
Hace ocho años, en 2012, Aldo Lenisa (31) encontró en un aviso online la venta de un coche fúnebre. El modelo exacto era único, más bien una reliquia, un Ford Fairlane LTD V8 1978. Un poco oxidado, aunque en buen estado general y con el interior original, no lo dudo, y lo compró por $15.000.
Aldo no tiene una funeraria, simplemente tiene una pasión un poco particular por los autos antiguos. “Venía buscando un auto con estas características hace un tiempo, pero uno puede investigar mucho y no comprar, hasta que di con este. La idea era usarlo como donante para arreglar otro vehículo que tenía,”, le cuenta a Infobae.
Manejando hasta el barrio de Liniers, donde vive, lo estacionó en la puerta de la casa de sus padres. “Ya en el camino noté la mirada y extrañeza de la gente al verme circular en un auto de estas características. El golpe final fue entrar a casa y contarselo a mi familia”, recuerda. "Cuando mi madre lo vió le bajó la presión, y mi padre me invitó a retirarme junto con el auto”, completa riendo.
Sin embargo, Aldo decidió conservarlo; se enamoró de esa pieza de colección. Lo que jamás imaginó es que el pasado el pasado 31 de octubre (Noche de Brujas) -en plena pandemia- se reuniría con otros fanáticos que se trasladaron en caravana y disfrazados desde el cementerio de Recoleta hasta el de Chacarita. “Éramos los que integramos el Hearse Club Argentina: el primer grupo de coleccionistas de coches fúnebres del país, fundado por mí”.
En todo Estados Unidos y México hay una cantidad sorprendente de personas que aman las carrozas fúnebres. La más grande y conocida feria temática tiene lugar en Michigan, es la Hearse Fest. En el país no tiene tantos cultores. “Vi que no había nada había referido en esa temática y se me ocurrió eso. hoy el club argentino ya reúne unos 800 miembros de todo el país que comparten el mismo interés”, completa.

Aldo aclara que es mecánico: “Me gustan los autos y ese es mi trabajo” Tiene otras gemas clásicas, y este Ford no lo usa para su fin original. “Lo separo de este hobby que tengo, que sin querer tuvo más éxito de lo pensado”.
“Cada uno de los miembros del club tiene una historia diferente con los autos -cuenta Aldo-. En mi caso lo compré como donante de otro Fairlane y al final me encariñe con él, Guido necesitaba un auto largo para llevar fondos infinitos, trípodes y equipos de fotografía y no quería comprar una van o algo así. A Germán siempre le gustaron los fúnebres y además, como es músico, también le sirve para llevar los equipos”, relata.

-¿En qué consistió el primer encuentro del país?
-Se acercaba Halloween y era una fecha oportuna para organizar un encuentro de autos fúnebres. Se dio de manera espontánea. Germán, otro de los miembros. hizo un flyer, lo compartimos en las redes sociales y se lo comentamos a todos los amigos. Fijamos la fecha para el sábado 31 a las 18 horas en el Cementerio de la Recoleta. Hicimos una caravana desde Recoleta hasta Chacarita, pasando por distintos puntos con concentración de gente y zonas de bares. En el cementerio de Chacarita estacionamos los autos y Guido hizo su magia con cámara y su drone. Después fuimos a cenar y tomamos algo para festejar. La idea es poder replicarlo, y organizar más eventos".
Hubo de todo durante ese sábado 31. Algunos prefieren accesorios más sutiles, como telas de araña. Otros un poco de humor mas negro, llevan cabezas de muñecas y ataúdes vacíos. Otros prefirieron no modificar para nada sus autos. “Yo fui de negro, como siempre, es mi uniforme”, aclara.

-¿Cómo reaccionó la gente que los veía circular
-Es raro ver autos de esa época, 70 y 80, reunidos, y encima decorados bajo la temática. Hay de todo. Por lo general no somos bien recibidos. Te ven con ese coche y desconfían. Se nota que no están en actividad por el modelo y por su condición, quizás algo oxidados. Otros hacen chistes vulgares. Generalmente nadie lo quiere estacionando en la puerta de su casa.
- ¿Te ofrecieron comprarlo?
-Sí, más de una vez. La verdad que no tiene sentido venderlo. Me sirve tenerlo, lo uso, es cómodo, además me terminó encantando.
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