El día que un tornado destruyó un barrio entero de Santa Fe en dos minutos: “Estuve sepultada viva debajo de metros de escombros”

Sucedió el 10 de enero de 1973 en San Justo, una pequeña ciudad santafesina. Mató al menos 80 personas y dejó 600 heridos. Es considerada la mayor tragedia meteorológica de Sudamérica. Tres sobrevivientes lo recuerdan

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Trailer de "Vorágine", el cortometraje documental que trata sobre el Tornado de San Justo ocurrido el 10 de Enero de 1973

Aunque pasaron 53 años, el recuerdo sigue vivo. María del Huerto (81), docente jubilada y directora de un Coro Municipal de Adultos Mayores, dice que es una historia que la ha sellado. Que esa sensación de calor sofocante, humedad y baja presión que envolvió a la localidad santafesina de San Justo la tarde del 10 de enero de 1973 permanecerá en ella para siempre. Que el terror provocado por el paso del tornado más devastador ocurrido en Sudamérica es inolvidable. “Cada vez que hay una tormenta fuerte, todo vuelve a la memoria”, dice.

Liliana Sacco (70), sobreviviente como María de una de las mayores tragedias meteorológicas de la historia argentina, explica que durante años, cada vez que comenzaba a soplar el viento se ponía de pie junto a la ventana y repetía “Que llueva, que llueva”, como un mantra. “En una oportunidad alguien me dijo que la lluvia aplastaba el viento. Y fue tanta la ferocidad que tuvo el viento en ese tornado, y tantos los recuerdos que se vuelven a revivir cuando él sopla, que yo solo pedía que lloviese”, cuenta.

El caos que dejó el tornado sigue siendo difícil de medir. A más de cinco décadas, no existe una cifra definitiva de víctimas fatales: el registro oficial habla de 65 muertos, pero distintas investigaciones —que incluyen fallecimientos ocurridos días después y fuera de la ciudad— elevan ese número a al menos 80. Unas 600 personas resultaron heridas, alrededor de 500 viviendas fueron destruidas y cerca de 2.000 vecinos quedaron directamente afectados por el desastre.

La violencia fue tal que el episodio fue clasificado en la Escala Fujita-Pearson en su categoría máxima, F5, la más extrema. El propio Tetsuya Fujita, creador de la escala, estudió el caso santafesino: los tornados de este tipo son conocidos como el “dedo de Dios” y generan vientos capaces de alcanzar entre 420 y 510 kilómetros por hora, con un poder de destrucción total.

El tornado arrasó con unas
El tornado arrasó con unas 35 manzanas. Entró de norte a sur en un borde de la ciudad, sobre la ruta nacional 11 y en 120 segundos desintegró un barrio entero de San Justo (Foto/El Litoral)

Carlos Chazarretta (80), que tenía 27 años cuando sucedió aquella tragedia, vivía a pocas cuadras del bulevar Roque Sáenz Peña, el corredor más castigado. Compartía la vivienda con su madre, su esposa, Esther Grosso, y sus dos hijas Mónica y María Alejandra, de 3 años y 9 meses respectivamente. A la mayor de las niñas la mató el tornado. Murió con el chupete en su boca, presumiblemente por asfixia, porque los forenses no encontraron ni un hueso fracturado.

“Estábamos por almorzar cuando mi mujer me dijo: ‘Mirá la tormenta que se viene, está todo tapado’. Salí y vi venir el tornado. Me tiró abajo de la mesa y eso me salvó, porque arriba cayó un camión que estaba estacionado enfrente. Pegó en la punta de la mesa y se dio vuelta. Cuando abrí los ojos estaba sepultado bajo tres metros de escombros. Pensé que había sido el fin del mundo y que me había salvado. Escuchaba los gritos de mi mujer y el llanto de mi nena más chiquita. Después empezó a llegar gente, caminaban por encima de nosotros, estaban como atontados. ‘Por favor, sáquenos de acá’, gritaba. Pasé tres horas atrapado, desnudo, con todo el escombro encima”, le cuenta a Infobae.

La beba de nueve meses fue rescatada con vida y trasladada a un sanatorio, donde vecinos le compraron ropa y alimentos. En medio del caos, un hombre intentó llevársela para adoptarla. Chazarretta cuenta que pudo recuperarla esa misma noche, después de que le pidieran pruebas de que era su padre. “La confusión era total: había gente perdida, desnuda, con brazos y piernas mutiladas, sin saber hacia dónde ir”, recuerda.

