
“¿Está mejor Benja?”, le preguntó Luis a su hija Gabriela por teléfono. Estaba preocupado por Benjamín, su nieto más chico, que había levantado fiebre el jueves. Era domingo al mediodía y el niño de ocho años ya estaba recuperado. Su hija le contestó que estaba bien, que por suerte andaba mucho mejor, y le preguntó dónde estaba, aunque sospechaba la respuesta. “En la parrilla”, le contestó. Luis estaba comiendo solo. Desde febrero que está más solo que antes: Dora, su esposa desde hace más de sesenta años, vive en un geriátrico dominada por el Alzheimer.
Gabriela sugiere que, además de preguntar por la salud de Benjamín, su papá escondía en un llamado inocente un ruego de compañía. Luis tiene 84 años, está lúcido, todavía maneja, es ingeniero mecánico retirado. Vive a una cuadra de diferencia de su única hija, que convive con su nieto más chico. Sus otros dos nietos, Luciano, de 24 años, y Rocco, de 19, viven solos en un radio de distancia de seis cuadras. Lanusita -Lanús Oeste- es su zona de influencia. Ahí está él, en ese primer domingo de agosto, vestido de camisa clara, chaleco verde, pantalones oscuros, zapatillas cómodas, con el bastón cerca, esperando el plato de pastas en una mesa central en Cuidate Vaca, su parrilla favorita del barrio, llamando por teléfono a su hija, intranquilo por la fiebre de su nieto.
“¿Estás en la parrilla? Bueno, esperame, saco a los perros y voy con Benja”. Gabriela, sensibilizada, interpretó el mensaje. El plan era ir con su hijo porque desde el jueves le restringía a su papá el acceso a su casa para prevenir un posible contagio. Y Benjamín, claro, también quería ir. Se cambiaron, agarraron las correas de sus dos perros, Luna y Messi, y caminaron la cuadra que separa su casa de la parrilla. “Yo me quedo con el abuelo”, acordó su hijo. Gabriela lo saludó a Luis de lejos, entre las ventanas, siguió su paseo con los perros. Regresaría treinta minutos después.
Nicolas Ieraci, periodista, diseñador gráfico, fotógrafo aficionado y filmmaker, almorzaba mesas al lado. En algún momento, vio que a su izquierda cómo un nieto y un abuelo charlaban y se miraban a los ojos. Era la única mesa del restaurante en la que no había celulares. Con el suyo, les sacó una foto infidente: retrató el gesto tierno y la mirada atenta de dos personas que se llevan 74 años de diferencia. A las 13:48 del domingo 7 de agosto de 2022, publicó la imagen en Twitter con una leyenda: “Disfrútalo pibe, disfrútalo mucho. Es el mejor momento de tu vida”.

Cuando Gabriela regresó, su hijo ya había comido la ensalada mixta que pidió: iba a terminar de almorzar en su casa. Su papá estaba comiendo pastas. Acercó una mesa más, compartieron el final del almuerzo, pagaron, saludaron, acompañaron a Luis hasta la puerta de su departamento y emprendieron el retorno a casa. Nadie sabía, por entonces, que un retazo de pureza de ese encuentro estaba multiplicándose en las redes sociales.
Se enteraron al día siguiente. Una amiga de Gabriela le contó que en Twitter circulaba una foto de su papá y de su hijo almorzando en una parrilla. No le preguntó si eran ellos: se lo confirmó. Ingresó al link. La viralización de la imagen la conmovió más que la foto en sí: no le sorprendió, identificó esa conexión en ese instante de intimidad. Lo compartió con sus hijos mayores. Luciano y Rocco reconocieron al autor de la foto: es Nicolas Ieraci (@nicoieraci en Instagram), el administrador de Sentimiento Granate, una popular fan page del Club Atlético Lanús. Toda la familia es hincha de Lanús.

Ese mismo lunes a las siete de la tarde, Luis pasó por la casa de Gabriela para tomar un café. Estaban todos: su hija y los tres nietos. Le enseñaron la foto y juntos empezaron a leer los comentarios. “Mi papá se mataba de la risa. Uno decía ‘altas llantas tiene el abuelo’ y él se reía”, relata su hija. “Él es puro amor, como lo mira a mi nene, me miró a mí toda la vida”. La foto inspiró que otros usuarios compartieran las suyas. De repente, en Twitter, la cándida imagen de un almuerzo conmovió a los usuarios que construyeron un catálogo de fotos tiernas entre nietos y abuelos.
En la media hora en la que almorzaron solos, Benjamín y Luis hablaron de Luna y Messi, los perros, de que Gabriela los había sacado a pasear, de que el de ocho años ya se sentía mejor de la fiebre. También suelen jugar al dominó y hablar del colegio, de lo que está aprendiendo en el tercer grado del colegio Balmoral de Banfield, de números, de meteoritos, de la NASA, de piedras, de glaciares, de geología. Su papá Daniel trabaja en Bolivia buscando petróleo y a él le gustaría ser ingeniero o geólogo.
Benjamín disfruta de pasar el tiempo con su abuelo. Luis confesó que es su nieto preferido, pero él sospecha que también se lo dice a sus hermanos. Asegura con timidez que su nieto le genera “orgullo y admiración”. Y aunque no se lo dijo, está de acuerdo con la frase que acompaña la foto: le pide que lo disfrute y que lo disfrute mucho, porque es el mejor momento de su vida.
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