La imagen dio la vuelta al mundo. El Papa Francisco recorría la Plaza de San Pedro en su papamóvil, como cada miércoles, cuando detuvo la marcha, señaló a un hombre entre la multitud y le dijo: “Vení, vení. Subí”. El elegido era un viejo conocido, un sacerdote oriundo de Misiones, de mirada incrédula, emocionada y con una sonrisa enorme: el padre Fabián Báez.
“Estaba a 10 metros cuando me reconoció. Yo recién llegaba y no conseguí a nadie que me diera entradas para ir a la catequesis”, contó Báez a las pocas horas sobre que el día que terminó siendo una jornada imborrable para él. No formaba parte del entorno papal ni tenía acceso privilegiado. Era, como él mismo se describe, “un sacerdote más de Buenos Aires”.
El episodio ocurrió durante el habitual recorrido que el Papa realizaba por la plaza luego de la misa de los miércoles, cuando se acercaba a saludar a los fieles y curiosos. Báez intentó captar su atención con un grito: “¡Santo Padre!”. Francisco lo reconoció, frenó el vehículo, le preguntó si estaba solo y, al recibir una respuesta afirmativa, lo invitó a subir. “Cuando hizo la segunda vuelta del papamóvil, detuvo el auto y me hizo subir. Ahí se acercó la gente de seguridad y me hicieron saltar la valla”, contó su experiencia durante una entrevista con Radio 10.

Un momento inolvidable
“Fue un momento único en mi historia”, dijo en el mediodía del lunes 21 de abril el Padre Fabián sobre aquella escena que quedó registrada en cientos de cámaras y a la que volvía a las pocas horas de conocer la triste noticia sobre la muerte del Papa Francisco. El sacerdote argentino, nacido en Posadas, Misiones, y radicado entonces en la parroquia Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta, se sentó en el asiento trasero del papamóvil y allí permaneció, sorprendido y sonriente, durante todo el recorrido. Francisco, entre risas, le adelantó lo evidente: “La foto va a dar vuelta al mundo”.
Décadas atrás, a sus 18 años, Báez conoció a Jorge Bergoglio cuando él “era muy jovencito, durante una confesión en la iglesia del Salvador”, contó en diálogo con C5N. Luego de esa confesión no lo volvió a ver hasta que inició el seminario para sacerdote y cuando Jorge Bergoglio ya estaba al frente del Arzobispado de la cuidad de Buenos Aires.
“Siempre hubo una relación muy cercana con él. Le pedía consejos”, describió el vínculo. Hablar de Francisco, para el padre Báez, es hablar de un hombre profundamente humano. Lo describe como alguien “cercano a la gente” que hablaba con naturalidad de fútbol o política, con quien también mantenían conversaciones personales. “Era como alguien que te llamaba y preguntaba por tu familia, por tu vida, por alguien en común. Aunque cuando ya era Papa y tenía una estructura que no le permitía hacer lo que quería, cuando hablabas con él, era él”, lo recordó el sacerdote que predica en las redes sociales, donde se describe como “cura de Buenos Aires, párroco de María Reina, capellán en la Universidad Católica Argentina. Fundo cosas. Estoy en X porque quiero que te acerques a Dios”.

Emocionado revivió que el Santo Padre se interesaba por lo que le contaban y preguntaba por los detalles, en señal de haber sido un buen escucha. “Supongo que eso lo hacía mucho y con tantísima gente con la que hablaba”.
El párroco se enteró de la noticia porque su celular no dejaba de darle notificaciones de llamadas perdidas y mensajes. “La primera sensación, sinceramente, fue un poco de alivio, porque la noche anterior, antes de dormir, estuve viendo videos de su paso por la plaza y lo noté mal. Después de dos meses de agonía, la primera sensación fue un poquito de alivio”, reconoció con pesar.
También reconoce que la muerte de Francisco va más allá de la pérdida personal de una persona cercana. “En el mundo va a faltar una voz. Ese liderazgo mundial de él para hablar de ecología, liderazgo para hablar de la inclusión, de que nadie quede afuera por ningún motivo, ni por motivos sociales, ni por motivos económicos, ni por ningún tipo. Nadie queda afuera, pedía. Creo que esa voz tan, tan, tan fuerte de él se va a extrañar mucho. Se siente un vacío muy grande. Siento que que el mundo está un poco más desprotegido, no solo en la Iglesia, porque vendrá otro Papa, como pasa hace dos mil años”, expresó. A pesar del dolor, admite que la noticia también le trajo una sensación de paz. “Él lo dio todo hasta el fin. No se guardó nada. No le habrá hecho bien que ir a la cárcel el jueves pasado, no le habrá hecho bien salir el domingo al balcón, no le habrá hecho bien salir a saludar estos días que salió, supongo que no habrá sido la recomendación de los médicos, pero lo hizo perfectamente porque, quizás, se quería despedir a su manera” , dijo con serenidad. “Fue coherente hasta el último día”.

El padre Fabián no duda de que el legado de Francisco continuará más allá de su partida. “Sé que va a venir el Papa que tenga que venir, sí o sí”, afirmó. Pero para él, lo esencial es lo que queda en quienes escucharon y vivieron su mensaje. “Nosotros, los argentinos, tenemos que hacernos cargo de este hermoso mensaje: el bienestar en nuestras diferencias y que nadie quede afuera”. Y subrayó: “No dejemos a nadie afuera del corazón, ni de nuestras discusiones, ni de nuestras mesas”.
En ese sentido, dijo que la muerte de Francisco es también un llamado. “Que el bienestar esté por encima de nuestras diferencias. Que no dejemos a nadie afuera del corazón”, insistió. Para el párroco, ese fue el núcleo del mensaje de Francisco, sostenido con coherencia desde sus años como arzobispo de Buenos Aires. Recordó sus homilías en San Cayetano durante la década del noventa, cuando denunciaba la exclusión en un contexto de avance neoliberal.
“Hablaba con una crudeza y con una fuerza… con una claridad para todos. El mensaje de la inclusión no es un opcional para nosotros los cristianos”. Y lamentó que, en muchos casos, “lo metimos en una grieta que no teníamos que haberlo metido”.
Fabián Báez lo vivió en carne propia, en ese instante breve e inolvidable en el que Francisco rompió el protocolo y lo invitó a subir al papamóvil. “El Papa está en nuestro corazón, y ojalá que empecemos a mirarlo desde ahí. Que hagamos carne eso que él vivió y enseñó”, expresó. Hoy, dice, la tarea es recibir con serenidad su legado y asumirlo como propio. “Esa fe se traduce en amor fraterno y en la ecología integral”, resumió, y recordó una frase que definía la visión del Papa: “La política es la forma más alta del amor, porque es el amor hacia todos”.
El legado del Papa Francisco se tejió en torno a una firme defensa de la justicia social, los derechos humanos y el cuidado del planeta como casa común. Desde su elección en 2013, puso en el centro del mensaje cristiano la dignidad de los más vulnerables, denunciando la desigualdad, la exclusión y la cultura del descarte.
Su encíclica Laudato Si’ marcó un hito en la conciencia ecológica global, al vincular el deterioro ambiental con la pobreza y la injusticia. Francisco insistió en la necesidad de mirar al otro como un hermano, sin importar credo, origen o condición, llamando a construir una humanidad basada en la fraternidad, el diálogo y la misericordia.
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