Pocos años después del tornado los médicos le sugirieron que tuviera otro hijo, para superar el duelo de Mónica y para compensar la sobreprotección que le daba a María Alejandra: “Le dimos todos los gustos, a pesar de que habíamos quedado sin nada”. Esther y Carlos le hicieron caso al doctor y llegó un nuevo hijo varón. “Dios te quita, Dios te da”, dice Carlos y asegura que ya no le cuesta hablar de lo que ocurrió. “Lo tengo asumido: lo que pasó, pasó”, dice. Para Esther, en cambio, sigue siendo difícil: “Mi señora nunca volvió a ser la misma. Cada vez que alguien habla del tornado, ella se pierde. No lo soporta”.

Carlos Chazarretta y su esposa
Carlos Chazarretta y su esposa Esther Grosso perdieron a Mónica, su hija de 3 años, en el tornado. "Murió con el chupete en la boca", cuenta él (Foto/Captura "Vorágine")

Volaron animales, autos y camiones

El tornado arrasó con unas 35 manzanas. Entró de norte a sur en un borde de la ciudad, sobre la ruta nacional 11 y en dos minutos desintegró un barrio entero de San Justo. Hay quienes creen que lo atrajo el calor que irradiaba la cinta asfáltica y que por eso luego entró por el Boulevard Roque Sáenz Peña.

Personas que caminaban por la ruta fueron levantadas por la tromba terrestre y halladas muertas 600 metros después en la copa de árboles, dentro de un monte de eucaliptos. Volaron animales, autos y camiones. Algunas imágenes son emblemáticas. La de un Renault Gordini que recorrió por el aire unos 300 metros y terminó incrustado en el primer piso del hotel California es una de ellas. “Antes de que empezara todo fui al living comedor, corrí la cortina y vi que venían volando como unos cartones. Después entendí que eran chapas”, dice María del Huerto a Infobae.

El cortometraje Vorágine, que se estrenó para el 42° aniversario de la tragedia, incluye un reportaje al exjefe de la estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional de San Justo, quien reconstruye el instante exacto en que se desató el fenómeno. “A las 13.55 vimos una nube que avanzaba de noroeste a sudeste sobre un cielo limpio. Al mismo tiempo, otra nube de un color rosado venía del sur. Cuando se encontraron, en rumbo contrario, se produjo el tornado. Por la velocidad de rotación se generó el vacío. Eso explica que un camión se levantara, que un tractor se elevara o que un mosaico se despegara del suelo”, explicó Efrain Angeloni.

Entre las historias más impactantes está la de Alejandro Cañete, un recién nacido al que los diarios de la época bautizaron como “el bebé del tornado”: el viento lo arrancó de su cuna y lo depositó, ileso, en la terraza de otra vivienda. Su madre, que lo había dejado al cuidado de una amiga, lo creyó muerto durante más de dos décadas (por una confusión con otro bebé que sí falleció aquel día) hasta que se reencontraron en el programa Gente que busca gente.

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La noticia recorrió el mundo: fue el mayor tornado de la historia de Sudamérica

Poner la tragedia en palabras

Costó mucho que los habitantes de San Justo pudieran hablar de lo que pasó aquella tarde de 1973. Décadas. Liliana Sacco estuvo 40 años sin mencionar el tornado. “No podía poner en palabras lo sucedido. No fui capaz de conversarlo ni con mi mamá ni con mis hermanas. Mucho menos con mis hijas: jamás les conté lo que había pasado”, dice. Creía que callar era una forma de proteger a quienes la rodeaban: “Sentía que si hablaba iba remover una herida profunda”.

Ese manto empezó a correrse recién en 2013, con la inauguración del monumento Un alto por la Identidad y la Memoria y el trabajo de recopilación de testimonios que dio origen al libro Palabras que el viento no se llevó, publicado a los 42 años de la tragedia por la Municipalidad de San Justo. A la distancia, Liliana reconoce el error: “Nos equivocamos guardando silencio. La palabra sana”.

