
Esa noche del 8 de mayo de 1813, Vicente López y Planes estaba en la Casa de Comedias, asistiendo a la puesta de “Marco Antonio y Cleopatra”. Al final del segundo acto se levantó y se marchó. Inútiles fueron los esfuerzos de sus amigos por retenerlo. Dijo que le había llegado la inspiración y que por fin terminaban esos largos días, casi ahogado por el aire exageradamente húmedo de la ciudad.
Envuelto en su capa roja se dirigió, lo más rápido que pudo, a su casa de la calle Perú al 300. En la segunda habitación de la entrada, sobre una mesa de caoba, de esas que se pliegan y había comprado a un oficial inglés que había venido con el general John Whitelocke, se sentó y se puso a escribir casi frenéticamente. Eran las diez de la noche y estaba creando el himno. Hacía cinco días que Vicente López y Planes había cumplido 29 años.
Nunca usó su primer nombre, Alejandro. Nació el 3 de mayo de 1784. Su papá se llamaba Domingo López, era asturiano y su mamá Catalina Planes, argentina.
Siempre se consideró un hombre de letras, apasionado por la astronomía y por el álgebra. Sin embargo sus especiales condiciones de mediador y contemporizador lo llevaron, sin quererlo, a asumir a lo largo de la vida institucional del país, responsabilidades políticas y militares.

Estudió en el Real Colegio de San Carlos y cuando terminó sus estudios se dedicó al comercio. Cuando lo estuvieron por enviar a Chuquisaca para que estudiase una carrera, los ingleses se apoderaron de la ciudad. Se incorporó a las fuerzas que reunió Santiago de Liniers y combatió para desalojar a los británicos.
Cuando el flamante virrey llamó a la población a conformar un regimiento de milicianos, se incorporó a Patricios como teniente de la tercera compañía del primer batallón. Así combatió en la segunda invasión en 1807 y se ganó el ascenso a capitán. Y como no podía con su genio, compuso una poesía que tituló “Triunfo argentino”.
Finalmente estudió abogacía en Chuquisaca. Debió dejar la región a las apuradas porque había adherido a la revolución que allí había estallado en 1809. En Buenos Aires, cuando se organizaba para ejercer, estalló la Revolución de Mayo.
Votó en el Cabildo abierto por la deposición del virrey y cuando se preparaba para dedicarse a lo suyo, lo nombraron secretario de Hipólito Vieytes, que iba como auditor en la Expedición Auxiliadora hacia el Alto Perú. Esto le impidió realizar las prácticas para que fuera habilitado a trabajar de abogado.
El fusilamiento de Santiago de Liniers, a quien idolatraba, fue un duro golpe que debió asimilar. Luchó en Suipacha y pidió licencia para volver a Buenos Aires. En la ciudad se relacionó con los hombres de la Sociedad Patriótica, y así el poeta se dedicó a la política.
Duró dos meses como secretario de Hacienda en el Primer Triunvirato, debido a la puja con los seguidores de Bernardino Rivadavia. Argumentó que su presencia no era necesaria y que su trabajo bien lo podían hacer los dos secretarios y así ahorrarse un sueldo. Solía reunirse con sus amigos morenistas en el café de Marco, en la esquina de Bolívar y Alsina.

Se hizo amigo de José de San Martín –”es un paisano que hacer honor a su tierra”, dijo el militar de él- y cuando el Libertador emprendió el exilio lo nombraría albacea suplente de sus bienes.
López participó en la Asamblea del Año XIII. Con Vieytes y Valentín Gómez fue electo representante de Buenos Aires. Fue cuando se iluminó y compuso la letra del Himno Nacional, que fue aprobado por aclamación.
Cuando el Director Supremo Carlos María de Alvear fue derrocado, López y Planes cayó en desgracia porque lo apoyaba. Se salvó del destierro que sufrieron otros compañeros, pero se le indicó que debía observar una conducta imparcial.
Tuvo una gran alegría: el nacimiento el 24 de abril de 1815 de su único hijo Vicente Fidel. En 1813 se había casado con Lucía Petrona Riera Merlo, una porteña de 19 años.
Vivía en la actual calle Perú, en la misma casa donde nació y donde moriría. Adhirió a la Logia Lautaro.
Paralelamente, daba rienda suelta a su inspiración literaria, publicando una loa dedicada al 25 de mayo y un soneto por la muerte de su amigo Belgrano. En las elecciones de abril de 1820 fue elegido legislador, con 105 votos.
Cuando se creó la Universidad de Buenos Aires, fue prefecto en el Departamento de Estudios Preparatorios. Se animó a imprimir un cuadernillo sobre las enfermedades de los niños, que durante muchos años fue material de consulta de médicos.
Juan María Gutiérrez dijo de él que “mientras haya amantes de la gloria literaria de Buenos Aires, será alabado como un digno modelo”.

