“Rodearse de malas compañías y salir a robar es fácil. Lo difícil es poder cambiar, y ese camino no lo agarra cualquiera”, admite FreeJ0ta a Infobae, un ex presidiario de 36 años que tras estar cinco años cumpliendo condena por robo y homicidio decidió reinventarse y encontrar un nuevo rumbo alejado de las armas y el delito.
Su nombre real es Julio Darío Intorbida, quien tiene un frondoso prontuario y hasta fue portada de los principales diarios por haber estado 9 años prófugo tras asesinar de un disparo a su hermano mayor, Dante, en medio de una discusión familiar en la casa donde vivían, en 2008.
Pero hoy, las noticias que aparecen sobre él son distintas. Salió de la cárcel santafesina de Coronda convertido en trapero y encontró en Youtube una nueva forma de ganarse la vida: a bordo de su moto Honda XR 150 y con un iPhone 14 pegado a su casco recorre barrios marginales y peligrosos de Rosario para mostrar la cruda realidad que se vive en esos lugares y rescatar “historias piolas” en medio de ese infierno.

En menos de dos meses, Freej0ta ya recorrió los pasillos de San Francisquito, Bolatti, Las Flores, La Granada, Empalme, Ludueña, Tío Rolo y La Lata, entre otros asentamientos. El youtuber asegura que puede transitar esos lugares sin problemas porque su crianza fue en la barriada de Tablada (actualmente tomada por capos narcos, soldaditos que venden droga y sicarios) y conoce sus códigos.
Sus redes sociales acumulan más de 110 mil seguidores (62 mil en Instagram, más de 12 mil en Youtube y casi 37 mil en Tik Tok) y se enorgullece de poder generar dinero haciendo lo que le gusta. “Además de tener todo monetizado también salgo a buscar canjes y publicidades para mi motovlog”, contó Freej0ta, quien además se dedica a hacer pistas de cumbia, trap y reggaetón por encargo.
Su incursión en los videos surgió a raíz del lanzamiento de su tema llamado “Rosario Tour”, donde describe parte de lo que luego decidió captar con su teléfono celular. Mostrar la naturalidad de esta gente marginal para que la sociedad conozca sus problemas y carencias.
“Son personas que ya están estigmatizadas por el barrio en el que viven y terminan siendo discriminadas”, remarcó. Julio pretende demostrar que “no todos son delincuentes y que hay algunos que quieren salir de todo eso, pero no tienen oportunidades para lograrlo”.
“En una de las recorridas conocí a ´Hueso’, un pibe que tenía un re talento para cantar y era muy carismático pero estaba marcado como ‘el delincuente del barrio’. Yo lo conocí bien y me di cuenta que salía a robar porque no tenía para comer. Finalmente, lo mató un policía de un tiro por la espalda cuando hizo caso omiso a la voz de alto al salir de robar en una panadería para llevar el desayuno a su casa. ¿Entendés? Terminó muerto cuando escapaba en su moto”, recordó.
“Después tenés a la gente que vive de hacer changas o dedicarse al cirujeo. Incluso, me encontré con gente adulta que ni siquiera tienen un plan social porque, aunque les corresponda, no saben cómo tramitarlo. No son todos iguales. Hay gente buena también”, sostuvo Freej0ta.

Mientras su motor ruge y se abre paso entre muchas calles de tierra, ya está acostumbrado a que los chicos lo acompañen en su recorrido, los perros le ladren y las mujeres le saquen fotos. Aunque no quiera admitirlo, ya es casi famoso y a diario recibe en su Instagram decenas de pedidos de vecinos que lo invitan a visitar su barrio. “Solo pongo una condición: que tengan algo bueno para mostrar. Quiero que mis seguidores vean el otro lado de aquellos que quieren salir del pozo. Busco historias de gente rescatada”, aseguró.
Sin embargo, admitió que no todo lo que graba es apto para mostrar: “Censuro muchas cosas porque hay algunos que se zarpan. Se acercan con armas o vienen a bardear. Jamás voy a mostrar algo que los perjudique a ellos porque me va a terminar perjudicando a mí. Paso por situaciones complicadas pero me las banco. La gente confía en mí. Sabe que estuve en cana, que no soy un gil”.
Una infancia difícil, una adolescencia en fuga y una adultez en la cárcel
Julio se crió en una casa humilde de Rosario ubicada sobre la calle Sarmiento, entre Rueda y Virasoro; donde aún viven su padres. “De chico siempre me escapaba de mi casa y me iba a jugar a la pelota en (la calle) Funes al fondo. Empecé ausentándome horas hasta que después se transformaron en días. Me juntaba con pibes más grandes, que primero me hicieron probar el alcohol y los cigarros y después me llevaron por el mal camino”, recordó.

Nunca le gustó el colegio. “Iba a la escuela y me quedaba sentado en el banco sin hacer nada. Llegué a séptimo grado y no sabía ni leer. Me mandaron a un salón que se llamaba ‘multigrado’ y estaban todos los repetidores. Yo no quería estudiar. Me gustaba estar en la calle y terminé dejando los estudios”, contó Julio, quien se preocupó por dejar bien en claro que sus padres siempre lo criaron “de la mejor manera”.
A medida que fue creciendo, se fue juntando con pibes de otros barrios y se encontró con la realidad de que no tenía plata ni para comprar una cerveza ni pagar la entrada de un boliche. “Me vi afectado por eso y me confundí. Había momentos en que quise volver a encaminarme, pero no había gente con empatía que me aconsejara; entonces fue más fácil seguir por el mal camino en que iba”.
“Caí preso por robo calificado y homicidio. Se me habían juntado un montón de causas y no pude zafar”, relató Julio, quien antes de ser apresado por el crimen de su hermano estuvo 9 años prófugo, viviendo gran parte de ese tiempo en la ciudad de Buenos Aires.

A los 20 años, llegó en micro a Retiro y tras gastar todos su ahorros en comida y pensiones terminó durmiendo en la calle, al lado del monumento de Lola Mora, en Costanera Sur. Ahí conoció a un joven que trabajaba en una parrilla en Puerto Madero y le consiguió un empleo. Gracias a ello pudo pagar una pieza en la villa Rodrigo Bueno, empezar de cero y dar sus primeros pasos en la música.
“Me agarraron varias veces en Buenos Aires por tema de averiguación de antecedentes pero nunca pasó nada. Eso me hizo volver a Rosario y cuando estaba ensayando para dar un show, el día de la primavera de 2016 en el Parque España, cayó la policía para hacer un control de rutina. Me pidió los documentos y ahí saltó que estaba prófugo”, recordó.
Su detención fue casi de película: “Me fui corriendo y salté por el techo de la sede de la UOCRA que está al lado de la Comisaría Segunda. Hicieron un mega operativo para acorralarme. Cerraron la manzana, vinieron todas las cámara de TV y me terminé entregando”.
Finalmente salió en libertad en 2021, cuando todavía estaba la pandemia. “Me perdí 14 años de compartir con mi familia. Me encontré con mi mamá llena de canas y muy viejita. Como estaba en una cárcel muy alejada de Rosario, por mis antecedentes de fuga, me visitó muy poco”, se lamentó.
“Hoy lucho por superar todo esto y disfrutar de las cosas lindas que me pasan. Lamento mucho lo de mi hermano y me encantaría tenerlo a mi lado para que me pueda acompañar en todo lo que estoy haciendo. Pero tampoco me olvido que él fue quien me guió en ese mal camino, aunque después lo seguí yo solo”, admitió Julio. Y concluyó: “Tengo que salir adelante y no quedar hundido en el pasado”.
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