Del Valle Iberlucea: el triste final del senador “sovietista” que defendía a los obreros y apoyó a la Revolución Rusa

El 30 de marzo de 1913 el político se transformaba en el primer senador socialista de América Latina. De origen español, bregó por los derechos de los trabajadores y de las mujeres. Murió joven, a días de ser desaforado por su apoyo a la Revolución Rusa

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Enrique del Valle Iberlucea se
Enrique del Valle Iberlucea se convirtió en el primer senador socialista de América Latina, al triunfar en las elecciones de 1913

El senador estaba muy enfermo y con mucho esfuerzo pudo defenderse en la sesión del 25 de junio de 1921 donde su desafuero era un hecho. El detonante fue lo que dijo en una reunión partidaria, donde efectuó una encendida defensa de la Revolución Rusa de 1917, cosa que no era la primera vez que hacía. Para la justicia y parte de sus pares, era algo imperdonable e inconcebible, que no iba con la forma de pensar y de vivir. Enrique del Valle Iberlucea, 44 años, que pasaría a la historia como el primer senador socialista de América Latina, perdería su banca.

Había nacido el 18 de abril de 1877 en Castro Urdiales, provincia de Santander, España. Su mamá se llamaba María Iberlucea y su papá Epifanio del Valle, era un republicano español que cuando Enrique contaba con 8 años, eligió la ciudad de Rosario para exiliarse.

A los 17 años se había iniciado en el periodismo como redactor del diario La Capital. En esa ciudad creó dos publicaciones, Fiat Lux y La Revista, y está entre los iniciadores del Instituto Cultural Alberdi y del Centro Socialista.

Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Cuando estaba en tercer año, junto a otros compañeros, fundó el Centro de Antropología y de Sociología Criminal. Se doctoró con diploma de honor con la tesis “El procedimiento judicial en el derecho internacional”. También era doctor en Filosofía y Letras.

Con María Luisa Curutchet se
Con María Luisa Curutchet se habían casado en Rosario en 1905. Ella se ocuparía de editar las obras de su esposo, tiempo después de su fallecimiento

Entre 1916 y 1917 dirigió el periódico La Vanguardia, órgano del Partido Socialista, al que se había afiliado en noviembre de 1902 después de publicar un estudio sobre Fundamentos Científicos del Divorcio.

A comienzos de enero de 1905 se casó en Rosario con María Luisa Curutchet, perteneciente a una reconocida familia local.

Según destaca Emilio Corbière, junto al alemán Germán Avé Lallemant, representó en el socialismo argentino a la corriente doctrinaria y política vinculada al marxismo, lo que lo llevó a confrontar con personalidades de su partido, como Juan B. Justo y Antonio de Tomaso.

La revista Caras y Caretas
La revista Caras y Caretas realizó una amplia cobertura fotográfica de las elecciones del 30 de marzo de 1913

Cuando se recibió se dedicó a la abogacía y a la enseñanza media y universitaria. Tuvo una activa militancia por los derechos de los trabajadores en tiempos en que prácticamente no existía una legislación que los protegiese.

En el proyecto que el gobierno elaboró en 1904 sobre la Ley Nacional de Trabajo, el ministro del Interior Joaquín V. González solicitó un informe sobre la situación de la clase obrera al médico y abogado Juan Bialet Massé y le pidió la colaboración a los socialistas Augusto Bunge, José Ingenieros, Manuel Ugarte, Leopoldo Lugones y a Del Valle Iberlucea.

El 23 de enero de 1906 fue detenido en Tucumán al participar de un acto de la Confederación Tucumana del Trabajo, la Federación Obrera y el Centro Socialista.

Los ganadores de la jornada.
Los ganadores de la jornada. A cada lado de Iberlucea, los diputados electos Bravo y Repetto (Fotografía Revista Caras y Caretas)

Durante la llamada “semana roja” de mayo 1909, que había comenzado con la represión policial a las manifestaciones obreras por el día del Trabajo que terminó en una semana de huelga, presentó recursos de amparo por locales partidarios cerrados y por obreros detenidos. Cuando la Unión General de Trabajadores creó la Cámara del Trabajo, Del Valle estuvo al frente de su consultorio jurídico.

A lo largo de su trayectoria política, fue candidato a diputado en diversas oportunidades. Para las elecciones del 30 de marzo de 1913 le ofrecieron la candidatura a senador nacional luego de que Manuel Ugarte la rechazase en dos oportunidades.

