
El 15 de noviembre de 2009 falleció Alberto Methol Ferré, uruguayo, historiador, filósofo y “tomista silvestre”, como solía decir de sí mismo burlándose de su voracidad como lector. Yo vivía en Uruguay cuando llegó el final y ese domingo estuve en el hospital de Montevideo, su ciudad natal, junto a la cabecera de la cama donde se alternaban sus hijos y seres queridos para la última despedida. No hubo palabras, no podía haberlas.
Pero en años anteriores ya habíamos intercambiado muchas. Junto con el dolor de la separación, Alberto dejó un valioso legado de pensamiento formado por escritos -libros, artículos, cartas y conferencias- que posteriormente fueron catalogados y ordenados por la fundación creada por sus amigos y presidida por su hijo Marcos. Methol Ferré también dejó para la posteridad el texto, La América Latina del siglo XXI, que el 15 de mayo de 2006 presentó en Buenos Aires otro amigo, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio. En esa oportunidad el futuro Papa habló de un “pensamiento agudo y creativo” que “sabía mirar con perspectiva tanto las raíces como las utopías, y eso lo convertía en un hombre fiel a la realidad de los pueblos”.

La América Latina del siglo XXI se puede considerar una especie de testamento intelectual que recoge en forma de diálogo temático la visión que tenía Methol Ferré del continente y de la Iglesia dentro de él, con particular atención a ese proceso de integración regional por el que tanto había luchado.
Al final de esos diálogos, que se prolongaron sin interrupción durante más de un año hasta la muerte de Juan Pablo II - a quien tanto quería Methol Ferré - y ante la inminencia del cónclave, predijo la elección de Ratzinger-Benedicto XVI y vaticinó la de Bergoglio-Francisco. No por un proceso de análisis, sino de lógica. Lo explico.

En 2005, el 6 de abril para ser más exactos, cuando fue interpelado por una periodista, Methol Ferré afirmó que Ratzinger era «el hombre más idóneo para ser Papa en este momento de la historia», el exponente más brillante «de esa generación que ha alcanzado un esplendor intelectual comparable al de los siglos XII y XIII de la Edad Media, comparable también a la mejor época de la patrística griega y latina, cuando comenzó la gigantesca epopeya de la evangelización de los pueblos». Sin embargo, cuando hizo esas declaraciones, Methol Ferré no consideraba que hubiera llegado el momento de un Papa latinoamericano.

La Iglesia se estaba deseuropeizando, pero el proceso recién había empezado. Methol Ferré estaba convencido de que la Iglesia latinoamericana era efectivamente la más madura para asumir el liderazgo de la Iglesia universal porque era la más antigua de las iglesias no europeas, «pero no me parece» agregó «que las iglesias de la periferia europea ya estén en condiciones de asumir un liderazgo mundial».
Habló de iglesias reflejo y de iglesias fuente. O de “iglesias protagonistas” e “iglesias receptoras” de protagonismos externos a ellas, como prefería decir. El teólogo brasileño Henrique Claudio de Lima Vaz, jesuita y deudor de otro jesuita, Henri de Lubac, fue el primero en establecer la diferencia entre unas y otras, utilizando el primer término, iglesia reflejo, para designar aquellas iglesias que están más determinadas por otras iglesias que por ellas mismas, y el segundo, iglesia fuente, para aquellas que encuentran dentro de sí mismas las fuentes de su propia renovación. «Hay muchos grados intermedios entre esas dos categorías; de alguna manera todas las iglesias son al mismo tiempo “fuente” y “reflejo”» explicó Methol Ferré «pero - históricamente - se puede observar cuándo un término prevalece más o menos sobre el otro».

Cuando dijo estas cosas Methol Ferré estaba convencido de que la catolicidad latinoamericana se encontraba en un momento de transición de “reflejo” a “fuente”. Han pasado casi dos décadas desde entonces, tiempo suficiente para completar el tránsito entre los dos puntos. Y así fue. La Iglesia de América Latina se ha convertido en fuente, llevando a la cátedra de Pedro a un ilustre hijo suyo. Un Papa argentino, además, a quien Methol Ferré conoció muy bien y a quien frecuentaba cuando decía las cosas que hemos referido, un Papa al que apreciaba y con el que colaboró estrechamente.
La relación con el Papa argentino es un aspecto fascinante. Incorporé un capítulo sobre ese tema en la reedición de La América Latina del siglo XXI, que se publicó con el título El Papa y el filósofo. Aquí resultan evidentes las coincidencias personales e intelectuales entre ambos y la influencia del pensamiento de Methol Ferré en el Papa actual.

Otros, como el filósofo italiano Massimo Borghesi y el escritor inglés Austen Ivereigh, fueron ampliando los surcos ya trazados y profundizando las consonancias intelectuales entre ambos. Solo añadiría que Bergoglio acompañó de cerca los últimos meses de la enfermedad de Methol Ferré. Varias veces pidió noticias sobre su estado de salud. Sé que quería conferirle un reconocimiento, quizás un doctorado Honoris Causa en la Universidad Católica de la que era Gran Canciller. Me había comprometido a hacerle saber si las condiciones de Alberto mejoraban. Lamentablemente, no pudo concretar sus deseos. Pero Bergoglio no lo ha olvidado.
Siendo ya Papa, en más de una oportunidad hizo referencia a su amigo uruguayo. En junio de 2013, cuando recibió en audiencia al presidente de Uruguay José Alberto Mujica, recordó a un amigo en común “que ya no está”. Un hombre que “nos abrió la mente”, comentó Mujica, y que “nos ayudó a pensar”, le respondió el Papa. Si Methol Ferré estuviera vivo y hubiera participado de los nuevos tiempos que se sucedieron con el reinado de Bergoglio, «habría comenzado a replantear de nuevo toda la historia de América Latina y su realidad actual a la luz de este hecho», escribió otro querido amigo y compañero, su compatriota Guzmán Carriquiry. «Habría comenzado a escribir y compartir las nuevas exigencias y responsabilidades que trae este pontificado para toda la Iglesia latinoamericana». Aunque también es cierto lo que después dice: «Echamos de menos al “Tucho” Methol Ferré, pero hoy más que nunca es necesario abordar estas reflexiones y perspectivas».

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