¿Por qué hay bolas de cemento en las veredas? El dato que casi nadie conoce sobre estas estructuras que ordenan el tránsito y cuidan al peatón

Su instalación responde a criterios de diseño urbano vinculados con la prevención, la accesibilidad y el control de maniobras indebidas en sectores con gran circulación de personas

BOLARDOS PINTADOS EN SAN TELMO
Las bolas de cemento en las veredas funcionan como bolardos y separan las áreas peatonales de los sectores destinados a los vehículos (BA)
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Las bolas de cemento en las veredas, habituales en esquinas, avenidas y zonas de circulación intensa, forman parte del mobiliario urbano y cumplen una tarea concreta: separar las áreas peatonales de los sectores destinados a los vehículos.

De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires estos elementos aparecen bajo el nombre de bolardos.

Qué son los bolardos

Los bolardos se aplican en calles de tránsito restringido y en proyectos de “prioridad peatón”. Son piezas pensadas para ordenar el espacio público y reducir invasiones de autos sobre sectores reservados para peatones. Lo cual explica su presencia en áreas donde la vereda y la calzada necesitan un límite físico visible.

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Estos pueden fabricarse con hormigón armado, hierro fundido o materiales galvanizados. El criterio técnico exige que sean resistentes al impacto de vehículos, de bajo mantenimiento y aptos para soportar la intemperie.

Su instalación requiere una fundación adecuada, con base de hormigón armado, para asegurar estabilidad y duración en zonas expuestas al uso intensivo.

En ese marco, la elección del material y de la altura no resulta decorativa. El gobierno porteño sostiene que los bolardos deben colocarse de modo tal que no permitan el estacionamiento de vehículos y que resistan golpes sin perder su función. Su uso responde a una lógica de protección y delimitación, más que a una decisión estética sobre la vereda o la calle.

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¿Para qué sirven los bolardos?

Su función central es impedir que los vehículos avancen sobre sectores reservados para peatones. En calles donde la circulación de autos comparte cercanía con cruces peatonales, rampas, esquinas o áreas de permanencia, estos mojones actúan como una barrera física que marca hasta dónde puede llegar un auto. Ese límite material reduce maniobras indebidas y ordena el uso del espacio público.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires resalta que su aplicación corresponde a entornos con tránsito restringido y a intervenciones de prioridad peatonal. En esos casos, los bolardos contribuyen a reforzar el criterio urbano que asigna mayor protección a quienes caminan. Su ubicación busca evitar invasiones sobre veredas y sectores a nivel, algo frecuente en áreas comerciales, accesos a instituciones o corredores con mucho movimiento diario.

Para asegurar una fundación adecuada sin recurrir a soluciones más complicadas, es necesario que no se ubiquen en la línea de canaletas pluviales. Además, las condiciones de infraestructura inciden en el desempeño de su instalación con el paso del tiempo.

Una calle de adoquines con bolardos conicos verdes a los lados, farolas altas y fachadas de edificios de varios niveles.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires define a los bolardos como parte del mobiliario urbano en calles de tránsito restringido y proyectos de prioridad peatón (GCBA)

Cómo influyen los bolardos en la seguridad vial

En términos de seguridad vial, los bolardos cumplen una función preventiva. Al constituir un obstáculo fijo frente al avance de un vehículo, desalientan el estacionamiento indebido sobre la vereda y reducen la posibilidad de que un auto invada un área peatonal. Esa capacidad de contención adquiere relevancia en puntos de cruce, accesos escolares, zonas comerciales y tramos con alta circulación de personas.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires establece que estos elementos deben ser resistentes al impacto de vehículos, una condición que los vincula de forma directa con la protección de los peatones. La resistencia estructural forma parte de su función de seguridad, ya que no se trata solo de señalar un borde, sino de crear una defensa física frente a maniobras que pueden poner en riesgo a quienes caminan.

Esa lógica también se aplica al espacio entre cada bolardo. La separación debe ser tal que impida el estacionamiento de autos. El propósito de esta medida es prevenir que un vehículo disponga de espacio suficiente para subir a la vereda o acceder a áreas prioritarias para peatones. De este modo, se fortalece la regulación del espacio urbano sin requerir vigilancia constante.

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