Ese 10 de enero Sacco tenía 17 años y estaba acostada en su habitación, “entredormida”, cuando escuchó un ruido “enloquecedor”, como de mil trenes descarriados a máxima velocidad. Vio temblar todo y se refugió al lado de un ropero. “Pareció como que una mano invisible arrancó la puerta del mueble, que salió volando”, recuerda.

Liliana Sacco a los 17
Liliana Sacco a los 17 años

Unos minutos más tarde la lluvia sobre su cara la despertó: estaba atrapada debajo de ladrillos y trozos de mampostería. Una viga le aplastaba el pecho, le dolía y le costaba respirar. No podía gritar para pedir ayuda pero escuchaba a personas caminarle por encima. No se le veía la cara porque otra viga se la cubría. Afortunadamente, había frenado su caída a milímetros de su cráneo. Gracias al aviso de una de sus hermanas, los vecinos la hallaron más tarde, envuelta en lodo y con el cuerpo lastimado.

La familia Sacco vivía en la esquina de Independencia y Gobernador Roque Sáenz Peña, una de las manzanas donde se resgistraron más muertes. La casa de Liliana lindaba con la de Carlos Chazarretta y Esther Grosso. “Éramos vecinos. Mónica, su hijita de tres años, era alguien a quien amaba de manera incondicional; prácticamente vivía en mi casa”, recuerda.

El tornado la dejó huérfana de padre y sin hogar. “Cuando sepultás a un ser querido volvés a tu casa, a una foto, a una carta. A algo. Y nosotros no teníamos dónde volver. Ni una foto. Fue tremendo. Tuvimos que irnos a vivir a lo de una de mis hermanas, que nos recibió en la casa que alquilaba. Fue muy duro reconstruirnos: quedamos literalmente en la calle y sin dinero. Mi mamá tenía un negocio que se destruyó y la pensión de mi papá —jubilado de la Policía— tardó meses en salir”, cuenta Liliana.

En medio de ese escenario, su madre enfermó gravemente. “Terminó con una hepatitis y estuvo internada en Santa Fe casi cuarenta días. No sé cómo se salvó”, dice. Durante ese tiempo, vivieron de la solidaridad ajena: “Hacíamos filas para recibir comida y alimentos no perecederos y nos vestíamos con ropa usada”.

María del Huerto sobrevivió al
María del Huerto sobrevivió al tornado y logró reconstruir su casa en el mismo lugar

El después de la tragedia colectiva

En el barrio que rodea el bulevar Roque Sáenz Peña casi nadie salió ileso. Muchas familias perdieron todo y tuvieron que empezar de cero. Pero las secuelas no fueron solo materiales. “Hay muchas personas que quedaron mal psicológicamente”, dice María del Huerto.

“Puede venir una tormenta con rayos, lluvia o granizo y capaz que ni me despierto. Pero si llega el viento, no importa la hora: me siento de golpe en la cama”, dice Liliana. “Algo en el subconsciente caló muy hondo. Y hay sensaciones que no se pierden nunca. Yo evito la oscuridad. No puedo olvidarme de que estuve sepultada viva debajo de metros de escombros”, agrega.

De esa experiencia extrema nació una filosofía de vida: “Me gusta pensar en esto como un trampolín para saltar a la vida. Desde que pasó, celebro desde una puesta de sol, hasta un amanecer o el canto de un pájaro. Cuando estás vivo, aunque estés mal, ya es motivo suficiente para seguir adelante. Si tenés familia y amigos, lo demás viene por añadidura”, dice Liliana.

Liliana junto a su marido
Liliana junto a su marido desde hace 46 años y sus dos nietos, Vicente y Malena

Este sábado 10 de enero se cumple el 53° aniversario del tornado, el más feroz del hemisferio sur. Como sucede desde hace más de cinco décadas habrá una misa para recordar a las víctimas. “Hay que rezar por las almas que ya no están y por los familiares, porque han sufrido muchísimo. Lo material se recupera, pero las vidas no”, dice María.

En San Justo, cuenta, todavía hay quienes no pueden escuchar la palabra tornado. “Tengo amigos que no quieren que lo mencione. Con el coro, cuando llegamos a ciertos lugares y decimos que somos de San Justo, nos ubican por este evento. Es una historia que nos ha sellado”.

En 2013 se inauguró el
En 2013 se inauguró el monumento "Un alto por la Identidad y la Memoria" para homenajear a las víctimas del tornado de San Justo