
-¿Qué es lo más difícil de ser un galán de Hollywood?
-Tendrías que preguntarle a alguno.
Hay una debilidad a la que Clive Owen no ha sucumbido: a este hombre poco le interesa agradar al público. A pesar de su percha, ojos azul profundo y compostura británica, el actor prefiere dotar a sus personajes de una intensidad que termina por robarle la escena a su atractivo físico. “Siempre me he acercado a los personajes como diciendo, ‘no estoy acá para encantarte, pero echá un vistazo para ver por qué esta persona funciona así. No va a ser fácil, porque los personajes buenos y complicados no lo son, pero tratá de entenderlos’”, ha dicho con su habitual cadencia pensativa. Owen tiene una vocación de Zelig para recubrirse de pieles siempre complejas y distintas entre sí: un ladrón profesional de bancos, el novio psicopático que interroga a su ex sobre una infidelidad, un cirujano obsesivo y narcodependiente, o más recientemente, el ex presidente Bill Clinton en su momento más infame de escándalo sexual e impeachment. Sus actuaciones pueden transicionar entre el fervor maníaco y un estilo cool donde despliega su porte de adonis; un talento multifacético que nutrió desde su adolescencia.
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El inglés que se reconoce como un animal de teatro, conquistó Hollywood pero elige pasar sus días en Londres junto a su esposa, Sarah-Jane Fenton y su familia. El matrimonio que se conoció interpretando a Romeo y Julieta y se casó en 1995, eligió la rutinaria normalidad lejos de los flashes. De hecho, lo que menos le gusta de su profesión es pasar tiempo fuera de casa y alejado de sus dos hijas adolescentes. “El tiempo que pasamos separados es mi mayor preocupación. No quiero que lleguen a la adolescencia pensando que su padre no estuvo ahí para ellos cuando más lo necesitaban”. Quizás se deba a una infancia “áspera”, como él la describió, o simplemente, Owen sea un padre dedicado a su familia. El galán de mil caras hoy cumple 58 años.

En Coventry, una ciudad fabril ubicada en el corazón del Reino Unido, nació Clive Owen el 3 de octubre de 1964. El actor que se ganó un lugar para estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art, la prestigiosa escuela de arte dramático donde estudiaron Peter O’ Toole, Helen Mirren y Anthony Hopkins, atravesó varios sinsabores antes de brillar sobre las tablas. El cuarto de los cinco hijos de Pamela Cotton y Jess Owen tuvo una infancia difícil: su padre biológico, un cantante de música country, lo abandonó cuando tenía tres años. “Es mi culpa”, dijo arrepentido Jess Owen cuando el actor despegaba con una carrera en el cine. “Cometí un error y lo estoy pagando. No me molesta el hecho de que Clive no quiera verme. Haría lo mismo si fuera él”. Clive y su padre tuvieron una breve reconciliación cuando tenía 19 años, pero la relación no continuó. Cuatro décadas atrás, Owen hijo decidió romper todo contacto.
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Tras el abandono de Jess, Pamela formó pareja con un operario del ferrocarril que se convirtió en su padrastro. Durante la adolescencia, Owen descubrió su amor por la interpretación, pero en Coventry no parecía una salida posible. En una charla vocacional de su colegio secundario, se animó a decirlo en voz alta: “Cuando me preguntaron qué quería ser de grande, dije: ‘Actor’. Todos se rieron: ‘En serio, ¿qué querés hacer en realidad?”. Por suerte, muy pronto se unió a un pequeño grupo de teatro donde encontró lugar para su vocación. “Eso me salvó la vida”, confesó durante una entrevista con el presentador inglés James Corden.

En la escuela, Owen era un joven rebelde que no se esforzaba demasiado por mantener sus notas. Su impulso autodestructivo lo llevó a desperdiciar una oportunidad de estudiar en la escuela de teatro Mountview de Londres para pasar sus horas en el billar y las apuestas, esperando un giro en su fortuna. Pero luego de dos años de desempleo y vagabundeo, en 1984 aplicó a la Royal Academy (RADA) para estudiar artes dramáticas. La audición era exigente: tres minutos de Shakespeare para mostrar su talento. Owen quedó dentro de una selecta camada que incluyó a Ralph Fiennes y Jane Horrocks.
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Durante sus temporadas teatrales conoció a su esposa, la actriz Sarah-Jane Fenton: ella interpretaba el papel de Julieta y él a Romeo. Fenton luego abandonó su oficio para dedicarse a la academia, como investigadora doctoral de salud mental en la Universidad de Birmingham. Owen, en cambio, comenzó un lento camino hacia la fama: luego del teatro vendrían papeles en la televisión británica, pero el rol que le abrió las puertas de la industria estadounidense fue el protagónico en Croupier. Aunque la película solo recaudó 55 mil libras esterlinas, su interpretación de Jack Manfred, un atribulado empleado en un casino, capturó la atención de varios productores y directores. Sus cartas estaban marcadas para un camino ascendente: una película de culto dirigida por Guy Ritchie, un papel inquietante en Gosford Park, un protagónico romántico junto a Angelina Jolie y un blockbuster con la saga, Jason Bourne.

En 2005, su papel de un dermatólogo desconsolado por el engaño de su esposa en Closer, le trajeron el oro cuando ganó un BAFTA y un Globo de Oro por la mejor actuación de reparto. Su co-protagonista, Julia Roberts dijo que él “le quitó el aliento” con su actuación. Su padre Jess vio la película de su hijo en un cine de Leicester junto a cientos de espectadores. Con una trayectoria de éxitos de taquilla y crítica, Owen confesó que el momento más importante en su carrera fue aparecer en Curb your Enthusiasm, la serie del comediante Larry David: “Todos eran tan buenos. Lo único que pensaba era: ‘no lo arruines’”. Luego, el periodista preguntó: “¿Larry estaba contento con tu actuación?”. Él replicó: “Ni idea”.
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Si en la pantalla, el británico disfruta de aquellos papeles que lo ponen al filo de la navaja, fuera de cámara, huye de Los Ángeles para refugiarse en Londres junto a su esposa y dos hijas, Hannah y Eve. La más chica siguió los pasos de su padre e ingresó en la Royal Academy. Cuando le preguntan si la decisión le provoca algo de vértigo, contesta: “No, en absoluto. No entiendo a esos actores que dicen: ‘por nada del mundo querría que mis hijos fueran actores’. Siempre pienso: ‘A vos no te fue nada mal’. Por supuesto que es una profesión brutal y te enfrentás a muchos rechazos, pero la apoyo con todo mi corazón porque yo lo he pasado muy bien haciendo esto”.
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