Una nena llamada Diega, un nacimiento programado para coincidir con el cumple del Diez y un tatuaje en homenaje a una lesión: historias de los fanáticos en la despedida

Vidas atravesadas por Maradona: relatos conmovedores y extremos de los incondicionales del ídolo más importante de nuestro país que se acercaron a la Casa Rosada para despedirlo

A man reacts as riot police try to disperse people gathering in front of the Casa Rosada presidential palace to mourn the death of soccer legend Diego Armando Maradona, in Buenos Aires, Argentina November 26, 2020. REUTERS/Ricardo Moraes
A man reacts as riot police try to disperse people gathering in front of the Casa Rosada presidential palace to mourn the death of soccer legend Diego Armando Maradona, in Buenos Aires, Argentina November 26, 2020. REUTERS/Ricardo Moraes

Pablo negoció con su mujer: o le ponían Diego Armando a su hijo o lo hacían nacer el 30 de octubre, para que coincidiera con el cumple de Maradona. Su mujer, que sabía de la locura de su marido desde el comienzo, eligió que naciera el 30. Mariana es madre de una chica de 15 años que tiene un nombre único: Diega, en homenaje a Maradona, claro. Y Fernando, que se reencontró ayer con casettes de los ’80 en los que él relataba -a sus 4 años- partidos de Boca y solo mencionaba a Maradona.

Esas son algunas de las miles de historias de personas que se congregaron en la Casa Rosada para despedir al mejor jugador de fútbol de la historia. El anecdotario es infinito: todos, sin importar la edad, tienen una historia personal. Es que Maradona es, para el argentino, una patria íntima y una patria colectiva.

Miles de personas pasaron por la Casa Rosada para despedir a Maradona. REUTERS/Matias Baglietto
Miles de personas pasaron por la Casa Rosada para despedir a Maradona. REUTERS/Matias Baglietto

“Tengo 50 años. A los 12 lo vi campeón en Boca. A los 16 años lo vi campeón del mundo en México. A los 20 lo vi subcampeón en Italia. Y después lo vimos sucesivamente volviendo a Boca, después como técnico en otros clubes… Estuve en La Bombonera cuando ganamos el campeonato ante Gimnasia y él vino al estadio como técnico del Lobo. Diego es nuestra vida, y para mí perdimos un hermano mayor. Eso es lo que vine a decirle hoy”. Quien habla es Guillermo Viñuales, 50 años, de Lomas de Zamora. Llegó a la Casa Rosada acompañado de su hijo Manuel, de 13 años, y de su hermano Pablo, de 48.

“Le grité gracias cuando pasé por el ataúd. Mi hermano Pablo se puso a llorar. Mi hijo Manuel miraba. Es un segundo donde te conectás con algo, cada uno con algo diferente, pero lo más importante, creo, es la procesión previa. Se nos murió un pedacito de Argentina y una parte de nuestra vida”, dice.

Su hijo Manuel también está visiblemente emocionado. Tiene puesta la camiseta de Argentina y un barbijo de Boca. “Yo a Maradona siempre lo quise por las historias de mi papá y de mi tío. Pese a mi edad, que tengo 13 años, él fue el más grande de todos”, dice.

Pablo, Manuel y Guillermo Viñuales (Gastón Taylor)
Pablo, Manuel y Guillermo Viñuales (Gastón Taylor)

“Me pone mal porque sé que ellos dos lo quieren un montón. Cambiaron hasta cumpleaños para ver a Maradona. A mi primo por ejemplo lo hicieron nacer el mismo día que Maradona, cambiando la fecha de cesárea programada para su nacimiento, solo para que naciera el mismo día que Diego”, cuenta después, en relación al hijo de tío Pablo, que está parado a su lado con la camiseta del Nápoli.

-¿Como fue eso, Pablo? ¿Tu mujer estaba de acuerdo?

-La primera salida con mi esposa fue a la cancha de Boca, así que ella supo de mi fanatismo desde el comienzo. En nuestra luna de miel nos fuimos a Nápoles. Ella quería ir a las Islas Griegas pero fuimos a otro lugar para estar cerca de Nápoles y poder ir. Y cuando llegamos lo primero que hice fue arrodillarme y besar el suelo. Los napolitanos me mostraban sus venas y me decían: Maradona te corre por acá.

-Y tu mujer qué te decía de todo esto...

-Mirá, es al día de hoy que todavía me está puteando. No quería que estuviera acá por ejemplo por el tema del covid, pero si me muero me muero. La verdad… No sé qué decirte.

-¿Y cómo fue lo de tu hijo?

-Yo cuando supe que iba a tener un varón le quería poner Diego Armando, pero a ella no le gustaba. El nombre de nuestra primera hija lo eligió ella, entonces el segundo me tocaba a mí. Y estábamos entre que sí y que no, y nos dijeron que la cesárea tenía que ser entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre, entonces le ofrecí ceder el nombre a cambio de que naciera el día en que nació Maradona. Y ahi tuvimos que hacer varios trámites pero lo logramos, y yo le dije a Bauti hoy, que tiene 6 años: vas a estar orgulloso de haber nacido el día del más grande de todos.

