
Juan Carlos Mesa nunca volvió a ser el mismo después de la muerte de su esposa, Edith Ávalos, con quien había compartido más de seis décadas de matrimonio. Ella murió el 13 de noviembre de 2015 y, desde entonces, se fue apagando lentamente. Como si no tuviera ganas de seguir en este mundo. Menos de nueve meses después, el 2 de agosto de 2016, murió a los 86 años en el Sanatorio La Trinidad, donde permanecía internado por una insuficiencia renal. Se iba detrás de ella, pero dejaba una huella imborrable en el espectáculo argentino
Había nacido el 15 de mayo de 1930, en Alta Córdoba. Y, aún habiendo residido gran parte de su vida en Buenos Aires, hasta los taxistas identificaban cuál era su lugar de origen por el dejo que mantenía en su tonada. “Es algo que no he perdido nunca ni quiero perderlo. Es como una credencial”, decía. Su padre, Diego, tenía un almacén de ramos generales en el barrio. A su madre, Deidamia, la describía como “una castañuela”, ya que era hija de españoles y le gustaba bailar la Jota. Allí creció junto a su hermano menor, Edgardo, que con los años se convertiría en un reconocido locutor y animador.
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“Somos dos hermanos casados con dos hermanas. Decidimos ahorrarnos una suegra, ya que mi mujer es hermana de la suya. De manera que me vine primero yo a la Capital Federal y, después, vino él”, explicaba Juan Carlos. A pesar de los 7 años de diferencia, ambos fueron grandes compinches y trabajaron juntos en varios proyectos. Incluso, en el tan recordado Mesa de Noticias, que se emitió durante cinco años primero en ATC (de 1983 a 1986) y, después, en Canal 13 (en 1987), y que se convirtió en un sello para el apellido familiar.

Pero antes de llegar a ese éxito, Mesa había desandado un largo camino. Siendo todavía un niño, en los “asaltos”, como se les decía a los bailes organizados en casas particulares donde las mujeres llevaban algo para comer y los varones alguna bebida, solía lucirse frente a sus amigos recitando los versos humorísticos que escribía en sus ratos libres. Su vocación, de nacimiento, siempre estuvo clara aunque, por entonces, vivir de ella no parecía tarea fácil.
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“Cuando tenía 17 años, escribí un acróstico para un concurso que se llamaba Carta a mi madre y lo gané. El premio era que el poeta viajara con su mamá a Buenos Aires. Y vinimos los cuatro, con mi padre y mi hermano también”, contaba orgulloso sobre su primera vez en suelo porteño, donde tuvo el honor de ser reconocido en Radio Belgrano. Allí tuvo la oportunidad, también, de ir a ver a las grandes figuras de la época, como Juan Carlos Thorry y Blackie, a las que tiempo después les terminaría escribiendo sus guiones.
Su primer trabajo fue en LW1, radio de su provincia que por entonces oficiaba como filial de Splendid. A modo de diversión, comenzó a escribir un pasquín interno en el que, con palabras subidas de tono y mucho humor, denunciaba cuestiones como que se había quemado una lamparita del baño o que algo funcionaba mal. Hasta que el director de la emisora lo leyó de casualidad. Y, lejos de despedirlo, le propuso que escribiera un programa cómico. Así nació La troupe de la gran vía, su primer ciclo, que se convirtió en un verdadero éxito.
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Tiempo después desembarcó en Buenos Aires contratado por Canal 11 para escribir Los sueños del gordo Porcel y, de ahí en más, comenzó su camino a la fama. Su gran característica, era la capacidad que tenía de hacer reír sin golpes bajos. “El humor también tiene que ver con la poesía, con respetar una cadencia de verso. Porque, si no la respeta, se cae, se sale de sincro. El humor debe tener poesía. Y, el humor de Córdoba, además de tener poesía tiene un gran surrealismo”, decía Juan Carlos. Entre otros, fue guionista de grandes figuras como Pepe Biondi, Tato Bores, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Carlos Balá y Gianni Lunadei, el recordado De La Nata de Mesa de Noticias, con quien formó una de las duplas más recordadas de la televisión.
Además de ser un gran autor radial y haber hecho un trabajo destacado en la pantalla chica, con más de 60 ciclos bajo su firma entre los que se destacan La Tuerca y Los Campanelli, Mesa escribió los guiones de varias películas, como El Tío Disparate, protagonizada por Palito Ortega; Brigada en acción, de la dupla de Alberto Olmedo y Jorge Porcel; Los colimbas se divierten y Atracción peculiar. También condujo El Surtidor, por radio El Mundo, entre otros programas. Y, aunque su fuerte era la escritura, tuvo varias participaciones actorales en distintas ficciones como Primicias, El Sodero de mi vida y Mujeres Asesinas.
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Lo cierto es que, más allá de las luces del espectáculo, Mesa era un hombre de familia. A los 20 años sufrió la pérdida de su madre, un golpe que lo marcó profundamente. Luego su padre dejó Córdoba para mudarse a Buenos Aires y colaborar con el trabajo de él y de su hermano, hasta que falleció muchos años más tarde. Sin embargo, la pérdida más dura para él llegaría después. Junto a su esposa había tenido cuatro hijos: Juan Carlos, Jorge Daniel, Gabriel y Juan Martín. El segundo falleció sin un diagnóstico muy certero cuando tenía apenas un año y medio, dejando en su padre una herida imposible de cerrar. La llegada de sus otros hijos lo ayudó a seguir adelante.

Alguna vez le preguntaron qué lo hacía reír. Y, sin dudarlo, respondió que su esposa. “Ella se enoja muchísimo. Pero no hay cosa que me divierta más a mí que verla enojada a mi mujer. Mientras más se enoja, más me río. Ella se pone furiosa y yo me tengo que ir”, contaba sobre Edith. La había conocido en una fiesta de egresados de Villa Rosario, donde “se vendían telegramas” con mensajes para recaudar fondos. Él terminó pagando 4 pesos en misivas que iban de un lado al otro, para terminar bailando con ella. Y así, al ritmo de un bolero, se enamoró.
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“Somos felices juntos. Tenemos toda una historia detrás. A veces le escribo poemas”, decía cuando le preguntaban por su matrimonio de tantos años, en los que no todo había sido color de rosas. Por eso, cuando Edith ya no estuvo a su lado, Juan Carlos cayó en una profunda tristeza. Y un año más tarde, hace exactamente un década, partió de este mundo para reencontrarse con ella en otro plano.
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