A los tres meses, ya se sentaba. Al cumplir un año, hablaba con oraciones completas. En primer grado, las autoridades escolares le dieron el año por aprobado porque dominaba todos los contenidos. Hoy, con 12 años, cursa sexto grado de primaria mientras estudia en una universidad argentina.
El diagnóstico de Lara Ghione es doble: Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y altas capacidades, entendidas como “aquellas que demuestran un nivel de aptitud sobresaliente o competencia en uno o más dominios”, de acuerdo con la Asociación Nacional para Niños Dotados (o National Association for Gifted Children).
Estos niños pueden destacarse en áreas como las matemáticas, la música, la lengua, e incluso en disciplinas artísticas o deportivas. En el caso de Ghione, oriunda de la localidad santafesina de Funes, sus capacidades son comunicativas.

“Desde muy chiquita mostraba avances que no eran lo habitual para su edad”, comenzó relatando Yamila Romero, madre de Ghione. De acuerdo con la mujer, en la Argentina no encontró información sobre su diagnóstico, por lo que tuvo que recurrir a instituciones de Estados Unidos y Europa.
Inclusive, en seis colegios de Funes le negaron la matrícula por no estar preparados para acompañar su caso, de acuerdo con medios locales.
Fue una universidad universidad española la que derivó a la familia a la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, en donde existe un espacio que evalúa talentos como el de Ghione. Tras realizar entrevistas y evaluaciones, los profesionales del servicio de Neuropsicología confirmaron las altas capacidades de la menor.
“La inteligencia de Lara no es habitual. Generalmente, los niños con altas capacidades son introvertidos. Lara es todo lo contrario; es una nena que tiene un montón de amigos, la conoce todo el mundo, le gusta hablar. Por eso tardó tanto el diagnóstico de ella, no era lo evidente, lo que estaba de manual", agregó Romero, en diálogo con Radio Mitre.

De padre contador y madre periodista, la niña de 12 años tiene un Coeficiente Intelectual (CI) de 132, por lo que la escuela siempre le resultó muy fácil. “Un día me dijo ‘mamá, quiero estudiar en la facultad’. Ahí empezó el camino, hasta que la Universidad Abierta Interamericana (UAI) nos abrió las puertas”, sostuvo Romero.
Hoy, Ghione cursa una diplomatura en Community Management en esa institución. Asiste a las clases online por la noche, mientras que por la mañana va a sexto grado y por las tardes, practica vóley y danza. Según su madre, la decisión de que cursara de manera virtual se tomó para que no se sintiera diferente dentro de ese grupo.

"Aparte de que me encanta estudiar porque me parece fácil, me gusta comunicar, como se comunican en los noticieros y redes sociales. Siempre me interesó eso, cómo se organizan las marcas. Por casualidad, me pude anotar al curso", explicó la menor, en conversación con Eduardo Feinmann.
En cuanto a su relación con otros niños, aseguró que su coeficiente intelectual no representa un obstáculo para socializar: “Me llevo con todos re bien, todos son mis amigos. Nosotros no vemos la diferencia de mis altas capacidades, con mis amigos yo me puedo expresar como soy y no pasa nada”.
Los obstáculos
No siempre fue fácil para Lara. A los cuatro meses, sufrió un cuadro grave de desnutrición. Ya en el jardín de infantes, estuvo a punto de ser suspendida por llamar ‘intolerante’ a una maestra debido a su manera de tratar a un compañero del espectro autista.
Hace dos años atravesó la adolescencia de forma prematura, porque ‘al ser tan precoz, vive antes que otros niños’. “La etapa de los 10 años fue muy dura, donde entró en un pozo depresivo, no entendíamos qué pasaba. Me comuniqué con la Asociación de Altas Capacidades, que es la que la contiene y me dijeron ‘está pasando la adolescencia’”, detalló la madre, al respecto.

Existió la posibilidad de adelantar sus estudios al secundario, pero la familia decidió que continuara cursando de forma habitual para que “no queme etapas y mantenga sus vínculos afectivos”.
“Mi cerebro no sigue el mismo camino que la mayoría, pero llega. Y a veces, más rápido”, explicó la niña en un video de su cuenta de Instagram, donde narra su experiencia en el camino de la neurodivergencia.
Según contó a medios locales, es fanática del cine nacional y sigue de cerca la carrera de Diego Peretti, llegando a ver ‘El robo del siglo’ 14 veces. En otros aspectos, Ghione es una niña como cualquier otra: le encanta la danza, el K-pop y la lectura, y asegura que las matemáticas no son lo suyo.
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