Mariana Vega tiene 38 años y también llegó hasta la casa de gobierno para despedirse. Le pasó algo extraño esta semana: la noche del martes (la noche en que Diego se descompensó), Mariana tuvo un presentimiento y le mandó un mensaje por Instagram a Dalma:

“Hola Dalma, ¿cómo está tu papá?”, le puso.

Dalma no le respondió, pero al día siguiente Mariana se enteró de la noticia: Diego había muerto. “Soy fanática de Boca y fanática de Maradona desde que tengo uso de razón. Gracias a mi viejo. Yo nací en el 82. No sé por qué este fanatismo, pero es una cosa increíble que heredé y que legué a mi hija: le puse Diega de nombre. Si era varón iba a ser Diego, pero tuve una nena y le puse Diega. Ella hoy tiene 15 años y también es fanática de Boca”.

Mariana y su hija Diega, de 15 años, llamada así en homenaje de Maradona.
Mariana y su hija Diega, de 15 años, llamada así en homenaje de Maradona.

-¿Qué opina ella?

-Todos le preguntan porque es un nombre raro. Se lo pude poner porque me dejaron en el Registro Civil. Gracias a Dios, gracias a Diego, no tuve que pelear. Yo pregunté: le quiero poner Diega, y me dijeron: es tu hija, podés ponerle el nombre que quieras. Y ella hoy está contenta.

-¿Cómo estás vos hoy en este día?

-Es increíble. Salí a las seis de mi casa, me vine en tren, y acá estoy. Estoy sin palabras, pero necesitaba pasar a despedirme. La gente que no es fanática no lo entiende, pero es muy triste. No sé cómo explicarlo, es un amor eterno que va a durar toda la vida.

-¿Le dijiste algo?

-Que lo amo. Le dije: “Nunca pude decirte a vos que tengo una hija que se llama Diega”. Sí se lo pude decir a Dalma una vez, porque se lo escribí hace un par de años por Twitter y me contestó. Y ya con eso era feliz, pero yo pensé que en algún momento él podía llegar a saberlo… No sé, locuras de una fanática.

Mariana Vega, fanática de Maradona al punto de llamar a su hija Diega. Foto: Gastón Taylor.
Mariana Vega, fanática de Maradona al punto de llamar a su hija Diega. Foto: Gastón Taylor.

Hugo Ávila tiene 63 años y de chico era vecino de Diego. Para él, significa toda su vida, y así lo explica. “Jugamos juntos en el barrio y en Argentinos también. Yo vivía a siete cuadras de su casa en Fiorito. Yo sigo viviendo ahí. En el barrio de Maradona, su casa, que está muy triste. La gente lo quería mucho. Allá no era Diego Maradona, era el Pelusa. Siempre Pelusa. Yo jugué toda mi vida al fútbol, pero nunca vi algo como lo suyo. Una vez tuve que marcarlo a él en una cancha de barro y no hubo nada para hacer, él tenía 3 años menos, tenía 13 o 14 años, y nos ganó él el partido solo. No lo puedo creer esto yo. Ayer llegaba de comprar algo en el almacén, entré a mi casa y lo vi en la televisión y no podía creerlo. Pero creo que no va a morir nunca. Diego vive en el corazón de Fiorito y en el corazón de toda la Argentina”.

Fanáticos del futbolista argentino Diego Maradona cuelgan una pancarta con su retrato afuera de un hospital  en Buenos Aires. Argentina. Foto de archivo Nov 3, 2020. REUTERS/Matias Baglietto
Fanáticos del futbolista argentino Diego Maradona cuelgan una pancarta con su retrato afuera de un hospital en Buenos Aires. Argentina. Foto de archivo Nov 3, 2020. REUTERS/Matias Baglietto

Otras de las historias de amor y locura es la de Fernando de Leo. Hoy tiene 42 años y vive en Valentín Alsina. Esta mañana se despertó y fue primero al estadio de Argentinos Juniors, estuvo un rato ahí y luego se fue a la Bombonera. Tuvo allí otro tiempo ritual. A las diez de la mañana llegó a la Casa Rosada para despedirse.

“Tengo el recuerdo en casette de yo a los 4 años relatando los partidos de Boca diciendo ‘Malalona Malalona’. Y ayer busqué una casetera vieja y los escuché. Estuve toda la noche como un tarado escuchándolos. Veinte minutos relatando algo sin sentido que lo único que decía era ‘Malalona Malalona. Gol de Boca, Malalona...’. Yo tenía tres o cuatro años, y grababa con mi abuelo, que se sentaba en la puerta de la casa de mi tía y me acompañaba. Hoy tengo 42 años y me siento aquel nene”, cuenta mientras espera por entrar a despedirse.

“Creo que es el recuerdo más viejo que tengo. Diego fue también mi primer tatuaje. Tengo abajo de la nalga un 10 con un listón de ‘gracias’. Está justo debajo de la nalga izquierda porque Diego había tenido una lesión muscular en el isquiotibial izquierdo y me lo hice ahí, nada más que eso. En el lugar de su lesión, mi tatuaje”.

Ya fue dicho, las historias son infinitas. Seguirán surgiendo con el pasar de los días, de los meses, de los años. Si algo le faltaba a Maradona para ser un mito, era ya no ser una persona en la tierra. Quedará su recuerdo, y el eterno agradecimiento de tantas otras voces.

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