“Yo nací y en vez de llorar, canté”, expresa entre risas Regina Glazer, que recibe a Infobae en el Hogar LeDor VaDor, en el barrio porteño de Chacarita. La pianista, compositora y cantante de 92 años realiza su debut discográfico en el Día de la Música, que se celebra cada 22 de noviembre en honor a Santa Cecilia, su patrona. Escribe canciones desde que era muy chica, pero hay una que selló la historia de amor con su marido, Adolfo. Tenía 15 cuando desde el balcón lo vio pasar por la vereda, cruzaron una mirada, y ese fue el comienzo de una vida juntos. Al principio sus padres no aprobaban la relación, y a ella se le ocurrió grabar un tema en un disco de pasta, para ponerlo cada vez que él pasara, y así confesarle sus sentimientos. Él supo que las palabras de “Luz de amor” gritaban su nombre, y aquella melodía los acompañó 74 años. Regina lanza por primera vez su canción, a dueto con la cantante Marina Wil, como un homenaje para su amado, quien partió de este mundo en 2019.
Uno de los significados del nombre Regina es “reina”, y le sienta a la perfección. Siempre está de punta en blanco, lista para sentarse en el piano y ofrecer un concierto improvisado. No hay necesidad de pedírselo, porque funciona como un imán para la artista. “La música es todo en mi vida, toco desde que tengo 8 años, nunca paré”, indica. Atesora el recuerdo de su infancia del día en que su papá la sorprendió con el regalo de sus sueños. “Vi estacionar a un camión de mudanza, del cual bajaban dos hombres robustos con un piano negro, grande, alto, hermoso, un mastodonte que yo veía aún más inmenso siendo chiquita, ¡y me lo traían para mí! Es imposible describir la alegría y emoción que viví en ese momento”, rememora.
A los 15 años se recibió de profesora de piano, teoría y solfeo, y a esa misma edad ocurrió el flechazo al estilo Romeo y Julieta, tal como le decían los vecinos a la pareja de adolescentes. “Mi marido y yo nos conocimos en la misma vereda, no sabía dónde vivía ni él donde vivía yo, pero me lo crucé en la misma cuadra; yo estaba en mi balcón, él pasó y me miró, desde ese momento para mí ya era ‘mi novio’”, relata. Confiesa que siempre la caracterizó la timidez, pero cuando se trataba de Adolfo, todo eso desaparecía. “Él tenía 17, para mis padres éramos muy chicos, no nos dejaban vernos, y entonces nos hablábamos a través del postigo”, explica.

Tenían algunos códigos que funcionaban como señales para poder verse. “Él pasaba silbando ‘Lágrimas y sonrisas’, la canción de Rodolfo Biagi, y yo ya sabía que él andaba por ahí, así que salía a hacer alguna compra para verlo”, dice con picardía. Por ese entonces su futuro marido trabajaba como cadete de un diario alemán, y se vestía de traje, a pesar de su corta edad. “Andaba con sombrerito, parecía más mayor, como de 20, y yo estaba por hacer mi fiesta de 15″, indica. Sus padres le propusieron que invitara a sus amigas y lo celebraran en su casa.
“Les pregunté si podía venir el muchacho del barrio, y mi mamá dijo que no, que no lo conocía, no sabía quién era y que no correspondía, entonces ahí hice la canción”, comenta. Corría el año 1946 cuando fue a grabarlo en un disco de pasta y la noche de su cumpleaños lo hizo sonar para que cuando él pasara por la vereda, lo escuchara por la ventana. “Mi mamá ponía sus discos, yo los sacaba y ponía el mío. Era mi cumpleaños, así que se escuchaban mis discos”, expresa con la misma rebeldía que trató de transmitirle a sus padres a través de ese acto. “Fue mi protesta para que mamá supiera lo que yo sentía, que no entendía por qué no podía venir, y se lo hice escuchar toda la noche”, cuenta.
Compañeros por 74 años
Durante dos años estuvieron hablando en la puerta de la casa de uno y del otro. “Un día mi papá salió, nos vio que estábamos charlando en la entrada y le dijo: ‘Por la misma plata, podés estar adentro’, fue un chiste para darle a entender que ya podía pasar a compartir tiempo en familia, y enseguida entró”, explica. Durante mucho tiempo no se animó ni a llamar por el nombre a su suegro, así que siempre le decía “Señor Glazer”, y más adelante tuvieron tanta confianza que solía decirle “viejo”. A los 18 años Regina se comprometió con Adolfo en una ceremonia, y siete años después de conocerse, se casaron.

