
La música acompaña todos los momentos de la vida y está presente en situaciones alegres, de creatividad o hasta en una decepción amorosa. Pero así como muchos disfrutan de escucharla, otros no pueden procesarla. Esta condición se llama amusia e impide que la persona tenga la incapacidad de percibir las distintas melodías o ritmos.
Según la Clínica Universidad de Navarra (CUN) no debe confundirse con la falta de oído musical ni con la sordera, ya que es un trastorno neurológico. Las personas con amusia perciben los sonidos y las voces, pero no pueden identificar si algo está desafinado o fuera de tono.
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Según estudios publicados en el Journal of Applied Genetics y en la Handbook of Clinical Neurology, la amusia no se debe a una pérdida auditiva ni a un déficit cognitivo general, sino a una desconexión funcional entre regiones cerebrales especializadas en el procesamiento musical, especialmente en el hemisferio derecho. Su prevalencia varía entre el 1,5% y el 4% de la población.
Desde la década de 1980, la neuropsicología musical avanzó en la comprensión de este trastorno. Si bien se considera que puede aliviarse a través de un entrenamiento permanente en el caso de personas jóvenes; en los adultos la situación suele ser irreversible. La Agencia EFE detalla que, en casos severos, las personas no pueden reconocer las melodías. Incluso, algunas piezas musicales pueden resultar molestas o hasta dolorosas para el oído.
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Síntomas y diagnóstico

La amusia puede causar alteraciones anatómica o funcionales en el cerebro. Lo más frecuente es que afecte el lóbulo temporal no dominante. También puede implicar el lóbulo frontal o la corteza auditiva. La persona afectada puede ser incapaz de reconocer las letras acompañadas de música, según la CUN.
La hipótesis dominante en la neurociencia actual considera que la amusia congénita es un síndrome de desconexión cerebral. Estudios con neuroimagen funcional han identificado una conectividad reducida entre el giro temporal superior y el giro frontal inferior en el hemisferio derecho. Según investigaciones publicadas en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, esta situación interfiere con la codificación consciente de los cambios melódicos, lo que explica por qué los individuos amúsicos pueden oír sonidos pero no integrar información musical de forma significativa.
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Es por este motivo que, entre los principales síntomas de la amusia, se encuentra la incapacidad para reconocer melodías, ritmos, armonías y timbres musicales. Asimismo, dificultades para percibir si se desafina al cantar o tocar un instrumento. Además, rechazo emocional hacia la música, que puede resultar desagradable. En casos de gravedad puede generar dolor al escuchar piezas musicales.
Cabe destacar que son muchas las personas que sufren de amusia, pero aún no lo saben. En muchos casos, el trastorno pasa desapercibido sin una evaluación específica. Para el diagnóstico se emplea el Protocolo de Evaluación de Amusia de Montreal (MBEA, por sus siglas en inglés). Según la CUN, durante el proceso se suelen examinar seis áreas de procesamiento musical: escala, contorno, intervalo, ritmo, métrica y memoria musical.
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Tipos de amusia

Según la Clínica Universidad de Navarra existen dos grandes clasificaciones de trastorno. Se trata de la amusia congénita y la amusia adquirida. La primera es de origen genético y suele manifestarse desde la infancia. Esto afecta a una pequeña parte de la población.
En ese sentido, diversos estudios genéticos han demostrado que la amusia congénita tiene un componente hereditario significativo. Una investigación publicada en el Journal of Applied Genetics indicó que entre el 39% y el 46% de los familiares de primer grado de personas con este trastorno presentan las mismas dificultades, incluso en ausencia de otras patologías.
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En tanto, la amusia adquirida aparece tras una lesión cerebral, habitualmente en el lóbulo temporal o frontal. El pronóstico de recuperación varía según las regiones cerebrales afectadas. Un estudio publicado en la Handbook of Clinical Neurology, reveló que en estas lesiones en el lado derecho se asocian con formas persistentes del trastorno.
En cambio, cuando el daño se limita al hemisferio izquierdo, la recuperación suele ser más probable. La rehabilitación puede estar acompañada de cambios en la conectividad funcional, lo que sugiere mecanismos de compensación a través de otras vías cerebrales.
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Ya sea para los casos congénitos como adquiridos, se pueden presentar distintos grados de severidad, desde leves dificultades rítmicas hasta una profunda incapacidad para procesar cualquier tipo de música.
El impacto social y emocional de la amusia

Además del diagnóstico clínico, en los últimos años se desarrollaron aplicaciones y herramientas digitales que permiten detectar indicios de amusia de forma preliminar. Estas pruebas interactivas, basadas en la percepción de patrones musicales, ayudan a identificar posibles casos en personas que nunca sospecharon tener esta condición. Sin embargo, los expertos aclaran que estos métodos no reemplazan el diagnóstico profesional.
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Desde el ámbito de la investigación, se sigue explorando la relación entre la amusia y otros trastornos del procesamiento auditivo o del lenguaje. Algunos estudios encontraron vínculos entre la amusia congénita y ciertas dificultades en la prosodia del habla, es decir, la entonación y el ritmo en la comunicación verbal. Esto sugiere que la percepción musical y la del lenguaje podrían compartir mecanismos neuronales comunes, lo que abre nuevas posibilidades para comprender mejor el funcionamiento del cerebro y desarrollar estrategias de intervención más eficaces.
Asimismo, la amusia también puede tener un impacto social y emocional, ya que la música es un elemento central en muchas interacciones humanas, desde celebraciones hasta eventos cotidianos como un viaje en auto o una cena con amigos. Por lo cual, pueden sentirse excluidas o incomprendidas en contextos donde la música cumple un papel importante y, en algunos casos, esto puede derivar en frustración, aislamiento o baja autoestima.
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A pesar de estas dificultades, las personas con amusia congénita pueden experimentar emociones al escuchar música. Un estudio publicado en Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience (2023) mostró que, incluso con un deterioro objetivo en la memoria musical, los individuos amúsicos reconocen mejor los fragmentos musicales que previamente les gustaron.
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