Desde su primer año de vida Julieta Garay mostró una gran pasión por la cocina. Al principio acompañaba a sus abuelos mientras preparaban la comida, pero al poco tiempo pidió participar, y sus ganas de aprender la llevaron a descubrir la pastelería, un mundo totalmente desconocido para la familia. A los 3 años y medio incursionó en la creación de tortas, a los 4 armó su primer rogel y a los 5 le pidió a Papá Noel un horno como regalo. En plena pandemia le comentó a sus padres, Micaela y Alejandro, que quería compartir sus recetas en Instagram para que otros niños también se animaran a hacer sus propias versiones. Con esa finalidad, y la idea de que se puede aprender jugando, surgió su cuenta, @juliicocina, que tiene más de medio millón de seguidores. En diálogo con Infobae, madre e hija revelan el detrás de escena de las publicaciones, y el desafío que tienen por delante en la Expo Eventos Creativos -de entrada libre y gratuita-, donde por primera vez una niña de 7 años será quien lleve adelante un taller infantil lleno de diversión y conocimientos.
“No vendo tortas, te invito a crearlas”, dice la descripción del perfil, y Julieta le hace honor a esa aclaración en cada uno de los videos que protagoniza. Antes de ponerse frente al celular para grabar el paso a paso, practica, y luego le ofrece a sus papás una porción para que le digan qué tal salió. Hace lo mismo con sus abuelos y hasta con sus vecinos, que aceptan encantados, para que el veredicto sea unánime. Le gusta detectar “recetas que no fallen” para que todos puedan hacerlas. Esa es la esencia de su emprendimiento, la vocación de enseñar desde lo lúdico.

En agosto de 2023 la niña fue convocada para brindar una masterclass en el Campeonato Mundial del Alfajor, y su papá fue su asistente en el evento. “Aunque mi marido no sabe nada de pastelería, él es profesor de tenis, ahí estuvo para todo lo que necesitaba en la demostración que hizo delante del público”, cuenta la mamá de Juli. Desde San Justo, Provincia de Buenos Aires, la niña también participa de la charla, recién llegada de la escuela, después de tomar una chocolatada.
“Mi abuela me regaló una cocinita cuando tenía 2”, comenta Juli. A muy temprana edad ya daba indicios de su faceta culinaria cuando hacía tortas miniaturas para sus muñecas con plastilina. “Nació con la espátula prácticamente, y fue rarísimo para nosotros porque venimos del mundo del deporte, nada que ver con la cocina, pero entendimos que esto es lo que a ella le gusta y la apoyamos mucho”, asegura Micaela, y confiesa que no fue un camino sencillo. Hubo varias adversidades por vencer: no había ningún curso de pastelería para una nena de 3 años. Y mientras buscaban profesores particulares se decretó la cuarentena obligatoria, por lo que las clases virtuales se convirtieron en la única opción.
Una vez vencidos esos obstáculos, cuando regresó al jardín de infantes de manera presencial, muy pocos comprendían su amor por la decoración de tortas. “Otros nenes le decían que ‘la cocina no es cool’, que era ‘raro’ que a ella le gustara tanto la cocina, y eso nos llevó a cambiarla de escuela y en su nuevo jardín comprendieron que es lo que más ama y eso la potenció mucho”, celebra. A veces incluso coincidieron talento y educación en algunas actividades, como la vez que hizo 160 galletitas para todos los niños en el marco de un evento escolar, o cada una de las veces que prepara tortas para donar al merendero “Volver a empezar” de Hurlingham, y luego va con algunos amigos a entregarlas.

“Al principio nadie creía en ella, le decían: “¿Sos vos la que cocina?”, pensaban que yo cocinaba y que ella me ayudaba, pero realmente yo no sé nada de cocina, y ella siendo tan chiquita quería aprender, así que cuando se le terminaron las recetas de la abuela, recurrimos a profes que se convirtieron prácticamente en tíos y hermanos para Juli”, indica.
Todos juntos
“A mamá se le quemaban las cosas”, delata la pequeña pastelera, y su madre se ríe y admite que es cierto. “Ella me decía cuánto tenía que estar en el horno, pero yo capaz lo dejaba unos minutos más y pasaban esas cosas, entonces se hizo fanática de los temporizadores y me ponía el tiempo exacto para que yo se lo saque”, indica. Julieta todavía no sabía leer cuando se lanzó hacia sus primeras recetas, y la cocina fue una gran motivación para familiarizarse con nuevas palabras, practicar los números a la hora de pesar los ingredientes en la balanza, y cultivar la paciencia por la cantidad de horas que implica el armado de una torta.
“Todo fue y sigue siendo a pulmón, toda la familia acompaña en lo que se necesite, vamos a todas partes en manada. Las abuelas le hacen cada una de las chaquetas para las exposiciones, nosotros nos dividimos los tiempos y la verdad es que la pastelería es un presupuesto enorme, desde comprar un maple de huevo porque sabemos que Juli lo liquida enseguida, chocolate semiamargo para las cremas que hace, las harinas, y todos colaboramos para acompañarla porque es hermoso ver el amor con el que lo hace, que se transforma completamente cuando se pone a grabar con el celular”, explica Micaela.

