El dolor de María Julia, una de las viudas que dejó el COVID: “Fernando era un apasionado de la vida”

Para rendir homenaje a las víctimas, ella y cientos de familiares que perdieron un ser querido hicieron una suelta de globos blancos en Plaza de Mayo. Fue en el “Monumento de las Piedras”, en Plaza de Mayo, donde hubo lágrimas y rezos para esos seres que se fueron sin haber sido despedidos

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Felices. La pareja estaba llena
Felices. La pareja estaba llena de proyectos que el coronavirus destruyó

Fernando Redruello y María Julia Muslera estaban viviendo su mejor momento como pareja y como familia. Divorciados y con tres hijos cada uno, el destino quiso que sus vidas se cruzaran en la casa de una amiga en común. A la semana Fernando la invitó a salir, pero como ella estaba recién separada de su pareja anterior dejó pasar la oportunidad. “Al tiempo nos volvimos a encontrar y ya no nos separamos más. Estuvimos juntos 11 años”, confía María Julia, con los ojos humedecidos.

Tenían proyectos, estaban llenos de vida y se amaban con locura. Hasta que se inmiscuyó el COVID-19, en marzo de este año. “Primero me contagié yo y mi hija, a la semana le tocó a Fernando -relata-. El 24 de abril falleció mi marido, a los 54 años. Padecía diabetes y era insulinodependiente”.

No llegó a recibir ninguna dosis de la vacuna que, tal vez, le hubiera salvado la vida. “Primero se vacunaron los que nos gobiernan y sus amigos. No puedo creer tanta insensibilidad, la gente no les interesa, solo piensan en ganar elecciones”.

A María Julia el dolor y la bronca le brotan por los poros de cada centímetro de su cuerpo. “Fernando era una buena persona, el amor de mi vida, un apasionado de la vida y del rugby”. Ex bancario, Fernando se ganaba la vida como vendedor independiente. Pero el rugby era su pasión. Llegó a jugar en Pucará y cuando se retiró del deporte, pasó a entrenar a los jóvenes de su club, San Albano, una prolongación del colegio de la localidad bonaerense de Lomas de Zamora donde había estudiado. “Fernando era muy querido en el barrio y el club -no puede evitar las lágrimas-. El día que lo despedimos, el cementerio estaba lleno de gente. Y a pesar del tremendo dolor que tengo, para mí fue muy importante ver que lo quería tanta gente”.

Otras épocas. Fernando posa junto
Otras épocas. Fernando posa junto a sus tres hijos de su matrimonio anterior

Cuando falleció Fernando, su hijo Matías fue a vivir con María Julia y sus tres hermanastros. “Éramos una familia muy feliz. Fernando era un tipazo, había tenido una vida bastante difícil, pero nunca se quejaba de nada, al contrario, era un hombre muy positivo”, se enternece María Julia, y agrega: “Estos meses están siendo durísimos para mí, pero tengo mucha paz interior porque hice todo lo que tenía que hacer hasta el final. Doy gracias por haberlo tenido a mi lado esos 11 años”.

Homenaje para las víctimas de COVID-19

Por iniciativa de María Julia Muslera y muchos otros familiares de víctimas, ayer se realizó una suelta de globos blancos para rendir tributo a los más de 116 mil muertos por coronavirus, en el Monumento de las Piedras, en Plaza de Mayo.

Emoción. Los familiares lanzan los
Emoción. Los familiares lanzan los globos al cielo (Nicolas Stulberg)
Después del evento de los
Después del evento de los globos, los familiares se cruzan en un abrazo eterno, lleno de lágrimas (Nicolas Stulberg)

El pasado 4 de septiembre, los familiares también se reunieron en lo que llamaron la “Marcha de las piedras”, se trató de una marcha de autoconvocados. Según folletos que circularon por las redes sociales desde hace más de una semana atrás, la marcha tenía como puntos de convocatoria a la Plaza de Mayo. “4S Marcha de las piedras x2, en Plaza de Mayo”, fue el mensaje, mientras que en la primera edición se pudo leer en las imágenes viralizadas: “Depositamos una piedra por cada ausencia. En paz, en orden, con respeto”.

Además de tener el fin de recordar a los familiares y amigos fallecidos en este más de año y medio de pandemia, los ciudadanos que se acercaron a los puntos de encuentro mostraron su disconformidad con el Gobierno y por cómo se gestionó la crisis sanitaria por el COVID-19.

Hubo una primera "Marcha de
Hubo una primera "Marcha de las piedras", en agosto pasado, pero el gobierno de Alberto Fernández las retiró de la plaza y las hizo llevar a un patio de la Casa Rosada. (Nicolas Stulberg)

Cada piedra tiene un nombre, una fecha, un recuerdo. Todas distintas, en forma y tamaño. Algunas eran padres, otras madres o tíos. También había hermanos, hijos, esposas y maridos. Los abuelos no faltaron al igual que los nietos, sobrinos y amigos. Cada piedra era una persona que partió sin un abrazo, sin un beso, sin velorio ni despedida. Sin acompañamiento familiar: sola. En la ausencia de afecto y compañía más cruel e indecible. Sola, sin oportunidad de una vacuna que pudiera darle una chance más a esa vida que se extinguía, devorada por un bicho implacable que mata sin distinciones.

Ese bicho que sigue mutando y se convierte cada vez más contagioso. Un bicho que necesita de una tercera dosis en el organismo para que no pueda seguir matando millones de vida en todo el mundo.

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