
El film derrocha urdimbre, matices, inteligencia, riqueza de subtextos, personajes sutiles; es en esencia una ópera. Se acaban de cumplir 50 años del estreno global de “El Padrino”, esa saga familiar, criminal y shakesperiana.
La película fue producida por el mítico Robert Evans, playboy y genio empresarial, jefe de Paramount Pictures, responsable también de éxitos fenomenales como Chinatown, El Bebé de Rosemary y Love Story. Me lo crucé en México en 1979, en el estreno de la película Pasiones en juego, interpretada por su ex mujer, Ali McGraw, y nuestro compatriota, el tenista Guillermo Vilas. Aproveché y lo entrevisté para el programa Mónica Presenta de Canal 13. Tuve suerte, y aún después de que se apagara la cámara, Evans, nacido como Robert Shapera, siguió contestando preguntas. La que más me interesaba era, obviamente, ¿cómo llegó a producir la famosa historia del escritor Mario Puzo?
-Me encontré con Puzo, que tenía deudas de juego, y me ofreció un esbozo de textos llamado “Mafia”. Eran unas 60 páginas. Y me dijo que esa palabra, mafia, nunca se había usado antes en Estados Unidos. Como a mí siempre me había interesado esa clase de películas, le di 12 mil dólares. Y Puzo convirtió esos esbozos en la novela El Padrino. Paramount se la pudo comprar por muy poca plata, porque yo había pagado ya el resumen. Pero aún así el estudio no estaba demasiado interesado en filmarla, porque ninguna película dedicada a la Organización, como antes se denominaba a la Mafia, había tenido éxito. Afortunadamente, yo descubrí la razón de los fracasos anteriores: todos esos films habían sido hechos por judíos y no por italianos. Y hay diferencia entre un judío y un italiano. Por eso convoqué a Francis Ford Coppola para dirigirla.
-Pero usted es judío…
-Sí, lo soy.
-Es curioso que se haya empecinado en que el film lo haga un italiano.
-Y no me equivoqué. Yo deseaba que el film oliera a espaguetis. Y tuvo ese aroma.
-Se dice que usted no quería poner a Al Pacino.
-No, no quería a Pacino, por lo bajito. Y Francis no quería a James Caan. Así que transamos y pusimos a los dos, porque se acercaba la hora de rodar.

-¿Es verdad que cuando Coppola le mostró el primer corte, usted lo instó a alargar mucho más la película?
-Sí. De dos horas la llevamos a casi tres.
- Pero usualmente los productores piden acortar, no alargar…
-A los distribuidores no les gustan las películas de tres horas, pero este film no retrataba una vida, sino toda una era. Así que Francis tuvo que seguir rodando, incluso rodó una escena de espaguetis, pero después tuvo miedo de incluirla. Y eso lo comprendí.
-Trabajar con Marlon Brando no habrá sido fácil…
-Nadie quería que Marlon estuviera en el film, excepto Francis, y yo coincidí con él. Era la única persona del mundo que podía interpretar a Don Corleone. En ese momento su carrera estaba en baja, hacía años que no conseguía hacer una película exitosa y necesitaba el dinero. No hizo el rol por un propósito artístico, aunque decía que le había encantado el libro. Yo creo que nunca lo leyó. Pero quería ese papel, lo consiguió e hizo historia con él.

-Usted también produjo Chinatown. ¿Porqué eligió a Jack Nicholson como protagonista?
-Descubrí a Jack en un film que hizo con Barbra Streisand. Su sonrisa, aún antes de que abra la boca, hace temblar las paredes. Es la sonrisa del billón de dólares. Y su instinto natural lo lleva a hacer siempre cosas distintas. Así, él tuvo la idea de ese corte en su nariz en Chinatown. El vendaje y la cicatriz se van achicando a lo largo del film: fue una brillante jugada conceptual. Y era subliminal. Uno no se daba cuenta, pero actuaba como un gran gancho de Nicholson en ese rol.
-Veo que está acompañado de Ali McGraw…
-Siempre quedé amigo de mis ex esposas. Generalmente me llaman para pedirme consejos. Y no les pago alimentos, por una muy buena razón: ¡Terminaron ganando más plata que yo!
La actriz de Love Story lo abandonó cuando se enamoró locamente de Steve McQueen, filmando La Fuga. Amigo personal de Henry Kissinger, Evans hizo algunas de las películas más taquilleras de Hollywood, pero también llevó una vida plena de escándalos: mujeres (se le atribuyeron romances con Ava Gardner, Grace Kelly, Lana Turner, Raquel Welch, Margaux Hemingway), manejos políticos, arrestos, drogas, acusaciones de asesinato.

-Usted ha trabajado con algunas de las actrices más bellas del cine. ¿Cuál es el común denominador de todas?
-Difícil de explicar. Tienen una suerte de cuarta dimensión, una presencia original, un misterio. Y son complicadas, es como subirse a la montaña rusa.
-¿De todas, con cuál se sintió mejor?
-En Hollywood, la mejor compañía no es una mujer. Es un hombre. Se llama Oscar.
-¿Qué aprendió de las mujeres?
-Que son más listas que los hombres, más ocultadoras, más intuitivas. Por ejemplo, si una mujer tiene una aventura, el marido nunca se enterará. Pero si la tiene el hombre, a la mujer le basta con tocarlo o mirarlo para darse cuenta. Comparados con las mujeres, los hombres somos niños. Dios lo hizo de esa manera.

-¿En qué momento sintió que estaba en el pico de su vida?
-En la alfombra roja durante el estreno de El Padrino. Yo quería que fuese la noche más grande de la historia de Hollywood, y lo fue. Todos los que amaba estaban allí a mi lado; mi entonces esposa Ali McGraw, mi hermano Charles, Henry Kissinger, uno de los hombres más poderosos del mundo. Fue el momento más alto de mi vida.
Una vida tumultuosa que terminó el 26 de octubre de 2019, a la edad de 89 años y luego de siete matrimonios. Este año, en el 50 aniversario del estreno en la Argentina, la Paramount, previsiblemente, le dedicó una serie a la historia de la creación de El Padrino. En ella Evans es interpretado por Matthew Goode, conocido por su participación en The Crown y The Good Wife.
La serie fue demolida por la crítica. Uno de los comentarios: “La impresión general es que estamos en presencia de la dramatización de una página de Wikipedia”.
Robert Evans se debe haber revolcado en la tumba.
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