
Estaba caminando por el medio de la Patagonia cuando se enfrentó cara a cara con un puma. Lo detectó rápidamente por su manera de moverse. Era grande: medía más de dos metros. Había visto varios antes, pero ninguno tan grande como ése. Lo primero que hizo fue quedarse quieto y fijar la mirada. Tomó su cámara de fotos y lo registró.
Curtido el miedo, revive el encuentro como si lo hubiese disfrutado. “El momento que logras la conexión con la especie es inolvidable”, admite y narra: “Mientras iba en su búsqueda sabía lo cerca que estaba de verlo porque llevo estudiando el comportamiento de esta especie autóctona desde hace mucho tiempo”.
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Para algunos podría ser una situación de riesgo extremo. Para él es parte de lo que experimenta en su trabajo diario. Trabaja de rastrear en la intemperie del paisaje natural a los especímenes autóctonos: un oficio nuevo, que fue autogestionándoselo. “A la naturaleza hay que respetarla. Jamás hay que presentarse frente a un puma como una presa, hay todo un protocolo de accionar. Frente al hallazgo, no se camina para atrás, tampoco se sale corriendo”, detalla.

Es Jorge Cazenave y tiene 58 años. Está casado, tiene tres hijos y fue criado en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Cuando terminó el colegio secundario no tenía claro su destino profesional. Por inercia se anotó en la carrera de abogacía. “Llegué a la universidad sin saber qué quería estudiar. Las dos únicas opciones que se me presentaron fueron economía o derecho”, agrega.
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Igual se recibió. Al obtener el título universitario empezó a ejercer en el juzgado federal de Tres de Febrero. “La verdad que no tenía nada que ver con lo quería dedicarme. A mí lo único que me interesaba era estudiar el comportamiento animal. Una carrera que no existía en la Argentina”.
El padre de Jorge fue el responsable de transmitirle el amor por la naturaleza. Como ingeniero agrónomo, las visitas a los campos de Bragado, Entre Ríos y la Patagonia eran planes familiares habituales. Cuando podía, Jorge se pasaba horas contemplando los movimientos de las ardillas, los pájaros o lo que encontraba en su camino. “Tenía 11 o 12 años cuando hice mis primeras fotos registro. Mi padre me prestó su cámara y después de varias horas logré tomar una imagen”, cuenta a Infobae.
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En la adultez solo se contactaba con ese mundo en las vacaciones. Nunca imaginó que el avistaje de especies podría ser su estilo de vida. “Sin pensarlo me inventé un trabajo a medida, una actividad para ser feliz”, admite. En 1989 decidió renunciar a su cargo de abogado para organizar viajes técnicos por el país: “Recibía a brokers del mundo y les mostraba cómo se producía cereales como el maíz y la soja en la Argentina”. Si bien no era su pasión, fue la manera que encontró para escaparle a la vida de oficina.
Amante de la fauna, en 2001 decidió recorrer la Península Valdés. Allí pasó una temporada y vio por primera vez a las orcas. “Se acercan a la costa dos veces al año en marzo y abril para cazar cachorros de lobos marinos, y después en octubre y noviembre por los elefantes marinos. Es un fenómeno inédito que solo sucede en este rincón del planeta por eso no solo convoca a visitantes sino también a documentalistas y científicos”.
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A partir de ahí todo cambió. Grandes productoras del mundo como National Geographic o BBC lo comenzaron a contactar para que Jorge les organizara expediciones por lugares inaccesibles y así lograr documentar curiosidades de la vida silvestre. “Hago el trabajo de un fixer -un productor- que se encarga de guiar a los reporteros”.

En realidad hace mucho más que eso: “No se trata solo de encontrarse con el animal, sino de anticiparse su comportamiento. Todo lo aprendí de leer, de estar en contacto con especialistas como biólogos, o guías, y de la observación constante”. Hace más de dos décadas que Jorge recorre todo el país en busca de grandes depredadores como el yaguareté, la ballena franca o el puma patagónico. También persigue las huellas de especies autóctonas como la mara, el zorro colorado, pingüinos o el guanaco austral. Su experiencia lo llevó hasta África donde se topó con los cocodrilos de Zambia y vio de cerca a los leopardos. En la India también disfruto de la belleza incomparable de los tigres de bengala.
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Jorge Cazenave comenta que no hace falta moverse lejos de la ciudad para apreciar a las especies locales. “Si uno sale con los binoculares a la costa atlántica, desde San Clemente hasta Tierra del Fuego, puede ver delfines e incluso ballenas jorobadas porque el 90% de la fauna local ocurre cerca de la costa, no en las profundidades”. La pandemia lo frenó durante casi 18 meses. Aventurero, para febrero de 2022 planea su próxima aventura desconocida: “Voy a ir en busca de buitres, lobos y linces ibéricos por España”.
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