El caso de Giselle Rímolo: los famosos que pasaron por su consultorio y las cartas de amor que le dedicaba a Silvio Soldán

Se cumplieron 24 años de la primera detención de Giselle Rímolo. ¿Cómo engañaba a sus pacientes y a Silvio Soldán, su pareja?

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Giselle Rímolo atendió a María
Giselle Rímolo atendió a María Julia Alsogaray, Daniel Passarella, Lía Salgado, Pablo Vilouta, Tití Fernández y Susana Giménez

El origen y el transcurso de la vida pseudoprofesional de la falsa médica estuvo envuelto siempre en mentiras, engaños, fraudes y estafas. Su nombre verdadero es Mónica María Cristina Rímolo y no Giselle, como se presentaba en su consultorio y ante los flashes de las cámaras que tanto le fascinaban.

Además, se hacía llamar doctora y no lo era. Terminó condenada por eso y también por la muerte repentina de la paciente Lilian Díaz ocurrida el 30 de junio de 2001. Así fue a parar a la cárcel. Hoy vuelve a percibir que su futuro puede tambalear.

Al primero que le mintió fue al reconocido animador William Silvio Soldán, quien venía de una separación de otra blonda, nada menos que la ultramediática Silvia Süller, madre de su hijo Christian. Corría 1993 y el conductor apostaba a otra historia apasionada de amor por una mujer que ya atendía a gente que quería bajar de peso y mejorar su figura en el humilde garage de su casa. No le iba mal, pero vislumbró que a través de él y su fama podía trascender aún más.

Silvio Soldán y Giselle Rímolo
Silvio Soldán y Giselle Rímolo en tiempos felices (NA)

Los engaños de Giselle Rímolo

Al poco tiempo de aquel diminuto espacio guardacoche pasó a montar una clínica con todas las letras: CIDENE (Centro Integral de Estética Natural) en la avenida Elcano, en Belgrano R. Por allí, desfilaron miles de pacientes y varios famosos como María Julia Alsogaray, Daniel Passarella, Lía Salgado, Pablo Vilouta, Tití Fernández, la entonces senadora Liliana Gurdulich de Correa, y hasta llegó a asesorar a la mismísima Susana Giménez, quien en su programa le contó nada menos que a Silvia Süller cuando la entrevistó: “Fui a hacerme unos masajes a lo de Soldán. Ella atendía ahí, no en la clínica. Nunca fui a la clínica. No lo dije porque me dio vergüenza. Me dio unas pastillas para adelgazar. No las tomé: las tenía en la mesita de luz. Un día voy a salir para el canal, me miro al espejo y digo: ‘Estoy hecha una vaca. No puedo salir así en televisión. Me voy a tomar una pastilla’. No sé cómo me iba a adelgazar una pastilla, pero ¿viste cuando te ves mal…? Cuando llegué me agarró un dolor de cabeza que casi me muero. Llamaron a la Favaloro y tenía 20 de presión, cuando normalmente tengo 9. Estuve internada una semana en Fleni. Tenía como un derrame, una venita se rompió en el cerebro, por la presión. No me dejó nada. Pero, si con una pastilla pasó eso…”.

No solo en su mundillo de la “pseudociencia” se dedicaba a generar infinidad de patrañas. También en cuestiones del amor cometía algunos embaucos. Y Silvio los sufrió. Al conductor lo engañó dos años antes, en 1999. La prueba está en que Silvio le había confiado en aquellos momentos a este cronista cartas desesperadas de Giselle que le imploraba volver cuando él descubrió que le había sido infiel con otro hombre mientras le juraba amor profundo.