Fue un opositor a Rivadavia y cuando éste debió dejar la presidencia, López fue nombrado por propios y extraños presidente provisional el 5 de julio de 1827. Asumió a las 12 del día siguiente, no sin antes rechazar el cargo pero fue tanta la presión que debió aceptar, y terminó jurando el 7. Su hijo, el historiador Vicente Fidel definió la gestión anterior como “la aventura presidencial del señor Rivadavia”.
Quiso armar un equipo con hombres de distintas facciones: Marcos Balcarce fue ministro de guerra y Tomás de Anchorena de Hacienda. Juan Manuel de Rosas fue nombrado comandante general de la campaña.
Dispuso disolver el congreso general y llamó a elecciones a gobernador bonaerense. Cuando un mes después renunció y resultó electo gobernador Manuel Dorrego, estuvo a cargo de Hacienda.
Diez años después de haberse recibido, fue habilitado a ejercer el derecho.
Lo sedujo el salón literario de Marcos Sastre, creado durante el rosismo. Decidió mantenerse en un segundísimo plano, más aún cuando su hijo debió exiliarse en Chile por su militancia unitaria, donde junto a Domingo F. Sarmiento organizó una escuela. Estuvo 15 años sin verlo. El, mientras tanto, permaneció en Buenos Aires. En 1832 fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores de la provincia de Buenos Aires.
Junto a Felipe Senillosa se ocupó en el estudio de los cometas. Parece ser que entre 1843 y 1844 fue un período rico en avistajes de estos fenómenos celestes. López tiene el récord de haber descubierto uno en diciembre de 1844. Además, estudió álgebra y trigonometría.

Al día siguiente del combate de Caseros, Justo José de Urquiza lo nombró gobernador bonaerense interino. Su hijo lo acompañó en Instrucción Pública, un ministerio que fue creado a instancias del gobernador entrerriano. Su primer día para fue para el olvido: la ciudad se convulsionó por los saqueos y por los enfrentamientos que se dieron al ver a las tropas de Urquiza luciendo la divisa punzó, que caracterizaba al rosismo.
Autorizó la confiscación de los bienes de Rosas y a la vez dispuso devolverle los bienes a los unitarios que habían debido exiliarse.
Fue uno de los firmantes del Acuerdo de San Nicolás, defendido junto a su hijo, pero la legislatura lo desautorizó. Urquiza disolvió la legislatura y repuso a López en su cargo, pero terminó renunciando el 21 de julio de 1852.
Murió en Buenos Aires el 10 de octubre de 1856, en la misma habitación donde 72 años atrás había nacido, luego de una larga vida en la que fue de todo. Hasta piloto de tormentas.
Fuentes: Historia Argentina, de Ricardo Levene; Hombres de Mayo, de Ricardo De Titto;
Seguir leyendo:
Últimas Noticias
Lo que nadie dice sobre el sexo después de los 50: la menopausia, el cuerpo que cambia y la obligación de seguir encendida
El Viagra lleva 27 años en el botiquín sin que nadie se sonroje. Los óvulos de estrógenos todavía se compran en voz baja. La menopausia salió del closet en el mundo, pero el mandato de seguir activas sexualmente es una trampa que pocas nombran

Sobrevivió setenta días atrapado 700 metros bajo tierra, pero lo peor pasó cuando volvió a la superficie
Antes me sentía seguro aunque las condiciones fuesen muy difíciles. Ahora estoy a la intemperie, expulsado a una superficie hostil donde me siento aislado y vulnerable. Siento que perdí todo lo que tanto trabajo me había costado encontrar

Cortó una manzana a la mitad y dejó una huella imborrable en el espectáculo argentino: once años sin Gerardo Sofovich
El recordado productor falleció a los 77 años, el 8 de marzo de 2015, después de más de cinco décadas trabajando en el mundo del entretenimiento

Las mujeres jóvenes, los “pisos pegajosos” y el desafío de acceder al primer empleo formal: “Quería algo que me diera estabilidad”
Una transformación inesperada llevó a Nayla Coronel, de 21 años, a poder combinar su carrera universitaria con un trabajo formal. La tarea de una organización que significó el punto de inflexión en su historia y las estadísticas que dan crédito de una problemática: los altos niveles de informalidad y menor participación en el mercado de trabajo de las mujeres jóvenes

Inteligentes, sensibles, discretas y compañeras: las vidas desconocidas de las primeras damas argentinas
Salvo excepciones, las épocas en las que vivieron las relegaron a un segundo plano, a la sombra de sus maridos presidentes. Fueron colaboradoras, otras prefirieron dedicarse a sus familias, y hubo las que se comprometieron en política o en acciones sociales. Si bien se incluyó a la esposa de Rivadavia -en los papeles el primer presidente- ofrecemos las historias de las que acompañaron a los hombres que, luego de 1853, llegaron a la primera magistratura a través del voto. Desde Rivadavia a Isabel Perón, un repaso de aquellas mujeres explosivas, sutiles, invisibles y decisivas