Todos le brindaron su apoyo, e incluso le compartieron recetas de su bisabuela, y Julieta no solo las rescató sino que en algunos casos se animó a hacer su versión. “Ella no te tira nada, y gracias a eso surgieron unos alfajores de harina de almendras, que originalmente eran unas galletitas, pero ella los convirtió en alfajores”, relata. Luego compartió el paso a paso y una emprendedora les escribió para contarles que los incluyó en su catálogo de venta y tuvieron mucho éxito. “Esas cosas nos parecen increíbles, que ella, que sigue siendo una niña de 7 años, pueda generar todo eso”, expresa conmovida la mamá de Juli.
Es tanto el respeto por el espacio y la comunidad que se generó, que Micaela y Alejandro no suelen aparecer en el feed de Instagram de su hija. “No nos consideramos entendidos en lo más mínimo en la temática, y por eso tratamos de que el contenido sea solamente Juli en la cocina, que muestra lo que le gusta hacer, siempre manteniendo su privacidad, porque como papás siempre respetamos su espacio y le consultamos las decisiones de cada oportunidad que se va presentando”, detalla.
Con timidez, Julieta revela que uno de sus momentos preferidos es cuando sus papás le leen los mensajes que llegan de otros niños. Uno de sus sueños más grandes era llegar a muchos nenes, para motivarlos a que no abandonen sus pasiones. “Siempre les digo que si no sale, no pasa nada, se vuelve a hacer”, afirma la pequeña pastelera. “Hay que darle mimitos con el fratacho a las tortas para forrarlas hasta que quedan lisas”, es otro de los consejos que aporta la experta, además de recomendarles mojar la cuchara con almíbar al momento de esparcir el dulce de leche repostero entre capa y capa de bizcochuelo. Y eso no es todo: también usa un nivel para corroborar que sus creaciones queden derechas.
“Le encanta pintar y dibujar, tanto en papel como sobre las tortas, también jugar al tenis, por la profesión de su papá, y aunque la gente piensa que se la pasa cocinando la realidad es que durante la semana es una nena que como cualquier otra va a la escuela, hace sus tareas, y más que nada los sábados es cuando se pone a hacer videos”, aclara. Juli asiente y revela uno de sus secretos: “A veces hago tres recetas cortas en un mismo día y me voy cambiando de ropa”. Así va generando material variado y después mira una vez más las filmaciones para grabar el paso a paso con su voz. “En el audio va explicando como si me lo estuviera enseñando a mí, y muchas le pregunté porqué no subíamos directamente las fotos o el video de las tortas terminadas, pero ella me dice: ‘No, mamá, quiero que sepan cómo la hice por si alguien quiere aprender’”, comenta.
Mamá y papá, asistentes
Cada vez que la niña practica sus recetas, su mamá o su papá están cerca para asistirla en lo que necesite. “Ella es muy prolija, y si yo llego a apoyar una uña y dejar una marquita en una masa, es todo un tema, y creo que un día me va a despedir”, dice con humor Micaela. Frente a la consulta de cómo es su mamá en su faceta de asistente, Julieta vuelve a apelar a su espontaneidad y pureza. “Más o menos, a veces ensucia mucho, y una vez se le cayó una torta y la tuve que volver a hacer”, responde, y efectivamente, la anécdota ocurrió cuando ella tenía 4 años y estaba filmando un video para un importante canal de YouTube que la había invitado a participar.
“Con el papá hace pancitos, le encantan las masas también, no solo lo dulce sino lo salado, y hace catarsis con la masa y descarga”, remata su mamá. La complicidad entre ambas emociona, y deja entrever que todos los integrantes de la familia están alineados en el mensaje que buscan transmitir. “Los niños son capaces de imaginar y de crear si así nos lo permiten”, suele expresar en sus videos de Instagram. Con ese lema alcanzó muchos desafíos, y trascendió miedos, como las tortas talladas, una técnica que requiere de mucha práctica y dedicación.

“La torta que le hice a mi abuela, como si fuera una máquina de coser, fue la más difícil, y era en tamaño real”, confiesa Julieta, que no tiene dudas de que esa fue la prueba más grande hasta ahora. También hizo otra de mismo estilo para su mamá, con forma de termo y mate para homenajearla. “Es gracioso que a veces la apodan ‘Matilda’, por la nena de la película, y en la vida real estuvimos a nada de llamarla así, sin saber que después se convertiría en una niña amante de la cocina”, relata.
Su creatividad siempre sorprende, y lo que le sigue a una idea que le gusta, siempre es compartir. “Se me ocurrió hacerle una carta a Papá Noel que se pueda comer, para que no se tenga que llevar tantos papeles de tantos nenes, así que hago una galleta cuadrada, le pongo masa, agarro unas fibras comestibles y le escribo ahí las cosas”, revela Julieta, y anticipa que le enseñará el paso a paso a los niños que asistan a la Expo Eventos Creativos 2023, que tendrá lugar el 10, 11 y 12 de noviembre en Avellaneda. “Ella diseñó todo lo que va a llevar, y nos dijo que quiere que los chicos cocinen, dibujen y que haya show de magia”.

Por el vínculo que se genera una vez que intercambia conocimientos y aprendizajes con personas a las que considera referentes, la niña de 7 años los incorpora a su “manada”, tal como le gusta llamar a la comunidad que consulta cada vez que tiene alguna duda. Además de la pastelería, le encantan los animales, y proyecta ser veterinaria cuando sea grande, sin dejar de lado su pasión culinaria. Siente que ya se le cumplieron muchos anhelos, pero se le viene a la mente un sueño pendiente cuando imagina su futuro: tener su propia cocina. “Ella en vez de tener una habitación siempre nos dice que le gustaría una cocina toda de rosa, para poder hacer ahí sus recetas”, acota su mamá.
En muchos comentarios los seguidores destacan el ejemplo de superación que encarna su hija, y Micaela se emociona por todo lo que ocurrió en menos de cuatro años. “Podríamos haberle dicho que no cocinara, que no teníamos el tiempo para acompañarla, pero elegimos hacer el esfuerzo, y estamos orgullosos de verla crecer de esta manera, acompañándola, siempre respetando sus tiempos, y lo más importante, que lo disfrute y sea feliz”, concluye conmovida.
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