Las cartas de amor a Silvio Soldán

En una de ellas, escrita de puño y letra puede leerse con fecha 19/3/99: “Mi amor: A una semana de tu cumpleaños (Soldán nació el 26 de marzo de 1935) decido escribirte porque no doy más. Vivimos por todo lo que ocurrió una situación muy difícil, sufrimos los dos, no importa quién más o quién menos. Pero ahora ya se terminó y aparentemente también terminó con nosotros. Yo aún te amo y deseo estar bien con vos y volver a conquistarte, seducirte, hacer el amor y decirte como te decía: Papito no me dejes nunca. Y deseo que me hagas el amor como únicamente vos sabés, que me ames como únicamente vos supiste amarme. ¿Sabés algo? Te extraño. Jamás pensé que se podía extrañar a alguien con quien se vivía. ¿Sabés algo más? Te necesito, te deseo como nunca, te quiero, te amo y te vuelvo a extrañar. Por favor no me sigas negando tu amor, te lo pido a gritos en silencio. No permitamos que alguien (un tercero) nos separe. Si toda esta situación fue consecuencia de algo que me, o nos hicieron, no importa quién, no le demos el gusto. No permitamos que otro/otra nos separe, actuemos de acuerdo a nuestros sentimientos. Yo sé que estás mal conmigo; pero también sé que tenés sentimientos hacia mí, que me querés, porque uno no deja de querer en un día; y hace exactamente un mes, hoy a la noche, que vas a estar leyendo esta carta, estábamos paseando por el puerto de Mar del Plata y almorzando, prodigándonos mimos y diciéndonos cuánto nos queríamos. Pienso que vale la pena volver a intentarlo. Yo por lo menos no pienso tirar seis años y medio de la relación (aunque con interrupciones) a la basura. No pienso tirar 7 meses y 15 días de convivencia a la basura. Yo te amo y lo voy a volver a intentar; espero que vos también. Te ama y de verdad: La mujer que desea compartir el resto de tu vida con vos. Mónica Cristina María Rímolo. Giselle (Tu doctorcita)“.

Giselle Rímolo negaba ser médica,
Giselle Rímolo negaba ser médica, pero diagnosticaba a sus pacientes

Por aquellos tiempos, Giselle maldecía que Silvio la hubiera descubierto, no tanto por separarse de él, sino porque alejarse del animador le quitaba pantalla y llegada al gran público. No obstante, seguía adelante con sus mentiras cuando se colocaba el guardapolvo de falsa doctora y repetía: “soy doctora en psicología, en homeopatía, terapeuta floral, licenciada en terapias alternativas, nutricionista, digitopunturista, irióloga, y me faltan dos más que no me acuerdo ahora. No tengo colgados los diplomas porque no tengo lugar. Yo vine a cumplir una misión en la vida: ayudar a la gente”.

En 1999, antes de la cámara oculta de Telenoche, ya venía con algunos escándalos mediáticos, especialmente ocurridos en el célebre ciclo de las tardes de Mauro Viale en América, donde negaba que ella se presentara como médica. Sin embargo, diagnosticaba en su clínica como si lo fuera, según luego se la vio en cámara repetir hasta el cansancio: “Tenés celulitis, poca, pero hay de primero y segundo grado”. Otro caso: “Padecés celulitis de segundo y tercer grado. ¿Dónde? Abdomen, flotadores y cadera. También tenés muy mala circulación, lo vi por tu iris y lo corroboré viendo tus piernas”. Y entonces recetaba: “Hay una primera opción, la A, con la que solamente estarías bajando un kilo y consistiría en las algas. La segunda opción, la B es muchísimo más completa e incluye equipos reductores. Y tenés una sesión sin cargo por la promoción de la tele”.

Pero cuando terminaba su tarea en la clínica, la obsesionaba recuperar a Soldán a toda costa, porque la afluencia de pacientes había bajado por falta de promoción de su romance, y por ende, de sus actividades en la clínica. Entonces se sentaba, le volvía a escribir misivas apasionadas y se las enviaba a través del fax del consultorio, porque Silvio tenía el suyo en su casa y sabía que las recibía de inmediato. Entonces con fecha 13/7/99, volvía a la carga para reconquistarlo. Sabía que de esa manera los números iban a subir sí o sí: “Mi amor, quiero y necesito que sepas que yo no puedo más, porque me estás negando lo que más necesito en el mundo, y es tu amor. Me estás privando de tus caricias, de tu calor, de tus palabras de amor. Por favor, no me sigas condenando y privándome de vos. Me encanta que te preocupes por mí, por mi salud, me encanta la sorpresa del auto (le había regalado uno), que me ayudes y aconsejes con mi trabajo. Pero me estás privando de lo más importante que tengo en la vida, y sos vos. Te necesito para seguir respirando. Para poder seguir viviendo. Te necesito y me seguís castigando por algo que ya pasó. Va a hacer un año, el 4 de agosto, que vivimos juntos, y todo lo que hago es pensar en vos, estar pendiente de vos... Mi amor el pasado ya pasó. La vida no va hacia atrás, va hacia adelante. La vida no involuciona, evoluciona. Caer en las sombras del pasado es sufrir por nada, porque el pasado no existe. El que no perdona se condena. El que perdona se libera. Por favor, no te condenes a cadena perpetua. Yo te amo y sé que vos sentís cosas por mí. Entiendo tu temor hacia mí. Pero juro que jamás volvería a hacer cosas que hice, porque todo lo que quiero es ser feliz junto a vos. Seamos felices, disfrutemos de la vida, de las cosas más grandes y de las más pequeñas. Por qué no darnos otra oportunidad para ser felices. Comencemos una nueva vida en donde el uno viva para el otro, en donde nos tratemos con respeto y con amor, con dulzura y con pasión. Sé que si queremos lo vamos a lograr. Démonos una oportunidad. No esperemos que sea demasiado tarde. Aún estamos a tiempo. Y recuerda, si Dios perdonó, por qué no podrías perdonar y olvidar vos, si Dios es un todo y vos sos parte de ese todo. Te amo como nunca amé ni amaré a nadie. Por vos. Siempre tuya. Tu doctorcita Giselle”.

