Juan Carlos Altavista: la inspiración en su padre para crear a Minguito Tinguitella y su exilio por “deformar” el lenguaje

El creador del emblemático personaje murió 20 de julio de 1989 a los 60 años. Cómo fueron sus inicios como actor y la consagración en la TV y el cine

Juan Carlos Altavista - aniversario
Juan Carlos Altavista como Minguito
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Era un personaje marginal, sí. El sombrero, un saco arratonado, el echarpe y un infaltable escarbadientes apretado entre sus labios, le daban ese toque característico. Mezcla de inmigrante, de porteño, de tanguero, de linyera, de changarín y de tipo criado con la sabiduría de la calle...Se llamaba Minguito Tinguitella. Y era una creación de Juan Carlos Altavista, uno de los cómicos más emblemáticos de la región. El actor murió hace 37 años, el 20 de julio de 1989. Pero su creación sigue vigente en el recuerdo del público, que lo adoptó como parte de la cultura argentina.

Es verdad que a muchos les resulta difícil separar al actor de su personaje. Pero la realidad es que, en su vida personal, Altavista tenía muy poco de Mingo. Había nacido en Buenos Aires, el 4 de enero de 1929. Y es verdad que se había criado en una familia humilde: su padre era matricero y su madre, ama de casa. No obstante, las limitaciones económicas no le impidieron tener una infancia feliz. Pese a que sus hermanos y él tuvieran por almuerzo o cena solo una olla de papas hervidas. Porque sabía, desde la cuna, que estaba destinado a triunfar. Y lo logró, convirtiéndose en un verdadero dandy. Aunque no como resultado del estudio.

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De hecho, Juan Carlos dejó la escuela primaria en tercer grado. Ya para entonces, en lugar de ir a jugar con los chicos de su edad, se dedicaba a parodiar a los adultos en las reuniones familiares. Actuaba, sin saber bien de qué se trataba eso. Hasta que, por sugerencia de un vecino, su madre lo llevó a probarse al Teatro Infantil Lavardén, donde empezó a tomar clases con reconocidos maestros como Narciso Ibánez Menta, Francisco Patrone y Luis Sandrini. Y, desde ese momento, tuvo muy en claro cuál sería su rumbo.

Junto a Gerardo Sofovich en Polémica en el Bar
Junto a Gerardo Sofovich en Polémica en el Bar

Como todos, al principio Altavista empezó a actuar en pequeñas obras de teatro, donde lograba juntar algunas monedas para ayudar a llevar un plato de comida a su casa. Pero no tardó en dar un salto trascendental. Y, con apenas 11 años, debutó en cine con la película Melodías de América. A este film le siguieron otros, unos sesenta a lo largo de su carrera, que fue mechando con su trabajo como actor dramático en radioteatros. Sin embargo, su objetivo era hacer reír al público. Y así fue como terminó creando al personaje que lo catapultó a la fama.

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Por supuesto que hubo un guionista. Se llamaba Juan Carlos Chappe. Él había imaginado a este hombre, que se dedicaba a revolver los basurales. Un “cartonero”, dirían hoy. Pero quien le agregó un valor a este personaje fue el propio Juan Carlos que, de alguna manera, intentó rendirle una suerte de homenaje a su padre. “Me puse ropas de mi viejo, su sombrero, su camisa, su saco, su echarpe, un cinto de cuero negro y le agregué zapatillas de paño, más un detalle para mí fundamental: el uso infaltable del escarbadientes”, había contado en una oportunidad.

Mingo era un laburante, como su padre. Era un amante del tango, por lo que a su camioneta Chevrolet modelo ‘28 la había bautizado como Santa Milonguita. Y no solo era un gran conocedor del lunfardo, sino que también era capaz de inventar términos propios. “¡Qué hacé’, tri, tri!”, era el clásico saludo con el que demostraba la felicidad que le daba ver a sus amigos. Y fue justamente desde la televisión, como logró entrar en el hogar y los corazones de todos los argentinos.

Juan Carlos Altavista - aniversario
Minguito Tinguitella fue el personaje con el que Altavista se ganó el corazón de la gente

La gran oportunidad se la dio Gerardo Sofovich al sumarlo al sketch de Operación Jajá, que luego se convirtió en un programa propio con el nombre de Polémica en el Bar. En ese ciclo, Altavista tuvo la posibilidad de trabajar con Jorge Porcel, Fidel Pintos, Javier Portales, Vicente La Russa, Mario Sánchez, Rolo Puente, Alberto Irizar y Adolfo García Grau, quienes lo ayudaron a crecer como actor. Y a imponer su personaje. Sin embargo, durante los años de dictadura militar, tuvo que refugiarse en el Uruguay, donde se la rebuscó haciendo radio junto a Riverito, ya que el gobierno de facto lo acusaba de “deformar” el idioma nacional.

Volvió al país con el regreso de la democracia y, durante un tiempo, sobrevivió gracias a la náutica. Pero otra figura importante en la vida de Altavista fue, sin lugar a dudas, Juan Carlos Calabró. El protagonista de Calabromas, había creado a otro personaje entrañable para el sketch Aníbal, un pelotazo en contra. Y los dos terminaron formando una dupla que se arrasó con la taquilla con films aptos para todo público como Mingo y Aníbal, dos pelotazos en contra, Mingo y Aníbal contra los fantasmas y Mingo y Aníbal en la mansión embrujada.

El hombre detrás del personaje, en tanto, tuvo una vida bastante ordenada y tradicional. Y su prioridad fue su familia. A mediados de la década del 60, había conocido a la actriz española Raquel Álvarez, por entonces, colaboradora de Mirtha Legrand. El flechazo se había dado en los pasillos del viejo Canal 9. Y, de inmediato, el actor supo que estaba frente a la mujer de su vida. Así que la siguió, la cortejó y, a los seis meses, ya estaba casado con ella. El matrimonio tuvo tres hijos: Ana Clara, Juan Gabriel y Maribel. Y duró hasta que la muerte los separó.

El último film del que participó Altavista en 1988, fue Tres alegres fugitivos, donde compartió protagónico con Carlos Balá y Tristán. Pero hacía tiempo que luchaba contra una enfermedad conocida como Wolff-Parkinson-White, que le producía taquicardias paroxísticas. Y su cuerpo estaba algo deteriorado. Sin embargo, su partida fue inesperada para todos.

Era el 20 de julio de 1989. Juan Carlos se había puesto el traje de Mingo para grabar el ciclo que tanto amaba. Estaba feliz. Era el Día del amigo y pensaba festejarlo con sus “gomías” del bar, entre tazas de café y discusiones, para luego empezar a ensayar el sketch La familia para el programa Vamos Mingo Todavía con el que acababa de debutar en Tevedos. Pero de pronto se descompensó. Y sus hijos lo trasladaron al Hospital Garrahan, de donde fue derivado al Argerich, donde falleció a los 60 años de edad. Hoy sus restos descansan en el cementerio de Vicente López. Pero su recuerdo sigue vivo en el corazón de la gente. “Yo sé que el público me quiere mucho porque lo siento y me emociona”, decía. Y tenía razón.

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