
Roberto Debbag es vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica y directivo de la Sociedad Mundial de Infectología Pediátrica. Vive con su familia en un barrio céntrico de la Ciudad de Buenos Aires. El sábado a la mañana salió de su casa para realizar una actividad física cuando se encontró que en la vereda y en el asfalto había un mensaje dirigido a él. Papeles distribuidos en el suelo y un grafiti en la calle decían lo mismo: “Dr. Mercenario de Soros y la OMS”. Estaba firmado con una sigla: NRP.
Debbag afirmó que hizo público el vandalismo que sufrió para anular el efecto que buscaban: amedrentarlo, silenciarlo. Entendió que fue el foco de las amenazas porque “estas cosas pasan cuando se va por el camino de las verdades, cuando no se está del lado de los pro ni de los anti cuarentenas, cuando se va por el medio, con las evidencias médicas y contándole a la gente lo que está pasando en la pandemia”.
Denunció presiones a los profesionales y que sus teléfonos de línea no dejan de sonar a cualquier hora. “Pasa en el mundo y pasa también en la Argentina. Los extremos siempre son malos pero el extremo de los anticuarentena no es adecuado porque tenemos infección y circulación del virus. Dentro de esos grupos empiezan a aparecer estos fundamentalistas que son antisistemas, terraplanistas, antivacunas y que también queman barbijos”, relató en declaraciones en Radio Mitre.
Ejemplificó con movilizaciones en Alemania y con manifestaciones de los antibarbijos en España, como la convocatoria del artista Miguel Bosé que aglomeró a tres mil personas dispuestas a blandir teorías negacionistas sobre el coronavirus. “Este grupo se está organizando en Argentina. Son los mismos que le están pidiendo al Ministerio de Salud y a las autoridades que saquen la vacuna triple viral del calendario de vacunas”, argumentó.

El prestigioso médico infectólogo asesor del gobierno nacional sostiene que su rol activo y su pronunciamiento sobre varios temas que tomaron trascendencia derivó en este vandalismo. “He denunciado el uso de dióxido de cloro que la junta médica de Neuquén relacionó con la muerte de un niño de cinco años, y el comercio detrás de su consumo. Denuncié, también, las mentiras de la doctora Bruno y dije que el 90% de lo que planteaba era mentira. Esta señora pertenece al grupo de los epidemiólogos argentinos independientes: piensan que el coronavirus no existe y que todos nos deberíamos contagiar. Son fundamentalistas y puramente mentirosos, juegan con la posverdad”, expresó en diálogo con Infobae.
Debbag había manifestado que la doctora Roxana Bruno representaba un peligro para la sociedad: “¿Será inmunóloga o solo antivacuna antisistema?”. Las afirmaciones de la profesional fueron desmentidas por la Sociedad Argentina de Inmunología y replicadas por el doctor Debbag. Bruno había asegurado que el virus Sars-CoV-2 no había sido aislado, que se están salteando etapas en la fabricación de las vacunas, que se habilitaron en el mundo ensayos clínicos con dióxido de cloro, que es desproporcionado aislar a los sanos y que los hisopados no son eficientes.
“Esto no va a cesar. Es una cosa que recién comienza y va a empezar a sucederle a otros médicos porque está pasando en el mundo. Es solo el inicio”, consideró el doctor, quien debió cambiar su rutina y obligó a sus hijos a modificar su dinámica diaria a modo de seguridad personal.
A Roberto Debbag lo acusaron de ser mercenario del empresario húngaro George Soros y de la Organización Mundial de la Salud. Diversos grupos antisistema apuntan al magnate que sobrevivió al Holocausto como la persona que domina el mundo y que conduce un nuevo orden mundial, y a la OMS como responsable de la pandemia. El mensaje que fue escrito en el asfalto enfrente de la casa del médico argentino lo firma la sigla NRP. Según el propio Debbag podría significar “No Retorn Point”, (punto de no retorno). También, en foros de internet, se apela a este acrónimo para elaborar teorías o conspiraciones. Quiere decir “Not Real Person” (persona no real).
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