En agosto del año pasado, el presidente Alberto Fernández había empezado a hablar del “botón rojo”. La metáfora configuraba el escenario y la coyuntura. Se cumplían cinco meses desde el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país. La gente empezaba a cansarse de la cuarentena. Se hablaba de flexibilidad de las restricciones y de relajamiento social. Cuando el presidente planteaba la posibilidad de regresar a un confinamiento más estricto, hablaba de pulsar el “botón rojo”.
“El botón rojo siempre está a mano porque la conservación de la salud es lo más importante”. “Puede haber un botón rojo”, le respondió a periodistas un mes después antes de afirmar: “No voy a dejar que todo el esfuerzo que se hizo, se pierda. No voy a permitir que esa situación llegue al colapso. Estoy siguiendo las camas de terapia día a día”. La analogía del botón rojo vuelve en mayo de 2021 y la reclama Federico Fiorilli, jefe de terapias intensivas del Ministerio de Salud de Santa Fe y coordinador de las terapias intensivas no Covid del hospital Centenario de Rosario.
“Se lo pido a las autoridades nacionales. Llegó el momento de apretar el botón rojo, conservando a mi criterio lo mínimo indispensable. No digo volver a Fase 1 ni nada, pero sí limitar la circulación. A pesar de hacerlo hoy, vamos a estar cuatro semanas muy estresados porque esto va a tener impacto recién después de esas cuatro semanas. De demorarse esta decisión, la situación se va a prolongar”, expresó el terapista en diálogo con Luis Novaresio en Radio La Red.

Fiorilli no apeló a ninguna metáfora: “Colapsó el sistema sanitario de Rosario. Es una situación muy angustiante. Moralmente uno no tiene todas las fuerzas para afrontar esta situación. Desde hace quince días venimos sufriendo la tensión del sistema. Estamos hablando de un sistema que se amplió más del 150% en camas y anoche teníamos signos de colapso, de no poder ubicar pacientes en unidades de terapia intensiva”.
El acceso a una cama es, hoy, difícil en la provincia de Santa Fe. “Si no tenés camas de terapia intensiva disponible, lo podés tener en sectores con menor complejidad de cuidado. Porque esto se basa en cómo uno cuida a sus enfermos. Si no estás en terapia intensiva, tenés un cuidado que no es de la calidad de la que se necesita”, reflexionó el médico que contrajo el virus en septiembre de 2020 al igual que su esposa y sus tres hijos de 11, 9 y 4 años y que fue uno de los primeros vacunados en el Hospital Centenario el martes 29 de diciembre del año pasado cuando comenzó la campaña de vacunación contra el coronavirus en simultáneo en todo el país.
“La posibilidad real de ampliación de camas llegó a su límite -reparó-. Ya no tenemos más equipos. En el Centenario tenemos seis líneas de médicos de terapia intensiva destinados a tratar un 125% más de camas de las que tratábamos prepandemia”. Aseguró, asimismo, que están muy limitados para cubrir guardias y para poner a un médico de cara a los pacientes.

Fiorilli contó que esta mañana habló con los coordinadores de terapia intensiva de la ciudad de Rosario y retrató que la sensación común es de impotencia y de angustia. Diferenció, a su vez, los escenarios en la primera y la segunda ola: “En la primera ola, la circulación era controlada y no había variantes. Ahora hay un virus que está circulando comunitariamente muy fuerte, sin control, sin limitaciones, con variantes mucho más contagiosas. A la población que hoy le duele el pecho viene al hospital para atenderse y nosotros tenemos la misma obligación que atenderlo como al Covid. La demanda es distinta: el enfermo crónico que vino muy poco durante un año está descompensado. Hay patologías no Covid presentes en los hospitales. Al estar todo abierto, los accidentes de tránsito, las heridas de armas de fuego, las cuestiones de violencia siguen ocupando camas en terapia intensiva. La gente tiene entre 10 y 15 años menos que en la ola anterior -el promedio de la vez pasada era entre 60 y 65 años, hoy es de 50 años-, eso hace que el sistema esté extremadamente tensionado”.
El terapista agregó que tampoco pueden trasladar de Rosario a otras ciudades santafesinas a pacientes que necesitan internación por casos severos porque la situación es semejante en todo el territorio provincial. “A Santa Fe no podemos ir porque están en la misma situación. Rafaela fue el primero que estresó el sistema y que abrió una carpa sanitaria. Hacia el sur llegamos hasta Villa Constitución, donde hay un modular de 24 camas pero que ya está ocupado. En cierta forma, uno empieza a ver la película para la que tanto nos preparamos”.
Omar Perotti, el gobernador de Santa Fe, validó la posición del jefe de terapias intensivas del Ministerio de Salud de Santa Fe, dijo que el nivel de contagio es alto e insistió con el pedido de cuidarse y de cuidar a sus familias. “Es un momento duro. Estamos en un mes dificilísimo, el fin de semana llevamos las camas que habíamos ampliado al límite. Tenemos hoy una llegada de 17 respiradores más, pero todo lo que se amplió lo consumimos”. Y anunció: “Estaremos analizando quitar circulación para ayudar al sistema de salud. Todas esas medidas que tomemos necesitamos de la colaboración de cada uno de ustedes”.
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