Una de las cartas de
Una de las cartas de amor que Giselle le escribió a Silvio Soldán

Lilian Díaz, la muerte que cambió la causa

Con la muerte de la paciente Lilian Díaz el panorama se complicó de muy mala manera para Giselle. El abogado de la familia Díaz, Miguel Arce Aggeo, denunció que el deceso fue consecuencia de la medicación suministrada en la clínica. “Las pericias demostraron que lejos de ser ‘naturales’, las cápsulas contenían drogas que causaron en Díaz un desequilibrio metabólico electrolítico que la llevó a la muerte”, sentenció el letrado.

Entonces, el 6 de noviembre de 2001, Rímolo fue detenida en su departamento de Belgrano, mientras miraba televisión con su mamá, Julia Cristina Panno, y su hermano, Fabián Rímolo –hoy ambos fallecidos-. Dos días más tarde fue trasladada a la Unidad Nº 31 de Ezeiza.

Fue procesada y condenada a nueve años de prisión por los delitos de ejercicio ilegal de la medicina, tráfico de medicamentos peligrosos para la salud, estafas en 70 ocasiones y homicidio culposo.

El calvario en prisión le duró seis meses: el 25 de abril de 2003, gracias a una fianza de 300 mil pesos que pagó un Silvio Soldán ya reconciliado pese a los reiterados engaños que sufrió, quedó en libertad. En 2004 volvió a ser detenida y allí vivió su momento más difícil. Al parecer, Rímolo hizo con algunas de sus compañeras lo que llaman tras las rejas un “pacto de damas” –era asistida y protegida como una diva–, que finalmente no cumplió. Y entonces enfrentó un ataque feroz.

Una de las últimas imágenes
Una de las últimas imágenes de Giselle Rímolo obtenidas por la prensa

En 2021 obtuvo el beneficio de las salidas transitorias, luego la libertad condicional hasta extinguir la pena. Pero hace apenas cuatro meses, en septiembre de 2025, la Cámara de Casación ratificó una investigación por lavado de dinero que la involucra, tanto a ella como a su ex pareja, el abogado Juan Gaineddu.

Giselle, otra vez en la mira de la Justicia

Como oportunamente informó Infobae al respecto: “La causa se inició mediante una denuncia formulada por la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC) a partir de un informe proveniente de Panamá que alertaba que Rímolo habría blanqueado ese monto a través de la fundación The Best Woman Foundation, correspondiente al AndBank de ese país. De acuerdo a las actuaciones, tres imputados están sospechados de haber realizado, desde 2002, una serie de maniobras que permitieron ocultar parte del dinero que Rímolo obtuvo ilícitamente entre 1996 y 2002 -cuando fue condenada por estafas y ejercicio ilegal de la medicina-, para luego reintroducirlo en 2017 en una cuenta comitente a nombre de Gaineddu –Juan, su expareja-. Desde esa cuenta, la mujer habría tenido acceso a los fondos hasta el 29 de agosto de 2023, cuando el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°1 ordenó su bloqueo”.

Por este motivo se encuentra sujeta a investigación y su futuro y el de su ex es incierto y preocupante a la vez, ya lejos de los flashes, del glamour ficticio de otrora y de los falsos títulos de “doctora en psicología, en homeopatía, terapeuta floral, licenciada en terapias alternativas, nutricionista, digitopunturista, irióloga”, como solía repetir y engañar a sus pacientes. Y al mismísimo Silvio Soldán, quien despilfarró más de un millón y medio de dólares para ayudarla a solucionar las demandas civiles que enfrentaba de a decenas, y recibió como contrapartida engaños y falsas promesas en clásicas y acaloradas misivas de amor que redactaba en sus noches más aciagas.