Dibujado por Ramón Columba. El
Dibujado por Ramón Columba. El taquígrafo y dibujante destaca la cantidad de libros que el senador llevaba a las sesiones. Fuente: El Congreso que yo he visto, de Ramón Columba

Su triunfo sorprendió a todos. Terminó superando al candidato radical Leopoldo Melo. El Partido Socialista obtuvo entonces 46.376 votos. En esa elección los socialistas obtuvieron, además, dos bancas de diputados que las ocuparían Mario Bravo y Nicolás Repetto.

En esos tiempos, los socialistas eran considerados “peligrosos” por la oligarquía y los sectores dominantes. Los principales diarios demoraron en arriesgarse a analizar los resultados de los comicios, y destacaron que muchos de los electores de Iberlucea eran extranjeros.

José Camilo Crotto, senador nacional por el radicalismo intentó, sin éxito, impugnar la candidatura de Del Valle Iberlucea, alegando que era extranjero.

Lo vivido por Del Valle
Lo vivido por Del Valle Iberlucea fue interpretado como un verdadero calvario, según Columba (Fuente: El Congreso que yo he visto)

Tenía 36 años. En la Cámara Alta presentó diversos proyectos en defensa de los trabajadores y los derechos de las mujeres. La jornada laboral de ocho horas, la creación de un consejo económico del Trabajo; un Código Civil para la mujer; jurados populares, la supresión de la pena de muerte y la derogación de la ley de Residencia.

Además, abogó por modificar la Constitución Nacional en el apartado de la elección de senadores. Sostenía que debía ser por voto popular y que durasen seis años. Esto recién se vería plasmado ochenta años más tarde.

El principio del fin fue el 9 de enero de 1921 cuando participó, en Bahía Blanca, del cuarto congreso nacional del socialismo. En un discurso, se pronunció a favor de la Revolución Rusa, partidario de la toma revolucionaria del poder, de la dictadura del proletariado y de la integración del Partido Socialista a la III Internacional, creada en 1919 y que agrupaba a partidos comunistas de distintos países. De eso se tomó el juez Emilio J. Marenco, quien lo acusó del delito de sedición, establecido en los artículos 19 y 26 de la Ley 7029 “De Defensa Social”, promulgada en 1910 y que era una suerte de complemento de la ley de Residencia. El artículo 19 establecía que sería castigado con pena de penitenciaría entre tres a seis años el que propagase “procedimientos para fabricar bombas, máquinas infernales u otros instrumentos análogos”, mientras que el 26 decía que, de acuerdo a lo indicado en el artículo 19, “preconice el desconocimiento de la Constitución Nacional, o los que ofendan o insulten a la bandera o escudo de la Nación”.

En base a estos artículos, el juez solicitó a la Cámara de Senadores su desafuero para procesarlo. Su objetivo era el de anular su carta de ciudadanía y expulsarlo del país.

Las sesiones donde se trató el caso del “senador sovietista”, como lo llamaban despectivamente, se desarrollaron entre el 25 y el 26 de junio de 1921. En su última intervención, con las pocas fuerzas que le quedaban, dijo que “no temo la decisión de los señores senadores, de los jueces; se cómo piensa la mayoría de ellos, porque conozco sus manifestaciones en el curso de esta discusión, y por tal razón, dirigiéndome a la mayoría, no puedo al terminar sino repetir las frases célebres: en vano busco entre vosotros jueces, pues solo encuentro acusadores”.

Su desafuero fue aprobado por los votos de nueve conservadores y ocho radicales. Los que votaron en contra fueron los conservadores Joaquín V. González, Julio Roca, Benito Villanueva y Octavio Iturbe, y el radical Ricardo Caballero.

El 23 de agosto organizaron un acto en su solidaridad y el 28 el Ateneo Popular celebró una asamblea, en la que su caso fue el centro del debate. Se preocupó por publicar su defensa. La tituló: “La libertad de pensar. Mi desafuero”.

La justicia no tuvo tiempo de procesarlo. El 29 entró en agonía y falleció el 30.

Su muerte causó conmoción y
Su muerte causó conmoción y una multitud llevó el ataúd a pulso al cementerio (Fuente: Revista Caras y Caretas)

Su último mensaje fue para la juventud trabajadora. “Ella es dueña del porvenir; ella verá el mundo de la paz y la justicia social. Yo me dirijo a los jóvenes obreros para incitarlos a la lucha por la conquista de ese mundo cuya aurora divisamos ya en el horizonte de la historia”.

Una multitud llevó su ataúd a pulso al cementerio. Despedían a quien, en su lucha en la defensa de los trabajadores lo había dado todo, hasta su vida.

Fuentes: Diccionario biográfico de la izquierda argentina, de Horacio Tarcus (director); El marxismo de Enrique del Valle Iberlucea, de Emilio J. Corbière; El Congreso que yo he visto (1914-1933), por Ramón Columba; Revista Caras y Caretas.

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