
Decenas de brigadistas de distintos puntos del país tuvieron que abandonar los focos de incendio de los alrededores de la zona de Santo Tomé, en Corrientes, por la llegada de un frente de tormenta eléctrica. El miedo de que cayeran rayos y que no lloviera, lo que incrementaría las llamas, se disipó pasadas las 17 de este jueves, cuando finalmente se largó un diluvio, la ayuda del cielo tan esperada.
“Tormentas aisladas”, anticipaba el pronóstico meteorológico. Sin embargo, llegaron y no fueron aisladas. El agua cayó con todo. Justo cuando habían nacido nuevos focos en los campos circundantes de la ciudad de Santo Tomé: en San Benito y en las estancias Casualidad y Pirizal, a unos 45 kilómetros del casco urbano camino a la Colonia Carlos Pellegrini, en los esteros del Iberá, donde también llovió aunque bastante menos.
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“Ole lé, ola lá, si esto no es Bomberos, Bomberos donde está”, cantaban los brigadistas en la base de operaciones de Santo Tomé, empapados y felices por la mano que les tendió el clima, finalmente, después de días y días de combate contra un incendio impiadoso que se estaba devorando los campos de la zona.
La lluvia cayó en el momento más crítico del incendio en San Benito. Las llamas se veían a kilómetros. La columna de humo negro (signo de que se está quemando mucha vegetación y verde, como las copas de los árboles) tapó el cielo nublado hasta que esa oscuridad se empezó a mezclar con las nubes oscuras y las decenas de rayos que caían sin parar por la zona.
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Tanto fue así que a eso de las 17 hubo un acuerdo entre todos los brigadistas de salir de la zona, lloviese o no. El peligro de la tormenta eléctrica podía complicar todavía más las cosas.
Según confirmaron fuentes del Servicio Federal del Manejo del Fuego a Infobae, en el reporte de las 18.50 ya habían caído 44,60 milímetros en la zona de Santo Tomé, en un día que fue agobiante, con casi 42 grados de temperatura máxima. Para dar cuenta de la sequía, lo que llovió solamente esta tarde es la mitad de todo lo que llovió en 2022 en esta zona.
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“El problema es que en el resto de las estaciones está tirando menos de 10 milímetros, sobre todo la zona centro donde están los focos del Iberá. Aunque la masa de nubes sigue estando y tenemos la posibilidad de que siga descargando algo, ojalá se dé”, comentó Jorge Heider, director de Planificación y Prevención del Servicio, que depende del Ministerio de Ambiente nacional.

Los expertos explicaron que con que caigan 50 o 60 milímetros en las próximas horas podría garantizarse de que los focos se apaguen. “Y que no sean tan de golpe para que la humedad penetre bien en el mantillo que se genera, un material muerto acumulado, con eso cambiaría la historia bastante”, detalló Heider.
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La mayor precipitación está centralizada en esta zona, al oriente de la provincia de Corrientes. También cayó bastante agua en Perugorría, Tabay, Empedrado, Villa Olivari, Paso de los Libres, Mercedes e Ituzaingó.
En el sector cercano a Colonia Carlos Pellegrini, Uguay y la estancia Rincón del Socorro hasta las 18 habían caído 30 milímetros aproximadamente. “Apaciguó pero hay focos prendidos. Es el momento de intentar extinguir antes de que suba la temperatura de nuevo”, advirtió Sofía Heinonen, bióloga, ambientalista y directora ejecutiva de Rewilding, la fundación que opera en el Socorro para recuperar fauna nativa de la zona.
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Allí, el domingo, el equipo de brigadistas de Córdoba logró sofocar un frente de fuego inmenso que estuvo a punto de devorarse la escuela rural de Uguay y las casas de 39 familias que habitan el paraje.

Además, en la zona de San Alonso, una “isla” donde se está trabajando en la reinserción del yaguareté, entre otras especies, y es considerado un territorio sagrado por Rewilding y el propio ministro Juan Cabandié, cayeron también 20 milímetros. Eso ayuda bastante, dado que este jueves temprano el fuego se había agravado por el ingreso del frente de tormenta y se complicó bastante, según confirmó Heider, para los brigadistas.
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Sin embargo, en otras regiones donde hay muchos focos activos, como San Miguel, Caá Cati, Loreto, Palma Grande y El Caimán la lluvia no cayó como se esperaba o se necesita, que es la zona donde opera el Servicio Federal de Manejo del Fuego. “En esa zona no cayó casi nada de agua y los helicópteros pudieron extraer a los brigadistas de los esteros normalmente”, agregó Heider.
Corrientes tiene un déficit de precipitaciones desde hace más de dos años. Los pobladores más veteranos aseguran que no recuerdan referencias de una sequía como esta desde hace 70 años. Según el INTA Corrientes, cayeron 1.060 milímetros menos desde 2020, una cifra similar al promedio histórico de lluvias para la región.
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