóvenes complicó las cosas y su cuerpo no resistió la quimioterapia. En septiembre de ese mismo año falleció. Su cuerpo estuvo hasta 2014 en el cementerio de San Justo, después de eso Karina decidió cremarlo y tenerlo en una pequeña urna su casa. Y ahí estaba cuando a fines del mes pasado un grupo de delincuentes irrumpió en en la vivienda y se lo llevó.

"Se me derrumbó otra vez el mundo, se me vino abajo, yo lo tenía acá en mi casa en la urnita y me lo sacaron", resumió Karina, el sentimiento de ese domingo que volvió a su casa en Villa Luzuriaga y en medio de la bronca, el llanto y empezar a hacer una lista en el aire de lo que le habían llevado -tres televisores, computadora, equipo de música- descubrir que además faltaban los restos de Tomás.

"Estaba todo revuelto, yo al principio no me di cuenta, miraba todo lo que me habían hecho y después más tarde noté que no estaba la urna", explicó ella sobre el momento en que sintió, por segunda vez en su vida, dice, que perdía a su hijo. "Lo que yo pienso es que la urnita es de madera y la tapa tiene tornillos, yo calculo que la quisieron abrir y como no pudieron se la llevaron, pensando que había adentro algo de valor para ellos", explicó.

Karina junto a sus dos hijas salieron a recorrer el barrio pensando que quizás los ladrones, al darse cuenta de lo que se habían llevado, lo habían descartado en algún lugar cerca de la casa. Pero no fue así. Lejos de rendirse, a Laura, la hermana más grande de Tomás, se le ocurrió una idea en la que hoy están puestas todas las esperanzas de la familia: publicar la historia en las redes sociales, intentando que el pedido llegue a los delincuentes o a alguien que encuentre la urna y pueda devolverla.

"Sabemos que acá a casa no van a venir y por eso pedimos que si llegan a tenerla, que por favor la dejen en una parroquia que está acá cerca, la Stella Maris de Villa Luzuriaga", quido remarcar Karina, que sin que haga falta aclara: "no quiero otra cosa, ni los televisores, ni la plata, no me importa, a mí lo único que me interesa es volver a tener a Tomás".

"Es algo que no tiene lógica, se habían llevado tres teles, había algo de dinero, no es que no había nada", baraja en el aire Karina intentando indagar en las razones que pudieron hacer que los ladrones se llevaran la urna de Tomás. Ella se inclina a una confusión, a la fantasía de los delincuentes de que adentro de la caja hubiera joyas o más plata, y esa misma idea es la que le da esperanzas de recuperarla.

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