Lautaro Demarco tocó la campana a la salida del Hospital Alemán. “Gente, terminé el tratamiento”, les dijo a las decenas de seres queridos y profesionales que lo esperaban en la puerta, y desató un carnaval de gritos, abrazos y emoción. Lauti tiene 11 años y llamó la atención a lo largo del año por su voluntad para enfrentar el tratamiento contra el sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer que afecta a los huesos y tejidos blandos, que le fue diagnosticado en marzo. El nene creó un emprendimiento de pulseras que publicó en redes sociales, conoció a su ídola en la música, se informó sobre su enfermedad para hablar con los médicos y contó los sueños que tiene para su vida.
Este jueves, recibió el alta médica y pudo regresar a su casa en Monserrat, tras la última sesión de quimioterapia.
Pocos minutos antes de las 13, salió del centro de salud junto a su hermano menor, Alejo; su mamá, Florencia; y su papá, Alejandro. Allí, sobre el cruce de Ecuador y Beruti, lo estaba esperando una multitud para festejar el cierre de esta etapa y verlo tocar la campana.
“Ahora toca seguir con el alta médica. Una vez que recupere las defensas de este último ciclo que pasó, va a volver a tocar la campana, pero de forma privada y con los médicos. Además, empiezan los controles: primero cada un mes, después cada tres meses y luego, cada seis”, explicó su padre en diálogo con Infobae, todavía con la emoción a flor de piel.

El proceso duró casi un año. Pasó por una operación, 14 ciclos de quimioterapia y 33 sesiones de rayos. Pero, a pesar de la longitud, supo encontrar las maneras para transitarlo de la mejor manera posible, siempre rodeado del amor de su familia y amigos.
Durante estos casi nueve meses, inició su emprendimiento de pulseras para no aburrirse durante las internaciones. Se convirtió en un paciente muy querido dentro del hospital y conmovió a gente que ni siquiera conocía personalmente, a través de las redes sociales. Incluso hasta cumplió su sueño: conocer a su ídola, Emilia Mernes.

El ritmo de la familia cambió notablemente desde el 11 de marzo. Ese día, a Lauti le diagnosticaron un sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer que afecta los huesos y tejidos blandos.
“Él empezó con dolor de cabeza en febrero. Después, se le sumaron vómitos. Ya faltaban pocas semanas para volver al colegio y la situación persistía. Lo llevamos al hospital y le hicieron controles neurológicos, pero no vieron nada. Lo mandaron al gastroenterólogo y seguía igual. Volvimos a pedir una tomografía porque ya no era normal. Ahí comenzó todo. Por suerte, actuaron super rápido y el equipo fue increíble”, recordaron sus padres, Florencia y Alejandro, en un diálogo previo con este medio. Apenas 3 días después de recibir la noticia, el nene ya estaba entrando al quirófano.

“Nos pasó en simultáneo, a veces decimos que fue así por algo. Cuando nos dieron el diagnóstico, primero le sacaron el tumor a Lauti y después, nos tenían que decir si era bueno o malo. Estábamos convencidos de que todo iba a estar bien. Pero cuando nos dieron la mala noticia, nuestras caras cambiaron por completo. Y cuando salimos del consultorio, éramos otras personas. Lauti se dio cuenta. ‘Mamá, ¿qué pasó?’, me preguntó. Entonces tuvimos que explicarle que la ‘pelotita’ que le habían sacado, al final, era mala”, precisó su mamá.
Para ese entonces, Florencia estaba finalizando su tratamiento por un cáncer de mama. Justamente, tenía pendiente sus últimas sesiones de rayos. “Sin poder finalizar el proceso, nos enteramos de lo que le pasaba a Lauti. Así que, de forma paralela, madre e hijo llevaban un tratamiento similar. Ella hacía rayos y él, las quimioterapias”, explicó Alejandro.

“Vivió muy de cerca mi proceso, entonces pudo saber que las quimios se hacían y que no pasaba nada, que estaba todo bien, que yo seguía activa durante todo el tratamiento, que el pelo vuelve a crecer. Queremos creer que pasó para que él tomara fuerza y pudiera llevarlo de la mejor forma”, recalcó Florencia.
A pesar de ser chico, transitó el proceso de una forma muy admirable. Para ir a las citas con los médicos, anotaba sus propias preguntas en el celular y pedía explicación de cada paso. Luego, las volcaba en su cuenta de Instagram, en la que ya cuenta con más de 15 mil seguidores, y aconsejaba a pacientes que pudieran estar atravesando por lo mismo.
Ahora, ya en su casa, disfrutando de sus platos favoritos -que no eran permitidos durante el tratamiento-, Lauti continúa soñando y persigue su nueva meta de actuar en una serie de televisión. Mientras, sigue recibiendo pedidos de pulseras que parten hacia distintos rincones del país y emocionando a todo el que tiene la suerte de conocerlo.
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