“Lo nuestro fue insólito, porque tuve muchas amigas que se enamoraron por la misma época, pero no era duradero, eran amores pasajeros, ninguno llegó a tantos años como nosotros”, reflexiona. Se fueron de luna de miel a Tandil, con una escapada improvisada a Mar del Plata, y al volver se mudaron a un departamento en la misma cuadra donde vivían sus familias.
Luego llegaron sus dos hijos, y el amor siguió creciendo. Estuvieron 67 años de casados, con el compañerismo como característica fundamental de las más de siete décadas que transcurrieron desde aquella canción, que fue la banda sonora del matrimonio. “Nos gustaba salir juntos, hacer algún viaje, tomar mate en el camino, hacer muchos kilómetros, entrar a los pueblitos, los dos éramos muy parecidos y tuvimos una vida hermosa juntos, donde no había cosa que fuese imposible, lo vivíamos con esa intensidad”, destaca. Con nostalgia, confiesa: “Hoy todo eso me falta”, pero enseguida agrega que este proyecto la sorprendió, y que cuenta con el apoyo de su familia para seguir de pie y disfrutar de cada día.
Sus padres vinieron a la Argentina desde Austria, escapando de la Primera Guerra Mundial, y se dedicaron al rubro de vidriería. Una vez estuvieron a punto de cerrar, pero pudieron remontar el negocio, y Regina ayudaba en el local, además de despuntar su alma de artista cuando pintaba algunos espejos. Entre tanto y tanto, también se ocupaba de crear coros, hacer musicales en todas las fiestas familiares, y siempre que hubiese un piano, hacía sonar alguna canción. El espíritu de compositora se mantuvo intacto y más de una vez le regaló a sus seres queridos una pieza de su autoría, con letra y música propia, para expresar su cariño.

En 2019 sufrió la pérdida de su esposo, y una vez más, se refugió en la música. En cada evento que organizaban en el hogar para adultos mayores donde vive, ella se sentaba a tocar y tararear las estrofas de aquel himno de amor. “A ti siempre te ame, tu cariño ansié, y al mirarte mi vida soñé verte junto a mí, besándome sin fin, pensando que nunca me dejarás. Eres mi vida y mi tesoro, eres mi alma, a ti te adoro, oh si supieras, cuánto te extraño, cómo te llamo cuando estás lejos”, dice un fragmento de la canción.
En agosto de 2023, presenció un concierto de Marina Wil, que fue al lugar para cantarle a todos los residentes. “Apenas la conocí, me ví reflejada, sentí que éramos dos mujeres en diferentes momentos de la vida con la misma pasión por la música: las dos tocamos el piano, cantamos y hacemos canciones de amor”, comenta en diálogo con Infobae, ante la mirada atenta de Regina, que confiesa que ni bien la escuchó pensó: “Qué lindo sonaría ‘Luz de amor’ en su voz”. Marina siente una profunda admiración por ella, la define como “puro talento y magnetismo”, y asegura que compartir la misma profesión es un regalo. Ese respeto que aflora de su interior cuando la ve tocar el piano con tanta soltura, es la razón por la que le propuso hacer un dueto.
Debut a los 92
Marina está en proceso de lanzar su próximo disco, se prepara para conciertos en México durante el verano y se prepara para despedir un 2023 lleno de hitos que la sorprendieron: grabar “En tu habitación” junto a Fito Páez; cantar su primer single, “Un Osito de peluche de Taiwán”, con Los Auténticos Decadentes frente a 10.000 personas en el Auditorio Nacional de México; hacer un show de apertura de Sin Bandera en el Movistar Arena; y otro a sala llena en el Anfiteatro del Parque Centenario. En ese contexto fue que conoció a Regina, y ocurrió gracias a su propia historia de amor. El novio de Marina visita muy seguido el Hogar LeDor VaDor hace ya varios años, desde que creó la Fundación para el Desarrollo de Talentos, una entidad sin fines de lucro que mantiene a pulmón junto a su familia.
La pareja no dudó en ponerse en acción para que aquella ocurrencia de un debut discográfico a los 92 años, fuese posible. “Hace dos meses fuimos a grabar, y grabamos todo al mismo tiempo, la voz y el piano, y la filmación para el videoclip son tomas en vivo donde las dos estamos cantando al mismo tiempo”, revela. El profesionalismo de las dos cantantes y la sincronía que desarrollaron fue la clave para que todo fluyera. “Hubo feeling desde el principio, y fue una casualidad muy linda, muy emocionante, que le dije de la canción y terminé grabándola 77 años después”, acota Regina.
“A mi me cautiva la personalidad y el talento de ella, y solo de imaginarme cómo sería tener algo guardado por casi ocho décadas y después de tanto tiempo volver a cantarla, me emociono, porque la música es mágica; no creo que haya otro arte que pueda emocionarnos tanto, es mi canal de expresión desde que nací y una fuente que me nutre profundamente, que me permite conocer gente e historias maravillosa”, sostiene Marina, en una definición muy similar a la que brindó la pianista sobre su vocación artística.

“Hace unos días una chica me escribió por Instagram para contarme que se enamoró de su novio en un show mío, y fue de lo mejor que me pasó con la música”, agrega Marina, que atesora los momentos en que las melodías pueden ser puentes de amor. Para afrontar el presupuesto de la grabación de la canción y la producción del videoclip, contaron con el apoyo de la Fundación LeDor VaDor, y una vez que estuvo todo listo, pensaron cuándo podrían lanzar la primera canción de Regina. Al ver que se aproximaba el Día de la Música, no hubo dudas de que era la fecha ideal.
Gracias a dos parejas de generaciones distintas, con historias que se entrecruzaron, resurgió un tesoro musical. Regina tiene una humildad que la hace aún más bella de lo que ya es, y realizó un único pedido durante la entrevista: “No hace falta exagerar mi historia, todos tenemos historias de vida, hay muchas, y la mía es una más”. Su corazón y su nobleza la hacen destacar, quiera o no, así le sale naturalmente. Su canción ahora recorre el mundo, con un mensaje que es digno de admirar. “Ojalá que les llegue el amor. Les va a venir bien a todos, incluso ese que no tiene amor por nada, también se va a emocionar”, proyecta, mientras su composición sigue sumando reproducciones en YouTube.
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